En Familia
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El trato entre hermanos

El término hermano proviene del latín germanus que significa “carnal”, en el sentido de compartir la misma sangre, ser cosanguíneos. También implica “verdadero” y “exacto”. Foto: Archivo El Litoral
Rubén Panotto (*)
¡Qué tema! En esta cultura occidental a la que pertenecemos, es necesario recalcar el verdadero significado de la palabra, dados los profundos cambios y mutaciones que se van produciendo en nuestro lenguaje. El término hermano proviene del latín germanus que significa “carnal”, en el sentido de compartir la misma sangre, ser cosanguíneos. También implica “verdadero” y “exacto”. Dos piezas unidas en un equipo mecánico -según definición de la jerga técnica-, dos piezas “hermanadas”. No obstante, justo es mencionar que el vínculo de hermanos se establece por ser hijos de los mismos padres, de la misma madre, del mismo padre, o adoptados por sus padres. Hasta ahora, en la mayoría de las sociedades y culturas del mundo, los hermanos crecen juntos y comparten la mayor parte de su niñez y juventud. Según sea el esquema familiar y paterno mencionado, surgen acepciones como hermanos plenos, medio hermanos, hermanastros o hermanos de leche. Dos hermanos plenos, es decir hijos de mismo padre y madre biológicos, comparten el 99,99 % del ADN. A partir de esta información, podemos inferir que los hermanos cosanguíneos no comparten una simple relación, sino un vínculo biológico, una unión. La cercanía y el trato que los hermanos tengan entre sí estarán influenciados por el desarrollo de fuertes expresiones emocionales, como el amor, la solidaridad, la enemistad o el enojo, entre otras.
Relaciones conflictivas
El lazo entre hermanos se transforma complicado muy a menudo, toda vez que la estrecha convivencia, la relación con los padres, el orden cronológico de nacimiento, la parentela y amigos de la familia influencian con sus formas de ser, sus preferencias, y en mucho las expectativas erróneas de los padres, sobre el carácter y la formación de cada hermano. Si bien los pleitos entre hermanos son frecuentes y hasta cotidianos, las peleas mayormente se originan en cosas de menor importancia.
Ahora que los niños están en casa por las vacaciones, será más probable que haya roces y pleitos entre ellos. ¿Deben meterse los padres o adultos para acercar diferencias? El Dr. Roberto Rodríguez, psicólogo especialista en temas educativos, recomienda que los padres deben esperar primero que los hermanos mismos lo solucionen entre ellos, y en caso de no conseguirlo, entonces sí los progenitores deberían aportar sus criterios.
Los padres debemos tener el dominio propio como para no reaccionar desproporcionadamente ante las peleas de los hijos. Tenemos la obligación de conocer a cada hijo, sus diferencias de temperamentos, gustos y sentido del humor, y es muy importante reconocer las etapas según sus edades. Nunca debemos hacer comparaciones negativas respecto de sus conductas, formas de ser, inteligencia, aptitudes artísticas, físicas, etc., ya que graban en sus mentes todo aquello que hayamos declarado, aun en forma jocosa. No es lo mismo decirle a un adolescente: “Sos un desordenado, tu habitación no se compara con la de tus hermanos”, que decirle: “Esta habitación es un desorden, dedicate ya a acomodarla”. Esto es separar la persona de su acción o conducta. No es nada simple para los padres ser perfectos al momento de administrar justicia, pero evitemos determinados errores muy comunes, como entronizar al mayor y recargar deberes en los hijos menores. Si bien por la diferencia de edades algunos hijos pueden gozar transitoriamente de ciertos privilegios, debemos ser criteriosos para no crear brechas entre ellos. Asimismo, no es recomendable poner hermanos menores “a cargo” de los mayores, a no ser por situaciones justificadas y extremas, a fin de evitar la confusión de roles, lo cual trae situaciones antagónicas de desigualdad entre los hijos. Muchas peleas e inconductas entre hermanos son producidas para llamar la atención de los padres o adultos, cuando por falta de tiempo y dedicación éstos no atienden sus demandas y necesidades personales.
Exaltar el vínculo
Es imposible no mencionar al “Martín Fierro” de José Hernández en este tema, cuando en uno de sus versos expresa: “Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean los devoran los de ajuera”. Lo tomamos como una verdad, lo tomamos como un consejo, la pregunta es cómo conseguirlo.
Los padres tenemos mucho que ver en las relaciones de nuestros hijos, siendo leales con ellos, alentándolos en forma permanente a la unidad y a la mutua estima. Para ello debemos ser solidarios al acompañarlos en sus dudas y temores de la vida, haciéndoles notar que son seres únicos e importantes para nosotros y para los demás. Cuando ya son adultos es su responsabilidad y determinación elegir priorizar su vínculo, más allá de la amistad. Hoy en día se confunde el amiguismo con la amistad, y la hermandad desaparece ante intereses egoístas y mezquinos. Las herencias materiales, las posiciones sociales, los reconocimientos y exaltaciones, el abuso del poder deshacen los vínculos fraternales.
Dice la Biblia que los hermanos “debemos amarnos entre nosotros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de Él y lo conoce. El que no ama a su hermano, no conoce a Dios, porque Dios es amor”.
(*) Orientador Familiar