Un año en bicicleta

El título de la nota es el mismo que eligieron Favio Giorgio y Marcelo Lezcano para el libro que recopila las peripecias de un viaje que los llevó a pedalear por 16 países de América, durante 13 meses. Para muestra de las experiencias extremas que debieron atravesar, el relato en primera persona de una jornada en plena selva.

TEXTOS. REVISTA NOSOTROS. FOTOS. GENTILEZA F. GIORGIO Y M. LEZCANO.

Un año en bicicleta
 

Puente en ruta transamazónica.

La que se cuenta en estas líneas es la historia de dos rosarinos, Favio Giorgio y Marcelo Lezcano quienes, en el año 2000, recorrieron toda América Latina sobre dos ruedas. La experiencia quedó impresa en el libro “Un año en bicicleta”, cuya edición se agotó.

En estas líneas, una síntesis de una travesía que iba a durar 4 meses y se extendió a 13.

LOS PLANES CAMBIAN

Después de un riguroso y disciplinado programa de entrenamiento de 6 meses de duración, el 12 de diciembre de 1999 Favio Giorgio y Marcelo Lezcano se subieron a sus bicicletas para dar inicio a un gran sueño: nada más ni nada menos que recorrer América Latina en bicicleta.

La idea inicial era llegar pedaleando desde Rosario hasta Caracas (Venezuela) para, de allí y vía avión arribar a la isla caribeña de Cuba.

Pero luego, una vez en Venezuela, los planes fueron modificados y decidieron anexar 8 países más al itinerario, es decir, todo Centroamérica hasta Cancún (México).

LAS COSAS SE COMPLICAN

Así fue como, una aventura que tendría que haber durado 4 meses terminó extendiéndose a 13, significó 16.305 kilómetros pedaleados e incluyó a 16 países: Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Brasil, Guyana, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice, México y Cuba.

En el trayecto, debieron atravesar obstáculos geográficos muy diversos y algunos de ellos sumamente complicados:

- El cruce de las Altas Cumbres, en la provincia de Córdoba.

- Un desierto en La Rioja con temperaturas de 45º, donde el excesivo calor del asfalto provocó 10 pinchaduras en un solo día.

- Cuatro veces debieron cruzar la Cordillera de los Andes, llegando a lo más alto, 4.779 metros sobre el nivel del mar, con temperaturas bajo cero en pleno verano.

- Travesía por más de 1.000 km. del Desierto de Atacama, en Chile, considerado el más árido del mundo.

- Durante dos meses tuvieron que cruzar el Amazonas recorriendo unos 3.500 km. de pura selva, la que luego les dejaría secuelas casi trágicas: ambos enfermaron de paludismo y dengue. En Venezuela, los médicos les daban horas de vida, e inexplicablemente para la medicina, ambos se salvaron y tras unos meses de recuperación lograron seguir con el viaje.

Además, en la ciudad de El Alto, Bolivia, fueron condecorados con la Llave de la ciudad. Pero el broche de oro lo tuvieron una vez arribados a Cuba donde visitaron la casa de Alberto Granado (compañero de Ernesto “Che” Guevara, con quien en el año ‘50 recorrió Sudamérica en motocicleta) y terminaron viviendo allí por una semana.

DIARIO DE VIAJE

A continuación, se reproduce un fragmento del libro “Un año en bicicleta”.

“Martes 18 de abril de 2000. Situación extremadamente crítica.

Nos despertamos a eso de las 3 de la mañana. A pesar del peligro y los nervios de haber pasado la noche entre las casas de los bandidos, hemos dormido muy bien, se ve que estábamos tan cansados que ni los problemas nos sacaron el sueño.

Estamos escasos de agua, solo nos alcanza para cocinar ahora y un poco para tomar en el día, pero seguro encontraremos algún arroyo o río mas adelante.

Levantamos campamento, guardamos todo, tuvimos que esperar un poco para salir porque se había largado a lloviznar.

Enseguida paró, y pudimos comenzar nuestro día de viaje y aventuras.

Ya estaba amaneciendo, un rato antes no se veía nada y no era bueno salir con tanta oscuridad; hay muchas víboras y, sin querer, podíamos pisar alguna y nos terminaría picando, lo que agravaría aun más nuestra delicada situación.

Nos dirigimos directamente para la segunda casa de los bandidos, distante 5 km., con el fin de poder pasar lo antes posible, para sorprenderlos durmiendo y que no se den cuenta de nuestro paso por allí, ojalà no nos estén esperando y que ayer no hayan sido advertidos por la gente de la casa anterior, vamos a ir con muchísimo cuidado tratando de hacer el menor ruido posible.

Al poco tiempo llegamos al lugar, era también, tal cual nos habían dicho, después de un puente y a mano derecha y en una subidita, en las mismas circunstancias que ayer; parece como si la historia se repitiese, solo que esta vez, tenemos la ventaja de ver que todos estaban durmiendo.

En una bajada nos dejamos caer, y luego nos bajamos de las bicicletas para pasar el puente sigilosamente, tras lo cual pasamos por delante de la puerta misma de la casa. Todo era silencio, pero por las dudas una vez cruzado el puente nos subimos a las bicis y la pasamos a toda prisa.

