Expresidente del Banco Central de la República Argentina

Aldo Pignanelli: “La Argentina es el país más débil de Latinoamérica en término de reservas”

Aldo Pignanelli: “La Argentina es el país más débil de Latinoamérica en término de reservas”

El economista Aldo Pignanelli fue entrevistado en el programa “Palabra”, que se emite por Cable & Diario.

Foto: Luis Cetraro

 

Fue el responsable del Banco Central durante los peores momentos de la crisis de 2002. En esta entrevista, describe detalladamente la situación económica actual y advierte: “Quizá tengamos una primavera en el corto plazo; pero si no se toman algunas medidas, el futuro no será fácil”. Asegura que la reactivación de Brasil, el precio de la soja y el creciente consumo chino de alimentos no serán suficientes para mantener el actual esquema económico argentino.

 

José Curiotto

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Twitter: @josecuriotto

—Si se encontrara en el aeropuerto de cualquier país del mundo con un extranjero y éste le preguntara cómo está la economía argentina, ¿qué le respondería?

—Le diría que la economía argentina no funciona del todo mal, pero que no está aprovechando la oportunidad histórica que sí aprovechan los países del resto de Latinoamérica.

Esto se ve reflejado en primer lugar en la inflación. La Argentina es el país con mayor inflación en toda América Latina, incluso ya superó a Venezuela, que en 2011 tuvo el 29% de inflación, pero este año está yendo hacia una inflación del 12% porque realizó una serie de ajustes.

—Sin embargo, el gobierno se muestra decidido a mantener el esquema actual.

—No sólo a mantenerlo, sino que ignora la palabra inflación. Y al extranjero del aeropuerto le agregaría que tenemos un serio problema de falta de inversión. La Argentina es el país latinoamericano que menos inversiones recibió en los últimos años y es el país que más débil está en términos de reservas del Banco Central.

—¿El que más débil está en términos de reservas?

—Así es. América Latina en los últimos cinco años recibió fondos por más de 600 mil millones de dólares. En la Argentina, se fugaron 40 mil millones de dólares. Después de haber pagado el Boden 2012, las reservas del país ascienden a unos 43.000 millones de dólares.

—Pero durante mucho tiempo el gobierno se jactó del nivel de reservas.

—Eso puede ser cierto para los que no entienden del tema, porque se está manejando un relato que es mitad verdad y mitad mentira. Para tomar dimensión de la realidad, basta comparar nuestras reservas con las de otros países: Chile tiene una economía tres veces menor a la nuestra y cuenta con 50 mil millones de dólares de reservas; la economía uruguaya es diez veces menor a la nuestra y tiene 12 mil millones de dólares; Bolivia tiene una economía 30 veces menor y cuenta con 15 mil millones de dólares; Brasil es cinco veces nuestra economía y tiene 400 mil millones de dólares de reservas.

Si se suman en todos los países latinoamericanos las reservas internacionales y se las compara con sus deudas externas, se verá que por primera vez en décadas América Latina es acreedor del mundo. Porque los bancos centrales latinoamericanos tienen más reservas que deudas.

En la Argentina, sobre una deuda de 180 mil millones de dólares, tenemos reservas por 43 mil millones. Entonces, cuando uno hace esas comparaciones, se da cuenta de que en términos relativos quedamos debilitados con respecto al resto de los países de la región.

Por eso, no debemos extrañarnos de que ningún país de Latinoamérica tenga hoy controles cambiarios y de importaciones como tiene Argentina. Porque los dólares que tenemos, más los dólares que ingresan; no alcanzan para importar combustible, pagar la deuda, financiar la fuga de capitales y mantener las reservas.

Y a pesar de tantos controles, este año tendremos una fuga de capitales cercana a los 12 mil millones de dólares. De los cuales casi 8 mil millones son las cuentas que la gente tenía en los bancos.

