Recomendación de una investigadora del Conicet

Sugieren declarar patrimonio cultural a la lengua de señas

Sugieren declarar patrimonio cultural a la lengua de señas

En la Argentina hay alrededor de 300.000 personas sordas.

Foto: Archivo

La necesidad de una ley que reconozca oficialmente a la lengua de señas argentina como patrimonio lingüístico y cultural, permitiría que todas las instituciones educativas tengan intérpretes, así como también las distintas organizaciones de la sociedad.

 

Télam

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Las personas sordas crean a través de la lengua de señas su propia identidad pero falta una norma en la Argentina que la reglamente como patrimonio cultural, lo que equivaldría a que hubiera más intérpretes en la sociedad, dijo la investigadora María Massone.

“Cuando hay dos personas sordas se crea una comunidad que tiene una cultura propia y que se comunica a través de ese tipo de lenguaje, lo que constituye su patrimonio y su identidad”, explicó Massone, investigadora independiente del Conicet, que estudia hace 25 años las lenguas de señas.

Sin embargo, la falta de intérpretes “los empuja a la marginación ya que no se pueden comunicar y la sociedad los va aislando. No pueden acceder a las universidades y tampoco encuentran un buen lugar en los geriátricos, donde los viejos sordos no hablan con nadie porque no saben cómo hacerlo”, subrayó Massone.

Igual situación se vive por ejemplo en juzgados “donde no se pueden hacer entender y en los hospitales les resulta muy difícil poder comunicarse con los médicos, mientras que en los museos tampoco hay guías para sordos”, explicó.

La investigadora opinó que la sociedad “provocó un genocidio lingüístico con la lengua de señas, que existe desde la Edad Media, que se fue recuperando a partir de los años 60 en Estados Unidos y en los 80 en América Latina”.

En Uruguay hay una ley que reconoce la existencia de la lengua de señas y los países más avanzados en este aspecto son los del norte europeo como Suecia, en los que existe una educación bilingüe en casi todas las escuelas.

Massone explicó que “en general existe una lengua de señas por país, pero en algunos casos hay dos, como en México, Brasil, Bali o los Estados Unidos. Una es la urbana, y por lo general la segunda es la propia de la comunidad de pueblos originarios, como la Maya. Cada comunidad, por necesidad, desarrolló la propia”.

La especialista aseguró que la comunidad sorda en la Argentina conformada por unas 300.000 personas, “es muy combativa y tiene líderes muy importantes que pelean para que en las universidades haya intérpretes, pero en la actualidad sólo la de Cuyo los tiene”.

Aprender a ser intérprete “no es sencillo, se requiere estudio y convivir con personas sordas para conocer su identidad. Es una lengua muy difícil y para una persona sorda que la aprende de adulto lo es todavía más”, aseguró Massone.

Diferencias con el español

La especialista explicó que la estructura básica del español es diferente al de la lengua de señas argentina. “En vez de sujeto, verbo, objeto (el perro corre la pelota), en la lengua de señas el verbo va al final (el perro a la pelota corre)”.

“Existe confusión entre aquello que es gesto y aquello que es lingüístico. Los movimientos manuales y corporales que hacen las personas sordas no son gestos, son señas que conforman una gramática”, explicó

Una seña a veces se puede interpretar por una palabra, a veces por más de una y en algunos casos es muy difícil de traducir porque son de uso interno. “‘Es muy complicado trasladarlas al español porque tienen usos muy específicos”, dijo.

Las lenguas de señas tienen una base corporal muy amplia. “Como lengua tiene muchos articuladores: además de las dos manos se usa todo el resto del cuerpo, todo de la cintura para arriba. Hay muchos rasgos no-manuales que son propios de cada seña, como por ejemplo en el caso de la seña de mate. Es necesario fruncir la boca y llevar el pulgar hacia ella, pero si no se frunce la boca no significa nada”, ejemplificó.