Al margen de la crónica
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Escuela de mariachis
Pese a que para algunos ser mariachi es un estilo de vida cuya escuela es la calle y su clave del éxito la experiencia, México ha decidido profesionalizar a estos músicos y hacer que sea posible conseguir un título oficial en la primera escuela del mariachi.
“Queremos que se les reconozca como músicos, que tengan un grado, un certificado en música y posiblemente eso cambie la ideología que existe sobre la música del mariachi”, dijo Leticia Soto, quien será la directora de este centro. La presentación de esta escuela se produce meses después de que la Unesco decidiera incluir al mariachi en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por ser una expresión única y representativa de todo México.
El próximo 8 de octubre, un total de 72 jóvenes mexicanos de una edad cercana a los 14 años comenzarán las clases en esta escuela, ubicada a un costado de la que es la cuna de la música mariachi, la plaza de Garibaldi de la capital mexicana.
Tres años de estudios en los que cursarán asignaturas como historia del mariachi, entrenamiento auditivo o técnica instrumental en alguno de los instrumentos básicos para que el mariachi suene, esto es, vihuela, guitarra, guitarrón, violines y trompetas.
La escuela es un proyecto de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal y dependerá del Centro Cultural Ollin Yoliztli, un espacio del gobierno para la promoción, difusión y educación artística y cultural.
Según contó el director de este centro, Federico Bañuelos, uno de los motivos para la creación de esta escuela es que les “picó” el hecho de que en Estados Unidos haya universidades con licenciaturas o estudios de posgrado con el tema del mariachi y en México no había nada que les diera a los músicos “esa preparación y ese respaldo académico”.
“Teníamos una deuda histórica que se remite al siglo XVII o XVIII, porque es algo que ha estado muy desatendido también”, dijo Bañueños.
Aunque la escuela estará enfocada en el mariachi popular, también contará con un área de investigación y documentación para rescatar aquella parte de este arte en peligro de extinción, el mariachi tradicional.
En la plaza de Garibaldi, en donde casi a cualquier hora del día puede encontrarse a un mariachi dispuesto a cantar una ranchera o un corrido, no todos están de acuerdo con que a su profesión se le dé un título, pues para muchos es un estilo de vida que se adquiere precisamente allí, en la cuna de este arte.
“No hay necesidad de escuelas, eso se trae en el corazón” dijo Miguel Ángel Núñez, quien a sus 60 años lleva 40 años ejerciendo en esta mítica plaza a la que acuden mexicanos y turistas con ganas de empaparse de sabor mexicano.
Sin embargo, para Salud Bernal, de 43 años, una de las pocas mujeres que ejerce en un mundo dominado por lo masculino, la creación de la escuela será muy positiva.
“Hay que tener un amor a esta profesión para poder seguir ejerciendo, hay mucho que aprender de ella todavía, mucho repertorio e historia sobre ella misma que mucha gente desconoce” y que la escuela, opinó, ayudará a preservar.