EDITORIAL

Violenta reacción del titular de Afsca

Enterado del fallo de la Cámara Civil y Comercial de la Nación que prorroga la medida cautelar que protege al Grupo Clarín de la aplicación de dos artículos de la Ley de Medios cuestionados en su constitucionalidad, hasta tanto se produzca la sentencia sobre este tema de fondo, Martín Sabbatella, titular de la Afsca, tuvo una reacción que lo pinta de cuerpo entero. Y lo que muestra, evidencia los erróneos criterios de selección de personal de la presidencia de la Nación.

 

Desde su designación, Sabbatella ha trastabillado una y otra vez ante la consulta periodística, dejando al descubierto su falta de conocimiento de la materia que maneja. Hasta ahora, ha actuado más como un militante que como un funcionario. Sólo eso puede explicar que, ofuscado, dijera que “la Justicia argentina no está preparada para pelear con las corporaciones, porque gran parte está colonizada por esas mismas corporaciones”.

Cualquier estudiante de derecho sabe que la función de la Justicia no es luchar contra las corporaciones ni contra nadie, sino aplicar la ley a los casos que son sometidos a su análisis. De modo que esa sola afirmación lo descalifica, encuadre que se agrava cuando se suma la imputación de que gran parte está colonizada por las corporaciones.

En la efusión de su discurso, le agregó nuevos cargos: “elitista, corporativa y prebendaria”. Y sentenció sin trámite que se trata de “una Justicia que aún se resiste a producir los cambios profundos que se expresan en el seno de la sociedad y en gran parte de sus instituciones democráticas desde hace una década”.

No hace falta sumar nada para entender el pensamiento de Sabbatella y su concepción militante de la política. Para él, la Justicia no debería ser una garantía de imparcialidad frente a las partes que le someten su conflicto irresuelto, sino un cuerpo especial de tareas contra los enemigos del pueblo definidos por el comando unificado de la revolución nacional. Las garantías constitucionales, bien gracias; los derechos consustanciales de la democracia republicana, también. Al enemigo, ni agua.

El problema es que esta visión colisiona de lleno con las leyes vigentes en el país y con los tratados internacionales incorporados a la Constitución Nacional por la reforma de 1994. Sabbatella debería medir sus palabras a riesgo de quedar encuadrado en la cláusula constitucional de defensa de la democracia. Su concepción, explicitada a través de sus fogosas declaraciones, además de ofensivas para la Justicia, constituyen un claro alzamiento contra el sistema institucional de la Argentina.

La Corte Suprema de Justicia ya había marcado el camino a seguir en esta contienda judicial que ciega al oficialismo. Ordenó al juez de Primera Instancia que quedó a cargo de la causa, después de una seguidilla de recusaciones, que dicte su fallo sobre la cuestión de fondo, sentencia que será apelada por cualquiera de las partes que se sienta perjudicada por la decisión ante el tribunal de alzada y quizá llegar al final del camino a las manos de la Corte.