Fue un éxito, el alivio que sentimos al dejar atrás a los bandidos es indescriptible, el alma nos volvió al cuerpo.

Creo que hemos superado una de las pruebas más difíciles de este viaje, esperamos que no vengan peores.

El destino quiso que pudiésemos seguir viaje, es que por aquí es tierra sin ley y fuimos muy afortunados en salir airosos de este trance.

Tras 15 km. de viaje, a las 7 de la mañana hicimos la primera parada de descanso sobre la ruta; por suerte la última casa de los bandidos ha quedado 10 km. más atrás.

Nos detuvimos sobre un puente, debajo del cual pasaba un arroyo que nos vino muy bien para reaprovisionarnos de agua y, de paso, lavar los platos que anoche dejamos sucios por no desperdiciar la poca agua que nos quedaba.

El día estaba muy tranquilo, hasta el momento no vimos a nadie y llevábamos horas así.

De pronto, se alcanzó a divisar muy a lo lejos algo oscuro que se movía sobre la ruta, pero como todavía la distancia que nos separaba era demasiada, no podíamos aventurar qué podría ser aquello que, poco a poco, nos iba llamando mas la atención.

A medida que nos fuimos acercando nos intrigaba más; la cosa negra se había quedado inmóvil en medio de la ruta y ya no se movió de allí. Primero pensamos, por lo oscuro que era, que podría tratarse de un mono muy grande, pero después, comenzamos a ver que ya tenía más bien forma humana, hasta que nos convencimos de que se trataba de una persona, una persona muy extraña y toda negra carbón.

Ya estábamos lo suficientemente cerca como para ver que era un indígena sentado en medio de la ruta, mirándonos desde hace rato, y con una escopeta en la mano.

El tipo, viendo que nos acercábamos, no se movía en absoluto del medio de la ruta, por lo que debimos abrirnos para pasarlo y así quedó en medio de los dos.

Al pasar, algo dijo, pero no entendimos ni nos detuvimos; solo seguimos.

Un escalofrío me corrió por todo el cuerpo después de pasarlo, no se por qué presentí que se daría vuelta y nos dispararía; no nos dimos vuelta para nada, pero nunca estuve tan feliz de haberme equivocado.

Nos resultó tan extraño.

¿Qué hacía allí sentado? ¿Tendría algo que ver con los bandidos?, nunca lo sabremos, pero tenía una apariencia que era de terror.

Esta selva se pone cada vez más interesante, siempre está pasando algo raro.

Por el camino nos encontramos con unas personas que estaban reparando puentes. Una buena noticia: de aquí en adelante nos dijeron que los mismos son seguros, ellos estaban reparando desde Manaus en adelante.

Pero no todo era color de rosas en este día en que veníamos tan bien.

Siendo casi las 9.30 de la mañana nos ocurrió algo terrible, lo peor que nos podía pasar en estos momentos y en este lugar. La ruta estaba muy embarrada, me paré en los pedales para poder hacer más fuerza, ya que estaba viendo que me quedaba atascado en el lodo, cuando de repente siento un fuerte ruido seguido de un tirón que me dio los pedales, Favio venía mas atrás, me bajé de la bici para ver qué era lo que había sucedido, cuando me doy cuenta de que la pata de los cambios de piñones se había des-soldado, nuevamente estaba rota, y nuevamente me encontraba a pie.

Favio, al verme parado, me pregunta qué pasa, y le comento lo sucedido; ninguno de los dos podía creer lo que nos estaba pasando.

La cosa no sería nada de estar en una ruta normal, donde circulan vehículos, y uno puede entonces hacer dedo y llegar fácilmente a un lugar. Pero acá, en una ruta abandonada, a casi 300 km. de Manaus todavía, era lo peor que nos podía pasar.

Salimos a un costado del camino, ya que justo estábamos en un gran barrial.

Comenzamos a sacar la cadena y la pata de cambio que ya no servía más, pero la guardé por si más adelante se podía volver a reparar.

Al final, el hombre del taller donde me la soldaron, en Brasileia, tenía razón al decirme que no me podía garantizar el trabajo; el lugar de la reparación, sabíamos, era muy frágil, pero de no ser por la fuerza que hice seguramente nunca se hubiese roto. Fue una torpeza de mi parte, me confié demasiado, y como llevaba más de 1.000 km. sin problemas creí que ya no se podría romper mas.

Ahora si que estábamos en un gravísimo problema. Pero..., si lo analizamos, pudo haber sido peor aun si esto me hubiese pasado unas horas antes, o ayer, que teníamos que pasar las casas de los bandidos.

¿Que hubiese sido de romperse en aquel momento?

¿Como íbamos a poder pasar por allí?

Así que, dentro de todo la sacamos barata, preferimos que la cosa haya pasado ahora, aunque, preferimos que no hubiese pasado jamás.

Seguimos viaje a pie, en total silencio, éramos concientes del problema que teníamos por delante. Obviamente, la reparación no depende de nosotros, y tal como nos pasara en Perú, volvemos a quedar a pie, pero con el agravante, en este caso, de que no tendremos quien nos lleve los más de 300 km. que faltan hasta la ciudad de Manaus.

