La división de la CGT

“Lo que está en disputa es la sucesión presidencial”

Para el periodista e historiador Santiago Senén González, ésta es la razón de la fractura de la Central Obrera. “La lucha continúa - Dos siglos de historia gremial” es su último libro.

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“Moyano ya blanqueó su apoyo a Scioli”, destacó Senén González.

Foto: Archivo

Gabriel Rossini

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Para el periodista y escritor Santiago Senén González, la fractura de la CGT “no es un escenario nuevo” en la historia del movimiento obrero argentino, aunque “es distinta” a las anteriores que se produjeron desde la creación de la CGT en septiembre de 1930.

“Desde el año 1992, la CGT no es la única que gestiona el tema gremial. Entonces, nació una central -hoy dividida por razones electorales- que es la CTA, que si bien fue reconocida por el gobierno, no se le otorgó la personería gremial, que es la condición necesaria para tener todas las facultades para desarrollar la actividad sindical. Las que obtuvo fueron por presentaciones ante la Justicia, donde la Corte falló a su favor, como en la conformación de otro sindicato en la misma rama o en la equiparación de la inmunidad gremial paralos delegados”, expresó.

“También hay que tener en cuenta que la CTA tiene una categoría distinta. Tiene una conformación particular, no está dentro del paraíso peronista, que es parte de la historia sindical de los últimos 60 años, tiene una pata sobre otro sector que no es peronista. Además, tiene otra forma de integrarse no sólo sindical, tiene movimientos sociales”, la describió.

—Pero no es inhabitual que la CGT se dividida. Para recordar las más conocidas: la CGT de los Argentinos y la oficial; la CGT Azopardo y la CGT Brasil. ¿Qué características tiene esta fractura?

—El poder de Moyano fue tan fuerte y tolerado durante la vigencia de Néstor Kirchner, que en ese período lo consolidó. De todas maneras, lo venía acumulando desde antes, a partir de negociaciones que ya había hecho con otros sectores. Lo aumentó con Macri padre e hijo; con el sindicato de Correos en la época de Yabrán; traspasó, en forma casi patoteril en algunos casos, a trabajadores de otros sindicatos como el caso de Comercio. Después del “ramal que para, ramal que cierra” de Menem -que fue el puntapié inicial de las privatizaciones ferroviarias- se hizo con el poder sindical que históricamente había estado primero en mano de los ferroviarios y después en la de los metalúrgicos.

Néstor Kirchner tenía feeling con Moyano, a quien le pidió ayuda en la pelea del campo por la resolución 125 y en contra Clarín. Eso se rompió también, entre otras razones, por la forma de gestionar que tiene la presidenta: unipersonal, fuerte, hegemónico, y Moyano dejó de ser un primo inter pares.

También aparece un condimento político partidista. Porque la política es lógica. ¿Qué quieren que haga Moyano, una Guerra Civil? El año pasado no quería tomar la Bastilla, quería poner sindicalistas en cargos políticos y en las listas de candidatos. Largó a Recalde como vicepresidente, luego quiso sumar algunos candidatos a diputados. En 1983, había 33 diputados de origen sindical. Moyano quiso poner 5 ó 6 y al final consiguió uno solo de la provincia de Buenos Aires con Scioli. Además, era vicepresidente del PJ de la provincia de Buenos Aires porque lo puso Néstor Kirchner. Pero la presidenta cambió la manera de manejarse, dejó de lado la llamada columna vertebral del peronismo y armó un esquema de gente joven, sin mucha experiencia política. Mucha gente dice que los grumetes son buenos y necesarios porque son el futuro. Es verdad, pero ahora necesitan un capitán. Entonces, Moyano quedó descolocado políticamente.

—Moyano tiene todas las características del histórico dirigente sindical como Vandor o Lorenzo Miguel. Podrá tener sus particularidades, pero no sale del molde.