—El gobierno pagó el último vencimiento del Boden 2012, se calcula que el año que viene ingresarán más de 30 mil millones de dólares gracias a la soja, Brasil comienza a crecer nuevamente. ¿Esto significa que ya tocamos el piso de las turbulencias y que lo peor ya pasó?

—El gobierno está haciendo una apuesta que es inyectar gran cantidad de dinero, aumentos salariales y créditos para fomentar el consumo interno y así mantener cierto nivel de actividad económica. Pero el lado flaco de este esquema es la falta de inversión. Esto juega en el mediano y largo plazo. Entonces, usted puede inyectar mucho dinero, puede aumentar salarios y dar créditos, pero si no entran inversiones para aumentar la oferta de bienes y el nivel de actividad, esta historia termina mal.

Quizá tengamos una primavera en el corto plazo; pero si no se toman algunas medidas, el futuro no será fácil.

—Paradójicamente, el contexto internacional es el que traería este alivio al país.

—No es verdad que el mundo se nos haya caído encima. Hoy la crisis está concentrada fundamentalmente en Europa. Estados Unidos, a pesar de todo, está creciendo, aunque a la mitad de su promedio histórico.

Como Europa no crece y Estados Unidos crece poco, el incremento del PBI de China ya no se da sobre la base de sus exportaciones a estos mercados. Entonces, los chinos decidieron crecer a través de su mercado interno. Y eso significa que más chinos necesitan mejores alimentos. Son 1.600 millones de chinos que necesitan proteínas.

Esto presiona sobre el precio de los alimentos, que es lo que la Argentina produce y vende. Históricamente, los precios de lo que nosotros importábamos crecían más que lo que nosotros vendíamos. Pero en los últimos diez años la situación se invirtió.

China vende productos industriales, pero la escasa demanda y la mano de obra barata hicieron que esos precios bajaran. Al contrario, lo que nosotros exportamos aumenta. Este año, los granos aumentaron un 32 por ciento -favorecidos por la sequía en Estados Unidos-. Ningún otro producto en el mundo tuvo estos aumentos.

Lo que tenemos que hacer es plantear un esquema más racional y aprovechar este inmenso tren que está pasando.

—Entonces, ¿cómo hacemos para aprovechar estos vientos y reducir la inflación actual?

—Ésta es la madre de todas las batallas. La Argentina necesita cambiar las expectativas de la gente. Hubo un cambio de expectativas a partir de los propios errores del gobierno, que desde noviembre impuso un cepo cambiario que fue una mala praxis.

Lo dije desde el primer día. Porque en vez de atacar el problema, se intentó reprimirlo. Pero el problema es la inflación. Por el aumento de precios, el dólar a 4,60 pesos se convirtió en la mercadería más barata de la Argentina.

—Pero si el gobierno toca la cotización del dólar, se dispara la inflación.

—Esa es la trampa en que está el gobierno. Tenemos una inflación que va subiendo por el gasto fiscal. El gobierno obtiene recursos utilizando los fondos de los jubilados vía Anses y emitiendo moneda, usando reservas del Banco Central. Esto fomenta la inflación. Como no tenemos inversiones, ni acceso al crédito, no puede tocar el tipo de cambio sin generar más inflación.

Lo que hay que preguntarse es por qué en los últimos seis meses toda América Latina devaluó un 20% y no aumentó la inflación. La respuesta es que esos países tienen ingresos de capitales, tienen financiamiento, están fortalecidos con sus reservas y tienen una política fiscal mucho más sana.

El gobierno tiene que hacer lo mismo que otros países latinoamericanos. No hay que inventar la pólvora. Hay que equilibrar las cuentas fiscales, tener una política monetaria sana, un Indec que sea creíble.

—Si el gobierno hace eso, se reduce el consumo interno.

