Un análisis distante de las visiones extremas: “ni todo bueno; ni todo malo”.
Un análisis distante de las visiones extremas: “ni todo bueno; ni todo malo”.
Bein: la desaceleración no es recesión
Bein criticó al gobierno nacional por la restricción a la venta de dólares. “Compraron un problema donde no lo había”, apuntó y agregó: “un progresista que gestiona mal no es progresista”.
Germán de los Santos
Desde hace tiempo, por lo menos tres años, el economista Miguel Bein desgrana la misma hipótesis sobre las perspectivas económicas de la Argentina: “El problema más severo que va a tener el país, como lo tuvo siempre, es cuando se acaben los dólares”. Esta frase surgió de una pregunta que le hizo El Litoral en una entrevista hace más de dos años, y hoy la respuesta, en boca del propio Bein, es más concreta: “Los dólares que sobraban se terminaron”.
El economista, que llegó a Rosario para dar una conferencia que organizó el Banco Industrial, opinó que Argentina está en una etapa de “desaceleración que parece, emocionalmente, una recesión, y no lo es”.
“No vamos a crecer más al 8%, pero si lo hacemos al 3 o al 4 en 2013 hay que estar contentos”, apuntó, y agregó: “Yo creo que este gobierno hizo algunas cosas bien, pero también se mandó macanas muy severas que podría haber evitado. Esta gestión puede tener una buena orientación, pero a veces gestiona muy mal. Y un progresista que gestiona mal no es progresista”, ensayó Bein.
—¿Cree que las medidas que tomó el gobierno para no dejar escapar dólares fueron las adecuadas?
—Se acabaron los dólares que sobraban. A los problemas hay que ponerles número. Tuvimos dos años en los que la economía creció casi a un 9 por ciento de promedio, motorizada por el consumo, a partir de aumentos de salarios altísimos medidos en dólares. Los ajustes de sueldos no fueron tan altos en relación a la evolución de la inflación. De todos modos, la capacidad adquisitiva de los salarios en dólares en 2010-2011 aumentó un 45%. Cuando pasa eso quedan relativamente baratos los productos que tienen un componente de importación. Las motitos con motores chinos, los electrodomésticos con un 50% importado, la electrónica de consumo que se fabrica en Tierra del Fuego pero a partir de kits importados, hicieron volar las importaciones de la Argentina. Esta situación en la que el dólar, en el último año, se movió a un 7%, mientras que los salarios, hasta un 28%, generaron una explosión de la compra en el exterior del país. Al punto que dejaron un excedente en la balanza de pagos que hoy se terminó, y al acabarse esto lo que cambia son las expectativas de devaluación de los agentes económicos. En el medio está cómo reaccionan los gobiernos ante una devaluación. Lo primero que hizo el gobierno nacional fue negar de plano la posibilidad de una devaluación brusca. Porque el objetivo de cualquier política económica es devaluar lo menos posible. Si aumenta el precio de los diez principales productos alimenticios del país se produce una caída inmediata de la popularidad de cualquier gobierno. Y si no se quiere devaluar y faltan dólares lo que quedan son las restricciones cuantitativas: en vez de frenar las importaciones devaluando, porque se hacen más caras, las tenés que frenar administrativamente, y esto es lo que estamos viendo en la actualidad.
—¿El gobierno está devaluando con un método menos ortodoxo frente lo que algunos sectores consideran como un atraso cambiario?
—Algún atraso cambiario hay, aunque no tan grande como el que tiene Brasil, porque finalmente la cuenta de dólares de un país se forma por el comercio pero también por la inversión y el crédito. Un dólar a 5 pesos estaría mejor que uno a 4,5. De hecho el gobierno está devaluando, el dólar va a llegar casi a 5 pesos a fin de año y se han detenido los salarios, que el año pasado aumentaron un 28%. El gobierno fijó pautas en paritarias más abajo que en 2011. Y el atraso cambiario en esa relación es menor, porque el dólar crecerá un 15% mientras que los salarios lo harán a un 23%.
—¿Al gobierno le cuesta manejar la inflación?
