Perón, el Pampa y el futuro

Al conmemorarse el día de la maquinaria agrícola argentina, vuelve el recuerdo del Pampa, primer tractor “nacional”, cuyo nacimiento describe no sólo nuestra historia, sino algunos ribetes de nuestra idiosincrasia nacional.

Federico Aguer

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Cuentan que fue en Esperanza, allá por los 50, que en un discurso encendido, el entonces presidente Perón le declaró la guerra comercial a los EEUU, sin medir que gran parte de la maquinaria agrícola utilizada era importada de allí.

Redoblando la apuesta, anunció que a partir de entonces, a los tractores los fabricaríamos en nuestro país. “En tres meses estará listo en marcha el primero de una gran serie” dijo, sorprendiendo a propios y extraños.

Sus funcionarios tuvieron que salir entonces a cumplir un trabajo contrareloj para cumplir la promesa, a sabiendas que no había tiempo para llegar en tiempo y forma. Es por eso que luego de una encuesta, se decidió copiar al “Lanz Bulldog”, de origen Alemán. Se trataba de “un motor muy sencillo, de un solo cilindro, que trabajaba por autoencendido y que solo requería un calentamiento previo a la puesta en marcha, para lo que se utilizaba una lámpara a bomba alimentada con kerosén”, dice Antonio Abel, un especialista en el tema.

Cuentan que se adquirieron dos unidades, una de las cuales fue desarmada por completo, convocando a proveedores de insumos a fabricar las partes necesarias para un trabajo en serie. El segundo, rugió por varios días junto al obelisco porteño, habiendo cambiado su azul original por un llamativo naranja, y su estandarte alemán por una insignia atravesada por dos alas que decía “PampaIAME-Industria Argentina”. Años después se instaló una fábrica que llegó a construir más de 3.700 unidades.

Si bien este símbolo es reconocido como el puntal de los “fierros” nacionales, la cosa ya había comenzado bastante tiempo atrás, con primer arado del esperancino Nicolás Schneider. O con Bartolomé Long y su primera cosechadora. Y con las primeras “corta y trilla” de los hermanos Senor. Y con Alfredo Rotania y su primera cosechadora automotriz del mundo. Mainero y Minervino, con sus cabezales para girasol, y Vasalli y Giubergia, con la cosechadora de maíz.

Luego, las idas y vueltas de nuestra política económica castigan y premian a la industria. Las políticas ultraliberales llevan a la ruina a muchos pioneros; pero la siembra directa, la incorporación de cultivos transgénicos, y recientemente la Agricultura de Precisión catapultan a la maquinaria local a los primeros lugares. La sustitución de importaciones, si bien benefició a algunas fábricas locales, ha frenado la normal provisión de repuestos.

Hoy, unas 500 empresas mantienen vivo ese sueño que comenzó en la cabeza de esos pioneros y se consolidó por un caprichoso cambio de timón. Dicen que fue sin planificación, pero con mucho futuro.