No se nos ocurre ni la más mínima idea de cómo vamos a hacer para llegar; está claro que a pie no podremos recorrer todos esos km.

Supuestamente, el próximo poblado, Castañho, se halla a 230 km. y a 330 aproximadamente de Manaus, una enormidad, esperamos que haya alguno antes.

No solo no tenemos transporte para llegar a ningún lado, sino que la comida que nos queda no alcanza para los días que pueda llegar a demandar este mal trance.

Desde ahora, comienza a funcionar más la parte psicológica que la física; con esto que nos pasó pondremos a prueba, sin pedirlo, nuestra fuerza mental para poder sobrellevar los durísimos días que nos esperan.

A pesar de lo tremendo del hecho, tratamos de no decaer, pero no podemos dejar de pensar en la gravedad del problema.

Minutos antes estábamos pedaleando felices y festejando el haber dejado atrás a los bandidos. Pero ahora estamos peor que antes, y con lo que sin dudas, es el problema más grande que se nos presenta desde que empezamos este largo viaje.

En fin, está más que claro, que la única solución por el momento es seguir caminando.

Caminamos un par de kilómetros y nos detuvimos en la ruta a hacer un descanso. Terminamos aquí de comer los fideos que nos quedaban.

Mutuamente nos damos ánimo para no decaer.

Seguimos la marcha a pie.

Como si ya no tuviésemos suficientes problemas, ahora nos tenemos que enfrentar a los animales.

Escuchamos en la maleza un ruido muy fuerte, ramas que crujen y hojas que se mueven tras el paso de lo que seguramente es algo grande.

Se escucha como si se nos acercara, pero después se aleja; seguro es una Onza (puma), se nos paralizó el corazón.

Que más da, seguimos caminando; el animal dejó de seguirnos.

Dejamos las bicicletas y nos fuimos hasta un arroyito cercano a darnos un baño y a reaprovisionarnos de agua.

Se hicieron las 15, ha llovido bastante, cayeron dos chaparrones muy fuertes.

La lluvia ha provocado que en mi se desatara la tristeza, me puse mal, y me dieron ganas de escribirle una carta a mi mamá contándole todo lo que nos estaba pasando; una carta fea, parece más bien una despedida, no se, es una necesidad que tuve de escribir una carta que ojalá nunca llegue a sus manos, y si llega, es porque yo ya no esté más.

Favio se puso también a hacer sus anotaciones, me supongo lo que pudo haber estado escribiendo, pero como ambos somos muy respetuosos de las cosas de cada uno, ni yo le pregunté ni el a mí.

Traté de ver si más o menos podía arreglar la bici como para andar sin los cambios. Pero no hubo caso; va a tener que ser reparada por alguien especializado, tal vez otra soldadura en Manaus, o lo que haya que hacerle.

En cuanto paró de llover decidimos con Favio salir a caminar un poco por la ruta, despejar la mente y charlar sobre todo lo sucedido.

A la media hora regresamos y comimos algunas castañas, de esas que un hombre días atrás nos había regalado cuando acampamos en su hacienda.

Nuevamente nos pusimos a escribir, leer, y así pasar el tiempo.

Para las 18 le terminé la triste carta a mi madre, la que algún día espero poder entregársela personalmente.

Armamos la carpa, y a las 18.15 Favio se puso a preparar la cena.

La esperanza de ver pasar algún vehículo se fue desvaneciendo a medida que la tarde caía. Mañana veremos qué pasa.

Comimos; (arroz con una lata de choclo)

Por hoy ya tuvimos demasiadas emociones; después de cenar nos fuimos a dormir con una profunda tristeza”.

CAMINO INUNDADO.JPG

Camino inundado, en la selva del Amazonas (Brasil).

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CONTACTOS

- Favio Giorgio: [email protected], tel. 153-154279.

- Marcelo Lezcano: [email protected], tel (0341) 485 0420.

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CON JORGE Y SONIA EN LA COCINA DE SU CASA.JPG

Con Jorge y Sonia en la cocina de su casa, en la selva del Amazonas (Brasil).

SELVA AMAZONAS DE BRASIL.JPG

Selva Amazonas (Brasil).

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DIFUSIÓN

Las experiencias que atravesaron Favio y Marcelo, en su travesía por 16 países, quedaron recopiladas en un voluminoso libro de viaje de casi 700 páginas, llamado “Un Año en Bicicleta”, que se editó en 2008.

En enero de 2011 publicaron un segundo libro, pero con contenidos más técnicos. Se trata de un manual llamado “Cicloturismo, una guía práctica para el viajero”, el cual es una ayuda para aquellos que quieran realizar un viaje de estas características.

Por último, el 21 de junio de 2012 vio la luz un documental que lleva el mismo nombre del diario del viaje. A su presentación asistieron algo más de 450 personas. Se trata de un material que se está difundiendo por todo el país.

RUTA TRANSAMAZONICA BRASIL.JPG

Ruta transamazónica (Brasil).

RUTA DEL AMAZONAS PERUANO.JPG

Ruta del Amazonas peruano.