En Familia

Muerte dramática de adolescentes

Rubén Panotto (*)

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En el imaginario social, se ha establecido que todo tema que no se examina, no se habla, no se toca, se transforma en tabú, y termina produciendo las consecuencias más nefastas en la vida de las personas, por no ser considerados correctamente.

En la época de los que fuimos educados en el siglo XX no se hablaba de sexualidad, de libertad responsable, de salud reproductiva, y así nos fue, con la proliferación de los “destapes” que, más allá de un sano acercamiento al tema, fueron “explosiones” desordenadas y devastadoras que hoy lamentamos, con títulos de abusos, pedofilia, pornografía para niños y adolescentes, embarazos no deseados, adicciones, trata, etc., etc.

De eso no se habla

El tabú se basa en un prejuicio personal o social que evita tocar, estar o hablar de ciertos temas, cosas o lugares, con la superstición de que si uno hace determinada cosa, puede acarrearle consecuencias catastróficas. El tabú de la muerte ha causado innumerables víctimas, si tenemos en cuenta las personas que por temor a una mala noticia no se realizan chequeos de salud, o se rompen relaciones personales y familiares por declarar a tal persona como tóxica o que atrae la “mala suerte”. Así podemos hablar de las cábalas -que será tema para otra oportunidad-, pero al menos mencionaré que se pueden ver muchos coches y vehículos de todo tipo con el “touch” de cintas rojas, que quedan como mudos testigos ante los terribles accidentes en rutas y calles de nuestras ciudades que se llevan miles de víctimas por año. ¡Padres, adultos, docentes, Estado!: algo tenemos que hacer para salvar vidas de jóvenes y adolescentes que están bajo nuestra custodia...

Estadísticas recientes

Por primera vez en los cuerpos directivos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), oficina regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se discute el problema de la violencia y la salud, diciendo: “Las conductas violentas en la región de las Américas constituyen un gran problema de salud pública y son causa de deterioro de la calidad de vida. Sus consecuencias para la salud y el bienestar de las colectividades, su equilibrio social y su estabilidad económica revisten proporciones alarmantes” (OPS 1993). En la Argentina, la mortalidad por causas violentas prevalece en la franja de edades de entre los 10 y 24 años. Esa violencia incluye accidentes, homicidios y suicidios, y no respeta forma por clase social; sin embargo, es innegable que la insatisfacción de las necesidades básicas en unos y la falta de expectativas por proyectos de vida en otros generan situaciones de mayor violencia. En nuestro país, estas edades conforman el 27% de la población total, de manera que estamos hablando de 10,8 millones de vidas en riesgo. Tomando la misma franja de edades, en el año 2000 la mortalidad alcanzó a 6.686 vidas por accidentes de tránsito, homicidios y suicidios, estando Santa Fe, Formosa y Córdoba con los más altos porcentajes. La Dra. Edith Serfaty demostró que las muertes por causas violentas se incrementaron del 38% al 50%, siendo el sexo masculino el que tiene los más altos porcentajes. Este estudio debe movilizarnos, de modo tal que las autoridades nacionales, provinciales y la comunidad toda actúen para poner freno a semejante situación. En la Argentina mueren más de 20 personas por día en accidentes de tránsito y muchas más quedan discapacitadas, con serias secuelas de por vida. Los días sábados, domingos y feriados se produce un 12% más de accidentes mortales que los días hábiles, con mayor circulación de vehículos. Los varones alcanzan el 73% de mortalidad y las mujeres el 27%. La cifras son alarmantes.

El Banco de Datos del Instituto de Seguridad y Educación Vial indica que conducir un vehículo es una actividad que requiere altos niveles de concentración y atención, por lo que es necesario que el estado psicofísico del individuo sea el óptimo a la hora de manejar. La fatiga, el sueño, la ingesta de alcohol y drogas aumentan drásticamente el riesgo de provocar accidentes. El contenido máximo permitido de alcohol en sangre al conducir es de 0.5 gr/lt.; a partir de los 2.0 gr/lt. el riesgo de accidentes es 70 veces mayor. Bajo el efecto del alcohol, se producen alteraciones auditivas y visuales, disminución de reflejos y alteración en la capacidad de reacción y toma de decisiones. El exceso de velocidad, las malas condiciones del vehículo o del clima (lluvia, niebla, humo), el uso del teléfono celular mientras se maneja, no usar el cinturón de seguridad y no respetar las indicaciones de tránsito, son las causas frecuentes.

Reflexión ineludible

Los adultos, padres, referentes sociales y los Estados comunales, provinciales y nacionales debemos tomar conciencia de la magnitud del problema, adoptando cambios de actitud, rescatando la solidaridad, la comprensión y los valores éticos y morales olvidados. Asimismo, se debe inducir a los jóvenes, con respeto y reconocimiento, a la observancia de los consejos y de la ley; amándolos y provocándolos al amor y a la sana conducta.

Dice un proverbio de Salomón: “Hijo mío no te olvides de mis enseñanzas; más bien guarda en tu corazón mis preceptos. Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán prosperidad. Que nunca te abandonen el amor y la verdad...”. Y aun teniendo en cuenta el consejo de José Mujica, presidente del Uruguay, en una visita a la Argentina: ¿no les parece que los argentinos deberíamos comenzar a amarnos un poco más?

(*) Orientador Familiar

Muerte dramática  de adolescentes

En la Argentina, la mortalidad por causas violentas prevalece en la franja de edades de entre los 10 y 24 años. Esa violencia incluye accidentes, homicidios y suicidios, y no respeta forma por clase social. Foto: Archivo El Litoral