A propósito de un proyecto de legislación

Unidad económica o unidad tecnológica

El autor sostiene la importancia de actualizar un concepto que fue exitoso en el pasado pero no se adecua a la actualidad productiva. Si las condiciones materiales que lo originaron han desaparecido, es necesario un remplanteo integral del tema.

Unidad económica  o unidad tecnológica
 

Néstor Vittori

Ex presidente de CARCLO y CARSFE

Desde hace muchos años, cada vez que se ha planteado esta cuestión, he manifestado que el concepto de unidad económica agraria, no es una categoría ontológica actual, toda vez que han desaparecido las condiciones materiales, que en su momento lo sustentaron.

En su momento, respondió al desarrollo del proceso colonizador, donde se rompieron los grandes latifundios, para dar lugar al asentamiento de familias agrarias, en su gran mayoría inmigrantes, ya que los nativos carecían de cultura agrícola. El concepto de unidad económica respondió a una idea de subdivisión de la tierra, según su aptitud, para sostener la permanencia de la familia asentada en la misma, a partir de la renta excedente de su producción. En esto se consideraron dos aspectos:1) la aptitud agrícola del suelo y 2) la capacidad laborativa de la familia asentada, medida por el número de sus miembros.

A partir de ello se habilitaron las áreas colonizables, y considerando la capacidad laboral de la familia se otorgaron distinto número de concesiones, que fueron la medida de la subdivisión adjudicable (33 has. por concesión).

Este sistema que fue muy exitoso en el desarrollo agrícola de la Argentina. Estaba estructurado en torno a una capacidad laborativa de base esencialmente física, donde los enseres y útiles de labranza tenían un rol rudimentario.

En la actualidad, producto del intensísimo desarrollo tecnológico aplicado a la producción agraria, aquellos orígenes han quedado en buena medida para los museos, y se impone una visión de la unidad económica desde una perspectiva donde el rol de la familia agraria, no sea factor de atraso tecnológico por incapacidad de afrontar el costo de acceso a las nuevas tecnologías, en razón de que las mismas implican procesos de amortización, que resultan inviables para pequeñas superficies.

Cambio de fisonomía

Este hecho ya ha ocurrido y sus efectos han sido la migración de los antiguos colonos a los pueblos y ciudades cercanos, arrendando sus tierras a los nuevos emergentes tecnológicos que son los contratistas, que en función del volumen de su trabajo pueden acceder a las modernas tecnologías. En no pocos casos, estos contratistas han terminado comprando las tierras arrendadas, en virtud de haber logrado mediante la tecnología y la escala una eficiencia económica que les ha permitido generar lo excedentes necesarios para acceder a la compra de la tierra.

Creo que así como la institucionalidad colonizadora fue una eficientísima herramienta de desarrollo económico en su momento, la legislación que se propone es una mirada hacia atrás, inútil, y peor aún obstaculizadora del aprovechamiento de los cambios producidos, donde la dimensión de la superficie no es una limitante.

Quizá sería necesaria una nueva legislación que contemple esos cambios, pero también que sostenga a la familia agrícola en el espacio rural, en lugar de concentrarla en las ciudades.

Para esto, se necesita no solamente nuevas formas institucionales, sino también políticas estables que marchen en esa dirección.

Cada vez que se plantea esta cuestión, lejos de solucionar los eventuales situaciones limites de subdivisión que son muy pocas, aparece la sospecha, de que se crean situaciones para satisfacer honorarios profesionales y cuando no peajes burocráticos.

Creo que el debate en torno de la cuestión mayor, que es la aplicación de la teoría del ordenamiento territorial, aún no está saldada, porque pretende colocar en manos de técnicos en una clara construcción corporativa, la decisión de qué hacer con la tierra, limitando así las potestades del derecho de propiedad a disponer el destino de la misma por su propietario en función de sus proyectos productivos, consagrado por nuestra Constitución Nacional.

Los propios productores a través de su historia productiva, han diseñado un ordenamiento territorial de racionalidad básicamente económica, que inevitablemente sigue a patrones ecológicos, y son muy pocos los casos en que sus decisiones han resultado en la degradación de los suelos, que es el recurso básico a cuidar.

Si solamente los técnicos pueden determinar el destino productivo de los suelos, seguramente la Argentina agrícola no se hubiese desarrollado, y la historia recién empezaría.

Presumir que los productores son incapaces de decidir lo mejor para su propiedad, constituye una verdadera discriminación intelectual, que supone la consideración de una minuscapacidad que los invalida y por ello necesitan tutores para que los guíen en sus pasos. No hay que olvidar que la argentina agrícola tiene más de 160 años de historia y a esta altura, le sobran obstáculos.

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Libre albedrío. Para el autor, apelar exclusivamente al criterio de los técnicos va en desmedro de los productores, quienes mejor conocen las características de sus campos. Foto:Archivo

Los propios productores a través de su historia productiva, han diseñado un ordenamiento territorial de racionalidad básicamente económica, que inevitablemente sigue a patrones ecológicos, y son muy pocos los casos en que sus decisiones han resultado en la degradación de los suelos, que es el recurso básico a cuidar”.

Néstor Víttori