/// EL INVITADO
/// EL INVITADO
Carta a Fascendini
Ing. Carlos A. Brave
Por la presente y a título personal, quiero manifestarle mi total desagrado por su actitud en la reunión por el conflicto lechero, que se llevó a cabo en Rosario el 9 de agosto próximo pasado, en dependencias del gobierno provincial y que fuera presidida por usted.
Descarto sus buenas intenciones en pos de resolver los problemas sectoriales de los que corresponde, hay que resaltarlo, la mayor responsabilidad al gobierno nacional, muy pobremente representado en la ocasión como se evidenció por la falta de respuestas a las responsabilidades que le cabe, con gestos y dichos fuera de lugar e irresponsables.
Pero lejos de lograrlo los agudizó, ya que contribuyó a la discriminación autoritaria, al no poner límite a la intransigencia de un grupo minoritario que falto de razones acude, como es su característica, a primitivas actitudes patoteriles, indignas del ámbito en el que nos encontrábamos y de su investidura. El colmo fue su pedido a, contra toda prudencia, los representantes a la Mesa Nacional de Productores de Leche de retirarnos. No tuvo en cuenta que la integran 14 entidades entre la que se encuentra la de Productores Lecheros Asociados del Sur de Santa Fe y Córdoba (PLASSACO) de la que soy integrante, por ser productor de Alejo Ledesma, localidad del sur de Córdoba. Tampoco puso en consideración que hoy su espacio político representa una de las pocas esperanzas de institucionalidad que queda en este desgarrado país.
Solo se pedía de su parte ecuanimidad y justicia, ya que fuimos invitados a participar y estábamos en su casa. Me molestó el trato recibido, ya que se trataba de una reunión en una entidad pública y organizada por un funcionario público que es usted, en el que se discutía el futuro de muchísimos damnificados, perjudicados por las absurdas políticas sectoriales nacionales de los últimos años. Quiero pensar que fue una equivocación, producto de las tensiones vividas, y como tal la considero; pero no quería dejar pasar este malestar ya que el guardar un entripado lleva al rencor, que no sirve al momento de buscar las soluciones que la hora reclama.