—Creo que sí. Tenemos una inflación más o menos estable en el 22% anual. Hubo algún impacto que tuvo que ver con que se soltaron algunas tarifas, a lo que se sumaron incrementos de precios de las materias primas, que todos los años parecen que van a bajar y no bajan. Hace 8 años que digo que estamos en un ciclo de precio firme de materias primas. Pero con los alimentos en el mundo subiendo fuerte, eso impacta. La inflación no se está acelerando, está como el año pasado, con un nivel de consumo fuerte, que no cae. El dinamismo de la economía es menor que el del año pasado. Es que veníamos para crecer menos y nos agarró la sequía, que nos sacó un punto de crecimiento, como así también la caída del mercado automotriz de Brasil. A la Argentina, que le vende el 50% de los autos a este país, le generó una caída muy fuerte en la industria. Pero cuando uno mira la industria sin ese sector, está creciendo entre un 2,5 y un 3%.
—La implementación de algunas medidas del gobierno nacional, como el intento de pesificar en poco tiempo la economía del país, tuvieron un impacto negativo en sectores clave, como el de la construcción.
—Hay errores de implementación de algunas ideas económicas que paralizaron segmentos del mercado inmobiliario y frenaron el inicio de nuevas obras. El gobierno no le puede adjudicar esto a la economía internacional. Ahí hay errores propios del gobierno. Hasta marzo la construcción no se caía, pero toda esta idea de pesificar de prepo o hacer trascender que se pesificaría la actividad inmobiliaria, y el no permitir acceder al mercado de cambios para las personas que quieren comprar una vivienda, a lo que hoy se sumó que tampoco se podrá acceder al dólar para comprar una casa con hipoteca, va a frenar más el mercado inmobiliario. Ahí nos compramos un problema donde no lo había. No estoy de acuerdo con esta idea de intentar romper una cultura que tiene más de 60 años, como es el ahorro en dólares, en dos días. Este gobierno puede tener una buena orientación, pero a veces gestiona muy mal. Progresista que gestiona mal no es progresista. Y si además gestiona muy mal puede dar lugar a una reacción conservadora de las peores. Me parece que hay errores de instrumentación. Nadie puede estar en contra de que Argentina cuide los dólares, en un mundo en el que la economía mundial se derrumbó y los países europeos quieren venderle a todo el mundo sus productos y no comprarle nada, más vale que los países se defienden. Pero el cómo es tan importante como la orientación. Cuando uno genera un problema en 350 mil personas que compraban 300 dólares cada dos meses, muchas porque tenían que enviarle esos dólares a la madre que vive en Perú para ayudarla, eso qué es, ¿progresismo? No, es equivocarse y generar un problema donde no lo había. Porque el tema de los dólares es para mil empresas importantes, ¿quién puede no estar de acuerdo en que no giren dólares al exterior?
El economista Miguel Bein dijo que este escenario “no es malo”, pero que “requiere de paciencia y cohesión social”.
Foto: Archivo El Litoral
Problemas económicos (y políticos)
“La desaceleración de la economía parece, emocionalmente, una recesión, y no lo es. Además, hay problemas políticos: el gobierno nacional, por ejemplo, no asiste a la provincia de Buenos Aires en 1.500 millones, pero los pesos los tiene. Es una medida política, para bajarle la popularidad a un gobernador (Daniel Scioli) que mide tan alto como la presidenta Cristina Fernández”, dijo el economista Miguel Bein, en diálogo con El Litoral.
“Esta política -agregó- le puede pegar a la economía y al consumo. Este escenario lo que hace es que los políticos en general van a tener que trabajar bajo supuestos de menor popularidad. Todo es más a la defensiva. Volvimos al 3,4 ó 4% de crecimiento, que no es malo, pero requiere paciencia y cohesión social. Si Argentina creciera a un 3,5% los próximos diez años este sería un país espectacular”.
“Acá -siguió- lo que estamos discutiendo no es si Argentina crecerá un 7 u 8% anual en los próximos años porque eso no es posible dado el nivel de inversiones que hay. Por la cuestión económica y las potencialidades productivas que tiene el país puede suceder que el país crezca como máximo al 4,5%. Nosotros pronosticamos que este año el crecimiento será del 2%, pero en 2013 puede llegar al 4. Sólo el cambio de clima empujará hacia arriba. La cosecha del año que viene sumará 2 puntos de crecimiento”.
“Este país -sostuvo- tiene capacidades para reponerse, aunque la inversión está cayendo. Pero lo que hay que ver es dónde aterriza el país en un escenario de alguna incertidumbre financiera”.