Cómo afrontar la crisis esquivando costos políticos

La fórmula CFK

La presidenta decidió tercerizar el ajuste, evitar el desmadre monetario y culpar al mundo por los problemas del “modelo”. Todo sea para evitar costos políticos. Habrá que ver si le alcanza.

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Cristina Fernández reabrió anoche Tecnópolis, en la tercera transmisión en cadena nacional de esta semana.

Foto: DyN

Sergio Serrichio

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La fórmula es clara, en los discursos y en las acciones. Lejos de reconocer e intentar solucionar los problemas de un “modelo” agotado, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) decidió pasar el chubasco económico tercerizando el ajuste fiscal en las provincias, evitando así que la emisión monetaria se desmadre del todo (le dará más duro a la maquinita, que para eso mandó reformar la Carta Orgánica del BCRA, sólo si ella esto es, el gobierno nacional- lo necesita) y culpando al mundo por una recesión ya inocultable y que, para peor, ni siquiera tiene la ventaja secundaria de abatir una inflación que ya tiene componentes inerciales.

Ninguna de esas políticas derivar el ajuste a los gobernadores, cuidarse de la aceleración monetaria y culpar al mundo que “se nos cae encima”- resolverá problema alguno. Es cierto que las penurias fiscales inducirán a cierta racionalidad en las administraciones provinciales, y evitar el descontrol monetario acotará el riesgo inflacionario (anche hiperinflacionario), pero el hilo conductor no está en esas virtudes, sino en el objetivo presidencial de esquivar, como sea, la asunción de responsabilidades y costos políticos.

El caso de la provincia de Buenos Aires es didáctico. Hay allí motivos políticos como la prematura admisión del gobernador, Daniel Scioli, de sus ambiciones presidenciales, y sus reuniones con el secretario de la CGT, Hugo Moyano, y el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, insinuando un peronismo no kirchnerista- pero el mensaje para los demás gobernadores es claro: la ayuda será con cuentagotas, ustedes deben cargar con el costo del ajuste, aprendan a administrar, como yo.

Serán pues los gobernadores los que deberán cargar con el fardo de cortar obra pública, pagar con bonos a proveedores y hasta demorar el pago de salarios y aguinaldos. Y habrá que ver si con todo eso exorcizan el fantasma de las cuasimonedas. Acotan ese riesgo el rechazo de los mandatarios a hacer punta en un recurso con tantas reminiscencias de 2001 y el hecho de que el más necesitado de ellos Scioli- no controla la legislatura (para emitir cuasimonedas es imprescindible una ley provincial), dominada por el kirchnerismo y presidida por el vicegobernador, Gabriel Mariotto, un alfil K.

Los fondos de la Anses y del Banco Central sólo serán usados cuando sean de necesidad o conveniencia del gobierno nacional. Un ejemplo fresquito es el plan “Argenta”, que presentó por cadena nacional la presidenta y que consiste en prestarle a los jubilados su propio dinero.

Pese a la reforma de su Carta Orgánica, hasta ahora el BCRA no aceleró la tasa de expansión monetaria ya superior al 30 % anual- que tenía como velocidad de crucero. Axel Kicillof, el viceministro de Economía, parece haber convencido a la presidenta de que en la actual situación emitir más, en vez de contrarrestar el declive de actividad económica, estimularía peligrosamente la demanda de dólares y la tasa de inflación.

El reforzamiento del cepo cambiario oficializado cuando la presidenta del BCRA, Mercedes Marcó del Pont, anunció que ya no será más válida la compra de dólares para ahorro personal- completa una paradoja: el gobierno nacional exige a los gobernadores que afronten el ajuste sin emitir cuasimonedas, pero convierte al peso en algo parecido a una cuasimoneda, al quitarle una de las características de una verdadera moneda, su convertibilidad.

En las provincias, además del apriete fiscal, duele la caída de las actividades productivas derivada del golpe a las economías regionales que significó la política cambiaria de los últimos años y la previsible respuesta de nuestros socios comerciales a las medidas del guapo Guillermo Moreno.

Al respecto, un estudio de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal) precisa que la pérdida de competitividad y la imposición por parte de Brasil de licencias no automáticas a ciertos productos argentinos hizo caer fuertemente las exporregionales. Así, mientras entre enero y mayo las exportaciones totales argentinas cayeron 6% respecto de igual período de 2011, las de “frutos comestibles” (casi un sinónimo de economías regionales) se derrumbaron un 26 %. El Senasa, la agencia gubernamental de control sanitario y registro de las exportaciones agroalimentarias, aporta más datos: en los primeros cinco meses del año los envíos de ajo cayeron 53 %, los de cebolla y arroz 32 %, los de algodón 26 %, los de carne ovina 62 %, los de té 12 % y los de pesca 6 por ciento.

En tanto, la producción de vino embotellado, que ya había caído en 2011, acentuó la caída en lo que va de 2012 y la exportación fue afectada por la pérdida de competitividad cambiaria, la reducción del plazo para ingresar las divisas de exportación y, como golpe de gracia, la imposición de licencias no automáticas por parte de Brasil. Sólo a Guilermo Moreno se le podía ocurrir que los métodos brutales que utilizó para frenar importaciones y “cuidar” los dólares no tendrían respuesta del socio mayor del Mercosur. Son todas heridas autoinfligidas.

Por lo demás, acusar al “mundo que se nos cae encima” suena ridículo cuando el precio de la soja alcanzó casi 612 dólares la tonelada en Chicago y el precio mundial del maíz y del trigo fluctúa en torno de los 300 dólares la tonelada. En 2011, la Argentina disfrutó de los mejores “términos de intercambio” (la relación de precios entre lo que vende y compra al mundo) de los últimos 60 años, y en 2012 esa ventaja se mantiene. Tal vez en el segundo semestre del año, o más adelante, el mundo se nos caiga encima, pero en lo concreto, hasta ahora, ha aportado un enorme viento a a favor.

Decir lo contrario es mentir. Pero es uno de los ingredientes de la “fórmula” CFK.

Agenda

La presidenta recibió hoy, en forma separada, al ministro de Economía, Hernán Lorenzino, y al viceministro de esa cartera, Axel Kicillof, en la residencia de Olivos. Luego de una semana intensa en la que hizo uso de la cadena nacional tres veces -la última de ellas ayer, para inaugurar la versión 2012 de la feria de ciencias Tecnópolis, en Villa Martelli (ver pág. 9)-, se esperaba que la mandataria se trasladase a Santa Cruz para pasar el fin de semana.