—Tiene sus características propias. Por ejemplo, Vandor que manejaba la UOM en épocas de la “patria metalúrgica” nunca fue secretario general de la CGT. Lorenzo Miguel tampoco. Manejaban la patria metalúrgica pero entre bambalinas, desde atrás. Hay una anécdota de Vandor que siempre cuento: estaba haciendo las listas para diputados y uno le pregunta: “Lobo, vos ¿dónde vas?”. Y el le respondió: “Yo soy el que los pongo”. Moyano ha blanqueado su apoyo al gobernador Scioli y es una cosa lógica, porque en el 2015 si no se modifica la constitución habrá que ir a elecciones por la sucesión de la presidenta y Scioli, muy criticado por los sectores progresistas, ya se anotó.

—De todas maneras, si hay alguien acostumbrado al toma y daca con el poder de turno, militar o civil, desde posiciones de debilidad o de fuerza han sido los dirigentes sindicales.

—Pero todas las corporaciones han negociado con todos los gobierno y también con los sindicatos, porque es parte de la relaciones de poder. Pero no hay que olvidarse que el sindicalismo fue un sector que salió muy debilitado de la dictadura militar. En Buenos Aires, también en todo el país, la política es una mala palabra. De todas maneras, es lógica la disputa por el poder. Es muy gracioso escuchar a la gente cuando dice: “Lo que pasa es que quieren el poder”. Sí, ¿y qué van a querer? El poder es parte de eso, y se lo disputan los empresarios, los sindicatos, los grupos concentrados. Todos quieren el poder. ¿Qué otra cosa van a querer?

—Le pregunto por un hecho puntual que cada vez que habla Moyano o algún moyanista lo destacan con énfasis, como el voto directo y secreto de los congresales.

—Porque entiende que de esa manera va a sacar más votos que el otros candidatos. Pero quiero destacar un hecho. Hace un par de días, los sindicatos de Córdoba que integran la regional de la CGT -ciudad donde el sindicalismo tiene una larga tradición e historia- publicaron una solicitada donde dicen que “si queremos preservar el modelo sindical argentino, es imprescindible la unidad del movimiento obrero” y lo firman todos. Es interesante esta postura ante la división de la CGT.

—¿Qué características particulares tiene esta crisis de la CGT respecto de las anteriores?

—Tiene ese olor a partidismo ante la sucesión presidencial. Es una pelea de poder dentro del poder que es el sindicalismo.

—Están discutiendo la sucesión.

—Efectivamente.

—¿Cómo sigue de aquí en adelante?

—No creo que pase nada grave, hay que ver cómo sigue la economía, si la soja mantiene los altos precios, hay que ver cómo nos afecta la crisis europea, y cómo repercute la situación de la provincia de Buenos Aires. Para dar un ejemplo de lo que es el sindicalismo, en la provincia de Buenos Aires el mayor número de huelguistas son de ATE, que responden a la CTA de Pablo Michelli, que está más cercano a Moyano; no la hace Yasky, más cercana al gobierno, al que le responden los docentes.


Una larga trayectoria

Santiago Senen González es periodista e historiador especializado en el movimiento obrero argentino. Cubrió el Congreso Normalizador de la CGT de agosto de 1957, primera convocatoria posterior al golpe de 1955, que entre otras cosas dio nacimiento a las 62a. Organizaciones Gremiales Peronistas. Trabajó en los diarios El Mundo y Democracia, en las revistas Análisis, Inédito y The Review of the River Plate. Escribió más de una docena de libros sobre el tema, en los que se destacan El Poder Sindical (1978), La trama gremial (1993), El Hombre de Hierro (1999), El sindicalismo en tiempos de Menem, junto a Fabián Bosoer, El Ave Fénix (2009), con Germán Ferrari y Breve Historia del Sindicalismo Argentino. Es creador y compilador del Archivo del Sindicalismo Argentino (Asasg), en la Universidad Torcuato Di Tella, inaugurado en el año 2005. Su último libro, en colaboración con Fabián Bosoer, se titula “La lucha continúa - Dos siglos de historia gremial” editado por Vergara.