Tras el asesinato en serie de 9 inmigrantes
Alemania puso a funcionar un registro de neonazis
Una esvástica en una calle cercana a la plaza de Agios Pantelimonas en una pared repleta de mensajes de extrema derecha y anarquistas, cuyos grupos protagonizan frecuentes encontronazos en Atenas. Foto: efe
Cruzará los datos en poder de las fuerzas de seguridad y los servicios secretos.
Gemma Casadevall - EFE
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EFE
Alemania activó hoy un registro central de neonazis, según el modelo creado para el terrorismo islámico e impulsado por la revelación tardía sobre una célula ultraderechista que durante años asesinó impunemente a inmigrantes por todo el país.
El caso de la autodenominada Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU) “nos abrió los ojos”, admitió el ministro del Interior, Hans-Peter Friedrich, y evidenció la necesidad de dotarse de un registro capaz de cruzar los datos de los 36 estamentos policiales y servicios secretos implicados en velar por la seguridad nacional.
“Se trata de trazar un panorama global juntando las piezas de un mosaico”, añadió el ministro, e impedir que se repita lo que en su momento la canciller Angela Merkel calificó de “vergüenza para Alemania”.
Es decir, que no se siguiera como corresponde el rastro de unos asesinatos en serie de nueve inmigrantes, todos ellos con la misma pistola, una Ceska 83 calibre 7,65 milímetros.
El nuevo registro central, inaugurado hoy por el ministro y emplazado en Berlín, almacenará datos tales como actas policiales, movimientos de cuentas bancarias, teléfonos e internet de los sospechosos o neonazis fichados.
Con ello se articulará un registro similar al que se creó en 2007 para canalizar toda la informaciones relativa al radicalismo islámico, tras reconocer en la ultraderecha un peligro terrorista que hasta ahora Alemania no había calibrado como tal.
Interior calcula que en el país hay unos 9.500 neonazis fichados como violentos, entre el colectivo de 25.000 ultraderechistas, con un cómputo de 16.142 delitos, según la estadística de 2011, de los cuales 755 fueron actos violentos.
Las dos mayores fuerzas ultraderechistas del país -el Partido Nacional Democrático (NPD) y la Unión del Pueblo Alemán (DVU), con escaños en dos parlamentos regionales- suman 15.000 militantes, mientras que el resto se reparte entre 200 formaciones.
El gran desafío para las fuerzas de seguridad es la enorme diversificación del espectro neonazi en grupos locales, las llamadas “Camaraderías”, así como los Autónomos Nacionalistas.
El giro de la estrategia policial igualmente diversificada hacia la creación de un registro centralizado se produjo tras salir a relucir casi por casualidad los asesinatos en serie de la NSU.
La existencia del grupo constaba en los archivos de Sajonia (este) desde finales de los años noventa, pero la policía no cayó nunca sobre sus tres integrantes, Uwe Böhnard, Uwe Mundlos y Beate Zschäpe.
Que el trío fue el autor de los asesinatos de nueve inmigrantes -ocho pequeños comerciantes turcos y un griego- se reveló en noviembre de 2011, a raíz del suicido de Böhnard y Mundlos, de 34 y 38 años, en un autocaravana, acosados por la policía tras cometer un atraco bancario. Zschäpe, de 36 años y presunta compañera sentimental de ambos, se entregó inmediatamente después, tras volar por los aires la casa donde vivían los tres. Desde entonces está en prisión, sin que haya trascendido nada de los interrogatorios a los que ha sido sometida.
El trío se financió todos ese tiempo atracando bancos, perpetró atentados, y su último asesinato conocido tuvo como víctima a una agente policial en 2007.
No se cruzaron los datos de los asesinatos de inmigrantes -que se tacharon de ajustes de cuentas entre bandas “de extranjeros“- y por tanto tampoco se reparó en que fueran cometidos por la misma arma.
Más comprometedor aún fue el goteo de revelaciones posteriores al doble suicidio y las detenciones de hasta trece presuntos cómplices, ya que al menos uno de ellos fue un confidente policial.
El propio Mundlos, como se reveló la semana pasada, había sido “requerido” por los servicios militares de inteligencia (MAD) como infiltrado mientras cumplía su servicio militar.