—Es que el consumo interno se va a reducir igual, porque la inflación reduce el consumo al carcomer el ingreso de los sectores asalariados. Y sobre todo del 40 por ciento de la población que trabaja en negro. Y el dólar paralelo es el que fija precios en la economía negra, no es el oficial. El “negro” es el que se utiliza para fijar esos precios. Además, en cualquier economía del mundo, los precios internos tienden a converger con el dólar más alto, no con el otro.

—Usted no plantea entonces una devaluación abrupta del peso.

—Claro. Primero hay que acomodar las otras variables, equilibrar los gastos, y se puede hacer sin un ajuste sangriento.

—Pero el año que viene hay elecciones. Lo que usted pide no va a pasar.

—Bueno. Si es por eso, hay elecciones cada dos años. Entonces estamos fritos. Si el gobierno no lo hace, lo hará el mercado por las malas. La economía busca sus equilibrios. Si esto sigue así, será una lenta agonía, que es la peor de las agonías. Hay que tomar estas decisiones.

El gobierno está apostando a emitir moneda, a incrementar el gasto para que haya mayor demanda y consumo. Es un punto de vista razonable. Pero tiene que ir acompañado con inversiones, con una política fiscal sana y ajustando el tipo de cambio en condiciones macroeconómicas más normales.

—Si todo suena tan lógico, ¿por qué el gobierno elige un camino tan diferente?

—Porque está convencido de que éste es el camino y, además, le ha dado frutos electorales que a veces marean. Incluso le recomiendan a otros países que nos copien.

Hoy estamos en una instancia histórica que debemos aprovechar. Es nuestra oportunidad. Si no lo hacemos, pagaremos las consecuencias.

—¿Se pueden establecer plazos para que estas malas consecuencias comiencen a aparecer?

—La ventaja del gobierno radica en la reactivación de Brasil, el precio de la soja y el consumo chino de alimentos. Entonces la agonía es más larga. Porque con todo esto no alcanza. Ni siquiera son suficientes los más de 30 mil millones de dólares que pueden ingresar gracias a la soja. Necesitamos que venga plata al país, de los argentinos y de los extranjeros.

Pero en estas condiciones, con inflación alta, con un Indec que miente y un gobierno que desconoce la realidad, olvidémonos de que las inversiones lleguen.

“La Argentina es el país con mayor inflación en toda América Latina”.

“Es el país que más débil está en términos de reservas del Banco Central”.

“No es verdad que el mundo se nos haya caído encima.

“Tenemos que aprovechar este inmenso tren que está pasando”.

“El dólar a 4,60 pesos se convirtió en la mercadería más barata de la Argentina”.


Para los ahorristas

Según Aldo Pignanelli, “comprar el dólar blue a más de 6,20 pesos es un poco caro. Así como me parece muy barato el dólar oficial. Para mí, el equilibrio está en 5,40 pesos”.

“Sin embargo -añadió- existe la alternativa de dolarizar nuestros pesos para protegerlos de la inflación, a través de bonos de la deuda externa argentina que son seguros, porque eso se hizo bien. Se están pagando y hay bonos dolarizados muy interesantes”.

“Lamentablemente -insistió- hay que pensar en dólares. Porque si bien existen bonos indexados en pesos, dependen del CER y ya sabemos lo que sucede con el costo de vida que indica el Indec”.


El entrevistado Aldo Pignanelli

fue presidente del Banco Central de la República Argentina durante el año 2002. Previamente se desempeñó como vicepresidente y como director desde 1997.

Ocupó el cargo de director del Banco de la Provincia de Buenos Aires (1987-1989). En 1996 se desempeñó como consultor financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Su actividad en el sector público fue precedida por una vasta experiencia en el sector privado, donde actuó como consultor financiero y económico y ocupó cargos relevantes en empresas líderes en sectores tan diversos como el de la alimentación, el farmacéutico, el de ferretería industrial o la importación y distribución de automóviles.

El jueves último disertó en la Bolsa de Comercio de Santa Fe, invitado por la empresa De la Vera Cruz Sociedad de Bolsa.

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