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“Escritos sobre el Japón”

Uno de los textos de Lévi-Strauss sobre Japón se centra en el pintor Sengai. En la ilustración: “El Universo”, tinta sobre papel de Sengai Gibon.
Considerado uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX (y de hecho el fundador de una corriente -el estructuralismo- que tuvo gran ascendencia sobre distintas disciplinas, y que sobrevive aún hoy a través de distintos epígonos), Claude Lévi-Strauss (1908-2009) siempre sintió atracción por el Japón, y su directo contacto con ese país, cuando estaba por cumplir 70 años, resultó una confirmación de esa fascinación.
La otra cara de la luna. Escritos sobre el Japón revela a un Lévi-Strauss enamorado del Japón, tanto bajo la mirada del lúcido antropólogo como la del viajero entusiasmado por una cultura tan distinta de la suya. Se trata de escritos hasta hoy inéditos en libro, producidos entre 1997 y 2001.
“La cultura japonesa posee una sorprendente aptitud para oscilar entre dos posiciones extremas. A la manera de sus tejedores, que asocian deliberadamente los motivos geométricos y los naturalistas, disfruta de yuxtaponer los contrarios. A este respecto difiere de la cultura occidental, que también toma diferentes partidos en el curso de su historia pero quiere persuadirse de que reemplaza uno por otro, sin idea de retroceso. En Japón, las dimensiones del mito y de la historia no son percibidas como mutuamente excluyentes, como tampoco la creación original y lo copiado, o, para finalizar con los aspectos estéticos, los refinamientos más desarrollados de sus barnizadores y artesanos de la porcelana y el gusto por las materias brutas, las producciones rústicas, en una palabra todo lo que Yanagi Soetsu llama el ‘arte de lo imperfecto’”.
Las anotaciones de Lévi-Strauss abarcan un amplio panorama. Sobre la música japonesa escribe, por ejemplo: “A diferencia de la música occidental, la música japonesa carece de un sistema armónico, se resiste a mezclar los sonidos. Pero compensa esa ausencia modulando los sonidos mantenidos en estado puro. Desplazamientos variados afectan las alturas, los tempi, los timbres. Se integran sutilmente los sonidos y los ruidos, pues no debe olvidarse que en la tradición japonesa los gritos de los insectos, que en Occidente se consideran como ruidos, están dentro de la categoría de sonidos. De modo tal que el equivalente de un sistema armónico se concreta dentro de la duración por medio de sonoridades diversas emitidas una tras otra, pero en un tiempo lo suficientemente corto como para que formen un todo”.
Sobre la cocina (en los ensayos de Lévi-Strauss la comida -vg. Lo crudo y lo cocido- juega un papel esencial, “pues nada es más importante que la manera en que el hombre intenta incorporarse físicamente al mundo natural”) confiesa ser un incondicional admirador de la mesa japonesa, y señala haber comprendido que hay en ella algo muy original “y que nada se aleja más ni se separa más de lo chino que esta cocina casi sin materia grasa, que presenta los productos naturales en estado puro y deja que su mezcla quede librada a la subjetividad del comensal”.
En una entrevista final, Lévi-Stráuss, que comenzó su labor como antropólogo en Brasil, trabajando en comunidades indígenas del Mato Grosso y la Amazonia, señala: “Por cierto que todos tenemos los mismos ancestros. Es seguro que, cuando se contempla el Japón, sobre todo en la literatura popular o en la mitología, se encuentran ecos que traen recuerdos a los americanistas. Hay que prestarles atención, porque la situación no es solamente entre el Japón y América, es una partida que se juega de a tres. Pues lo que reencontramos del Japón en América o de América en el Japón, también se encuentra en Isulindia, más particularmente del lado de las islas Célebes”.
Publicó Capital Intelectual.