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Mito sobre la Luna y el cambio de tiempo

Mito sobre la Luna y el cambio de tiempo
 

En esta última nota sobre las influencias lunares se brindan algunas aclaraciones respecto a la falsa creencia popular de que los cambios del tiempo están relacionados con las fases de la Luna.

TEXTOS. JORGE COGHLAN (OBSERVATORIO ASTRONÓMICO Y MUSEO DEL ESPACIO CODE SANTA FE/LIADA)

El ser humano -su mente, su pensamiento- y, sobre todo, el ‘alma’ popular, posee una predisposición innata a la credulidad, aun después de habérsela demostrado hasta la saciedad lo irracional del objeto de la creencia.

El hombre parece que no está satisfecho si no cree en algo. Esto se palpa en materias religiosas, en las que no es raro ver cómo personas muy creyentes y devotas de determinadas religiones también son muy crédulas en prácticas espiritistas y supersticiosas y en la eficacia de los amuletos. Para no pocas personas, la Luna viene a ser el gran amuleto regulador de las más diversas actividades físicas, biológicas y psíquicas.

QUÉ PASA CON EL TIEMPO

Uno de los mayores abusos de la Luna se encuentra en la creencia de su influjo sobre el tiempo. Es ésta la preocupación más corriente y más difícil de desarraigar y en la que participan también no pocas personas ilustradas. Semejante creencia se encuentra de una manera especial arraigada entre la gente de campo y entre los marinos.

Eminentes astrónomos han demostrado que las fases de la Luna no determinan los cambios de tiempo; no importa: agricultores y marinos continúan interrogando a nuestro satélite cada cual a su modo.

CONVICCIONES POPULARES

Es curioso el análisis psicológico de cómo la gente se confirma en las preocupaciones sobre la Luna. Por ejemplo, un día cambia casualmente el tiempo en Luna nueva (novilunio), e inmediatamente atribuyen a esta fase lunar el fenómeno, sin preguntarse si en otros horizontes, que también tienen Luna nueva, ha cambiado el tiempo.

Ignoran en absoluto que -con frecuencia- cambia el tiempo en un sitio y permanece inalterable en otro a 200 o 400 kilómetros de distancia. Además, la frase “cambio de tiempo” es muy imprecisa y cada cual la puede aplicar, según le convenga, para confirmar sus ideas preconcebidas.

REGISTRAR LAS OBSERVACIONES

¿Cómo es posible saber si dos fenómenos tan diversos, como la fase de la Luna y el buen o mal tiempo que ha de reinar durante varios días tienen o no alguna relación entre sí? Hay un medio, uno solo, y es el registro de las observaciones.

Si estos dos sucesos son, en realidad, independientes: tantas probabilidades hay para que se produzcan juntos como separados. Bastará, pues, abrir el registro indicado y compulsar con imparcialidad los casos de concordancia y los de desacuerdo, y luego contar si han ocurrido tantos de una clase como de la otra.

Multiplicando las observaciones y las pruebas se verá que las divergencias entre estos dos números serán insignificantes respecto del total; al contrario, si existiese algún enlace físico entre la fase y el tiempo serían muy escasas las divergencias, y además puramente accidentales. Mientras más numerosas sean las pruebas más insignificantes serán las divergencias respecto del total.

El procedimiento es empírico, sin duda alguna, pero exacto en sus resultados: la única condición que exige es que se registren imparcialmente los hechos, nada más que los hechos, a medida que se presentan, sin dejarse influenciar por ninguna idea preconcebida. Pero aquellos que todo lo fían a su memoria y se encuentran desde la infancia influidos en una preocupación hallarán una concordancia extraordinaria entre los dos fenómenos y olvidarán bien pronto las divergencias.

SENTENCIA FALSA

Pero para todos los improvisados observadores presentan un carácter común: su experiencia depende únicamente de sus recuerdos y jamás exhiben sus cuadernos de observaciones, ni presentan la menor serie de hechos debidamente comprobados en apoyo de su inquebrantable convicción.

Si al menos se dignasen consultar los trabajos de los meteorólogos formales que se han impuesto la ingrata tarea de someter a la prueba de los hechos las sentencias populares, entonces hallarían que las varias series de observaciones, que se extienden a un considerable número de años, efectuadas en diversos lugares del mundo, nada indican sobre estos supuestos cambios de tiempo relacionados con las fases de la Luna. En todo caso, puede asegurarse, contra la opinión vulgar, que es cosa falsísima intentar la predicción del tiempo por los cuartos de la Luna.



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