Argentina ganó en Córdoba jugando bien: 3 a 1 y ahora a Lima para jugar ante los peruanos...
Argentina ganó en Córdoba jugando bien: 3 a 1 y ahora a Lima para jugar ante los peruanos...
Messi guió en el Kempes como si fuese Maradona
La Selección de Sabella ratificó todo lo bueno que había mostrado ante Ecuador. Atraviesa su mejor momento en las Eliminatorias con tres victorias consecutivas y con un buen nivel de juego.

Es verdad: la tiene atada. Cuando se inspira, Messi es determinante para cualquier partido. Ayer, le pegaron mucho y lo encimaron constantemente, pero las veces que pudo encarar en velocidad o encontrar un pase a un toque con un compañero, siempre es letal. Dos tiros en los palos y un gol, el sello del mejor del mundo.
Foto: EFE
Enrique Cruz (h)
(Enviado Especial a Córdoba)
Explotó Córdoba. “Volveremos a ser campeones, como en el ‘86” y “que de la mano, de Lio Messi, todos la vuelta vamos a dar”, se transformaron en los hits del momento. La gente gozó y disfrutó. Se escuchó el “olé, olé” cuando la Selección empezó a toquetear la pelota en el mediocampo, marcando claras diferencias de jerarquía sobre su rival. Todo fue de Argentina. Los goles, el control del trámite y las figuras. No hubo punto de comparación entre lo que hicieron Messi, Di María, Higuaín, Lavezzi y Gago, con lo que trataron de hacer Estigarribia, Fabbro y Santa Cruz.
Uno se pregunta a esta altura cuál es la fórmula para marcar a Messi o para desbaratar el ritmo vertiginoso y preciso de la Selección del medio hacia arriba. En los primeros 15 minutos no había aparecido Messi, pero ya Argentina ganaba 1 a 0 y la “rompía” Di María. Después, Messi empezó a marcar claras diferencias, cuidó muy bien la pelota y cuando arrancó lo hizo con una “polenta” y una habilidad imposible de descifrar para los recios defensores paraguayos, que casi siempre apelaron a la falta sistemática contra cualquier jugador argentino que quisiese cometer la osadía de encararlos.
Después de la notable definición de Di María, colocando la pelota en el ángulo de Villar, llegó la inexplicable mano de Braña adentro del área y el penal que Fabbro convirtió en gol. Fue apenas un obstáculo que la Selección tuvo que sortear y que lo hizo con mucha facilidad. Contribuyó un grosero error defensivo de los paraguayos, que supo aprovechar Higuaín para colocar un remate cruzado que lo volvió a poner arriba en el marcador. Ya por ese entonces había aparecido Messi en el partido, Argentina manejaba la pelota, Di María tenía arranques imparables, Lavezzi complicaba muchísimo a Ortiz por el sector derecho y el partido tenía un claro y amplio dominador.
¿Qué oponía Paraguay?, apenas la apuesta a una pelota quieta que pudiera darle, cabezazo mediante, la posibilidad de llegar al gol. Esperaba con dos líneas de cuatro, no se animaba a plantear un partido más agresivo en cuanto a la posición territorial y terminaba por dejar que Argentina hiciese lo que quisiera con la pelota. En consecuencia, el trámite era absolutamente favorable a Argentina. Buena rotación, con un Messi activo y parándose en distintos sectores de la cancha, más el empuje de Gago, la movilidad extrema de Di María y los permanentes cambios de Lavezzi, que redondeó un primer tiempo aceptable a pesar de que luego fue decayendo en su rendimiento.

Una costumbre en este 2012. Los jugadores festejan uno de los tantos de la noche cordobesa. La Selección de Sabella parece haber encontrado un funcionamiento que, aunque todavía no es el ideal -principalmente en la parte defensiva- le alcanza para ajustarse a la exigencia del rival y lograr victorias. Foto: DyN
La idea desde lo táctico y estratégico fue siempre muy clara. La forma de pararse en la cancha fue un típico 4-3-3, elástico e imprevisible. En realidad, ese 4-3-3 se convirtió en muchos pasajes en un 4-2-4 por la voracidad ofensiva de Di María. Enfrente, Paraguay -que perdía el partido- no arriesgaba y tampoco modificaba el 4-4-2 sin elasticidad ni movilidad que lo identificó en todo el partido. Así se le hizo muy complicado, salvo en la parte final y a partir del ingreso de Cardozo, cuando el equipo encontró ciertas facilidades a partir del descanso que se tomó Argentina y que le permitió a los paraguayos contar con algunas situaciones de peligro, sobre todo a partir de la utilización del juego aéreo como arma de ataque.
Después del golazo de Messi de tiro libre, el partido se terminó. Faltaban 25 minutos para el final, pero ya se preveía que sería favorable a Argentina. Fue el momento de desparpajo albiceleste, manejando el partido a gusto y placer más un Messi inspirado y dispuesto a levantar a la tribuna cada vez que tomaba contacto con la pelota. Sabella puso a Palacio por un cansado Lavezzi y luego decidió sacar a Di María -tremendamente ovacionado por la gente- para que entre Guiñazú en su reemplazo.
No caben dudas de que el equipo está en crecimiento. Ya lo empezó a mostrar contra Ecuador en la cancha de River (goleada y enorme actuación de Messi), pero lo bueno es que lo ratificó en este partido ante Paraguay. Las Eliminatorias son complicadas, los equipos no tienen trabajo y los técnicos se transforman en seleccionadores y no en entrenadores. Sabella apenas pudo hacer un solo entrenamiento y no caben dudas de que todo lo bueno que hizo el equipo no se debió a ese entrenamiento, sino a una conjunción de cosas. Sabella es un tipo que transmite serenidad, convicción y que evidentemente le llega al jugador. Si no fuese así, ¿cuál sería la explicación para esos pasajes tan favorables y lúcidos que tuvo el equipo en estos 90 minutos?
Hay una realidad incontrastable: Argentina es una cosa cuando ataca y otra diferente cuando defiende. La gran diferencia está en el distinto grado de jerarquías individuales. Sólo basta con utilizar la odiosa comparación de lo que son Messi, Higuaín, Di María, Agüero o Tevez, si alguna vez vuelve a ser convocado, que distan notoriamente de lo que representan individualmente los Rojo, Campagnaro, Zabaleta, Fernández o Garay. Falta que aparezca el caudillo que alguna vez estuvo en cabeza de Passarella o de Ruggeri, algo que se personifica bastante en un Mascherano que anoche no jugó por estar suspendido.
Faltan dos años para el Mundial, tiempo considerable para que se pueda potenciar lo táctico. Por el momento, lo que está haciendo el equipo es suficiente y hasta sorprendente teniendo en cuenta la escasez casi nula de posibilidades de trabajo. Sabella ha sido muy inteligente para potenciar desde lo verbal a esa capacidad innata de jugadores como Messi y quienes lo acompañan. Esto es suficiente para estar arriba en las Eliminatorias y para que la gente se emocione y festeje como lo hizo anoche en Córdoba. En Córdoba y en el resto del país futbolero.

