El cura que murió dos veces
Facundo Amarú Marangón.
DNI. 34.787.690.
Señores directores: Si bien todos sabemos que nadie muere dos veces, la segunda sepultura que tuvo el padre católico español que durante 28 años ejerció el sacerdocio en mi pueblo fue tan impensada como fuera de lugar, que en sentido figurado podría decirse que tuvo dos muertes. Apoyándome en la obra de Hugo A. Hulsberg que escribió la historia de Progreso vamos a relatar lo acontecido hace ya más de tres lustros.
Elías Molinuevo Villota nace en la provincia de Burgos en marzo de 1898 y en 1920 su primer destino es como capellán militar en el Sahara español, donde conoce a Francisco Franco. Ya como sacerdote viaja a la Argentina y su destino fue Castelar. Regresa a España, pero por desavenencias políticas regresa a nuestro país, y en 1948 se encuentra en Emilia, donde permanece un año. Luego pasa definitivamente -y hasta el final de sus días- a Progreso, donde realizó una importante labor pastoral, para muchos correcta por lo seria y severa, sin dejar de tener sus toques de humor, ya que empleaba de hecho su forma de hablar característico en el agregado de modismos y términos propios de su país. Todos recordarán su aversión para con los perros que acompañando a sus dueños se colaban en el templo y su disputa por expulsarlos.
Fallece a los 79 años de edad. Sus restos fueron velados en la iglesia y sepultados en el cementerio local, deseo que había manifestado por escrito y que se cumplió rigurosamente. Pero este párroco no descansaría tan en paz, ya que después de dos años aproximadamente se recibe en la comuna local una carta solicitando el traslado de los restos del padre para ser llevados a España, cosa que aparte de ser negada rotundamente fue tomada casi como un sacrilegio. Una sobrina viaja especialmente a buscar a su tío, pero tuvo que regresar a España sin lograr su objetivo. Pasa el tiempo y aparentemente todo había quedado solucionado, pero no fue así. Una noche para sorpresa de todos, el ataúd es sustraído. Después de un tiempo se estableció el itinerario que realizó. Primero lo transportaron a Santa Fe, para realizar un cambio de cajón, luego fue a Ezeiza, donde lo embarcan en un avión de la empresa Rusa Aeroflot, con destino a Madrid.
El avión nunca arribó a España, debido a que una explosión en medio del mar terminó con ella. Nunca se estableció lo sucedido. Si fue una bomba en el propio avión o un misil, ya que la Guerra Fría estaba en ese momento en su apogeo.
Ahora bien, ¿cuál era el motivo del empecinado traslado a España? Simplemente el dinero. Al haber fallecido allí un tío adinerado exigió que el sobrino cura que estaba sepultado en la Argentina tenía que descansar junto a él, y recién entonces los demás herederos podrían disponer de su fortuna.
A la segunda “muerte” del Padre Molinuevo se le pueden asignar varios calificativos, ya que sobre todo fue impensada, trágica, explosiva, y sin lugar a dudas definitiva. Nadie imaginó jamás que la mortaja final para él sería el inmenso Océano Atlántico.
El padre, lo único que quería era descansar en paz en un tranquilo camposanto de esta tierra de Dios, en Progreso, mi pueblo.




