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El “mata-dragón”: Romney descubre a China en la campaña electoral

Andreas Landwehr - DPA

Mitt Romney empieza a aparecer como el “mata-dragón” en la campaña electoral estadounidense. El candidato republicano intenta ganar perfil con el tema de la creciente rivalidad con China, y pone con ello en apuros al presidente Barack Obama.

“Confrontar a China” es el título con el que Romney aborda el tema en su programa electoral: “China representa una larga lista de problemas que exigen urgentemente una solución”, apunta. Y el republicano promete una “actitud sin temores”.

“Si queremos que los chinos se atengan a las reglas tenemos que estar dispuestos a decir ‘basta’ a una relación que a menudo los ayuda a ellos y nos perjudica a nosotros”, continúa.

Romney planea ya una serie de pasos tras su eventual llegada a la Casa Blanca: catalogar a la potencia asiática como “manipulador monetario”, imponer aranceles de “castigo”, presentar nuevas demandas ante la Organización Mundial del Comercio, excluir a compañías chinas de concursos públicos en Estados Unidos y devolver con la misma moneda los posibles impedimentos de acceso al mercado chino para empresas norteamericanas.

Pese a que China es el mayor acreedor extranjero de Estados Unidos y a que ambos países tienen una dependencia económica mutua, Romney asegura que Washington está bien posicionado en las posibles diferencias. Sin tener tampoco en cuenta que Estados Unidos necesita además el apoyo de China en el Consejo de Seguidad de la ONU en todas las crisis internacionales.

“Estados Unidos actúa desde una posición fuerte”, dice Romney. Y acusa a Obama de aceptar acuerdos “unilaterales” con Pekín y de cerrar los ojos ante la realidad por consideración a las relaciones comerciales.

Para no parecer del todo un “mima-panda”, como se suele decir en China, Obama asegura por su parte que no se quedará “sin hacer nada si su rival no se atiene a las reglas”. Las fórmulas de “mata-dragón” o “mima-panda” son usadas a menudo en el argot político chino para definir actitudes favorables u hostiles a Pekín desde el extranjero.

Obama ha dicho que no tolerará exportaciones subvencionadas y ha creado un grupo de trabajo para que investigue prácticas comerciales injustas por parte de China. El gigante asiático ha entrado así de lleno en la campaña electoral estadounidense, con mayor relevancia que nunca debido a su nuevo poderío mundial.

El ex presidente Bill Clinton ya acusó en 1992 al entonces jefe de Estado, George Bush padre, de “abrazarse con dictadores” en China, aunque él mismo lanzó después una “asociación constructiva estratégica” con China tras llegar poco después a la presidencia.

También George Bush hijo empezó por la confrontación antes de convertirse más adelante en un “amigo de China”. Se trata de un modelo conocido para los expertos en asuntos estadounidenses en el país asiático.

“Pasa una y otra vez”, dice Liu Xuecheng, ex director del centro chino-estadounidense del Instituto de Estudios Internacionales en Pekín. “Todo presidente (de Estados Unidos) se enfrenta a la realidad cuando asume el cargo”, agrega.

En el país norteamericano buscan siempre un “enemigo”, considera. “De lo contrario no se sienten bien”. Por eso, no da mucha importancia a los actuales ataques de Romney. “Lo que dice no significa nada mientras no haya asumido el cargo de presidente”.

Los ataques contra China se dirigen al electorado local, valora también Cheng Xiaohe, catedrático de relaciones internacionales en la Universidad del Pueblo.

“La política de los republicanos frente a China se vuelve por lo general más amigable y pragmática que la de los demócratas cuando llegan al poder, porque los republicanos representan más bien los intereses del mundo de los negocios y de Wall Street”, analiza.

“Si llega a la presidencia, su política con China será otra”, vaticina Cheng sobre Romney.

Pese a todos los recelos frente a Estados Unidos, en Pekín se describe la actitud de Obama con China como pragmática y moderada, con una perspectiva de largo alcance para los problemas globales.

Los expertos consideran que con el liderazgo de Obama las relaciones bilaterales han evolucionado de forma estable. Y pese a que Estados Unidos sigue a menudo intentando dar lecciones, China se siente cada vez más tratada como igual.

Pero la campaña electoral pone “definitivamente” presión sobre las relaciones, dice Shi Yinhong, experto de la Universidad del Pueblo. “Los peligros pueden ser grandes”, advierte el conocido catedrático.

Aunque cree que la retórica se apagará al final, Shi tampoco descarta una confrontación “en todos los ámbitos”. No sólo en el plano comercial, sino también en el ámbito militar debido a las tensiones en el Pacífico.

El órgano oficial del Partido Comunista chino, el “Diario del Pueblo” (“Renmin Ribao”) advierte a ambos candidatos estadounidenses contra una “miopía estratégica”. Con las críticas y el proteccionismo sólo quieren evitar hablar de sus propios problemas económicos, señaló el rotativo.

El tema de China “no puede salvar a la economía estadounidense”, apostilló también el periódico, que consideró que Washington necesitará al final de todas maneras la cooperación de Pekín, independientemente de quién sea presidente.

“Pero esas palabras malintencionadas le pesarán como una piedra en el cuello”, apuntó.

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