A pura gambeta y velocidad. Ángel Di María fue ayer una de las figuras del partido, incluso por pasajes con más importancia en el juego que el propio Messi. El rosarino parece desarmar su delgada figura con cada enganche pero asegura el desborde constante por la izquierda y también tiene llegada al gol. Ayer festejó. Foto: EFE
/// SÍNTESIS
Argentina 3
Paraguay 1
Estadio: Mario Alberto Kempes.
Árbitro: Wilson Seneme (Brasil).
Recaudación: $ 10.799.310.-
Argentina: Romero; Campagnaro, Fernández, Garay y Rojo; Gago, Braña, Di María; Lavezzi, Higuaín y Messi. A.S.: Andújar y Ustari. Estuvieron en el banco: Zabaleta, Clemente Rodríguez, Desábato, Pérez, Sosa, Biglia, Maximiliano Rodríguez y Barcos. D.T.: Alejandro Sabella.
Paraguay: Villar; Piris, Da Silva, Alcaraz y Ortiz; Ayala, Riveros, Cáceres y Estigarribia; Fabbro y Santa Cruz. Suplentes: Silva, Barreto, Verón, Bonet, Samudio, Candia, Pérez, Oviedo, Dos Santos. D.T.: Gerardo Pelusso.
Goles: en el primer tiempo, a los 3 min Di María (A); a los 18 min Fabbro (P) de penal; a los 30 min Higuaín (A). En el segundo tiempo, a los 19 min Messi A).
Cambios: en el segundo tiempo, a los 13 min Cardozo (P) y Valdez (P) por Fabbro y Santa Cruz; a los 20 min Palacio (A) por Lavezzi; a los 28 min Benítez (P) por Estigarribia; a los 34 min Guiñazú (A) por Di María y a los 43 min Biglia (A) por Braña.
BAJO LA LUPA
ROMERO (5).- Es difícil evaluar a un arquero que no tuvo que intervenir. Apenas un remate desde afuera del área en el segundo tiempo que tuvo que controlar con alguna dificultad.
CAMPAGNARO (6).- Cumplió. No es un marcador de punta y, por lo tanto, desconoce algunos secretos que tiene el puesto. Sin embargo, se animó a proyectarse un par de veces en el segundo tiempo.
FERNÁNDEZ (5).- Buenas algunas y otras que no fueron tan firmes en cuanto a su resolución. Necesita jugar mucho y tratar de complementarse con Garay. Apuntan a ser la dupla central titular de Argentina.
GARAY (6).- Trabajó bastante en el segundo tiempo, sobre todo cuando los paraguayos metieron muchos centros en el segundo tiempo.
ROJO (5).- Se quedó contenido, sin arriesgar demasiado y hasta permitiendo que sea Campagnaro el que se sume al ataque. Cumplió.
GAGO (6).- Es un jugador que le sirve y mucho a la selección. Se complementa y lo ayuda a Braña, pero también aporta en el armado del juego y hasta llegando por sorpresa a posiciones de ataque.
BRAÑA (6).- Jugó al límite y cumplió en lo que se refiere a la contención. Cometió un penal totalmente innecesario. Siempre bien parado y efectivo en el trabajo de presión sobre la pelota.
DI MARÍA (8).- El primer tiempo de “Fideo” fue excepcional. Hizo todo bien, se puso el equipo al hombro, convirtió un golazo y fue clave en el manejo de la pelota, hasta por encima de Messi en algunos pasajes.
LAVEZZI (6).- Arrancó para comerse la cancha, participó en el primer gol y le ganó el duelo a Ortiz en el primer tiempo. Después se fue desvaneciendo su trabajo.
HIGUAÍN (7).- Enorme definición en el segundo gol argentino, aprovechando una falla de un paraguayo para colocar la pelota lejos del alcance de Villar.
MESSI (8).- Dos tiros en los palos y un golazo de tiro libre. Además, se destapó en la parte final del primer tiempo y el arranque del segundo.
PALACIO (5).- No modificó en demasía el trámite del partido, que fue favorable a la Argentina en casi todo su desarrollo.
GUIÑAZÚ.- Se paró como volante por izquierda y estuvo cerca en una maniobra que se fue afuera.
BIGLIA.- Pocos minutos en la cancha.