Educación, arte, ciencia, solidaridad, salud, deporte

Santafesinos del año 2012, seis historias para destacar 

Los elegidos en cada una de las categorías fueron distinguidos por las actividades que desarrollaron este año en la ciudad. Aquí cuentan cómo viven, qué hacen, cuáles son sus sueños y sus logros. Fueron seleccionados entre otras personas que todos los días trabajan para que Santa Fe viva, crezca y se desarrolle. Hasta el lunes, los lectores pueden votar en la página web: www.ellitoral.com para que uno de ellos sea “El santafesino 2012 elegido por la gente”.

De la Redacción de El Litoral [email protected]

Categoría: Arte

“Haber podido trabajar en Santa Fe es un privilegio”

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Juan Rodríguez es el director artístico y musical de la Banda Sinfónica Municipal Ciudad de Santa Fe. También es miembro titular de la Orquesta Sinfónica Provincial de Santa Fe, cargo que obtuvo por concurso de antecedentes y oposición. Estudio Dirección Orquestal de la mano del maestro Reynaldo Zemba y fue becario de escuelas de música de Estados Unidos. Fue uno de los ganadores del Concurso de Directores de las Américas, organizado por la Orquesta Sinfónica de Chile en la ciudad de Santiago.

— ¿Cómo empezaste el camino de la música y cuándo decidiste que querías ser director de orquesta?

— Empecé de muy chico. Hoy justo estaba pensando mucho en eso. Pasé prácticamente por todas las escuelas de música de la ciudad. Comencé a los 7 años en el Liceo Municipal tomando clases de percusión. Después decidí que quería tocar la trompeta y conocí a mi maestro Jorge Chiappero. Al tiempo, llegué a la Orquesta Sinfónica de Niños. Cuando empezó a dirigirme el maestro Reynaldo Zemba, me di cuenta que algo pasaba: verlo dirigir me producía una total admiración. Lo que él hacía con el movimiento de sus manos, lo que producía en la música. Ahí nació mi interés por la dirección y fue dándose paso a paso, él fue mi maestro.

— Recorriste un largo camino, ¿qué queda pendiente?

— No sé si hay algo que en este momento me saque el sueño. La vida me sorprendió siempre de antemano. Haber podido trabajar en mi ciudad, prácticamente en todos los organismos (en la Banda Sinfónica de la Policía, en la Orquesta de la Provincia, en la Banda Municipal Ciudad de Santa Fe), es un privilegio, eso me ha hecho plenamente feliz. En realidad más que pensar en lo que puede venir, no quiero que se me escape lo que me está pasando ahora. Todo esto es tan gratificante humana, afectiva y profesionalmente, que ojalá siga así.

— ¿Qué hacés todos los días?

— Usualmente arranco la mañana en mi escritorio escribiendo música, haciendo orquestaciones y estudiando para los ensayos. La tarde transcurre con la música y los músicos, aunque la gestión del lugar que ocupo como director de la Banda Sinfónica Municipal requiere también mucho tiempo administrativo, de papeles y eso. Así transcurre el año y las temporadas. Hay semanas que son básicamente preparatorias para los conciertos. Algunos trabajos llevan más tiempo que otros. Por ejemplo, el último que hicimos para la gala con Virginia Tola, me llevó muchísima preparación.


Categoría: Educación y cultura

“Me gusta mucho aprender cosas nuevas”

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María Pilar Fregona es estudiante de 4º año del Colegio El Calvario y este año obtuvo la medalla de oro en las XVI Olimpíada Argentina de Filosofía (UBA) al obtener el primer puesto entre cien participantes de todo el país. Es una apasionada lectora de los grandes filósofos y está esperando una invitación para viajar a Europa y participar de la instancia internacional y medirse con los mejores del mundo.

—¿Cómo te preparaste para las olimpíadas?

— En realidad no tuve que dedicarle tanto tiempo. Como fueron tres instancias y yo tenía el material, lo fui leyendo y estudiando con tiempo. Además, en las tres tuvimos el mismo material, por lo que cuando llegué a la última ya me lo sabía tanto que llegó un punto en el que dije ¡basta! y no lo leí más.

— ¿Qué te impulsó a presentarte en un certamen de filosofía, una materia que la mayoría considera difícil o pesada?

— La principal razón fue mi interés por lo nuevo. Durante años nos acostumbramos a las mismas materias, historia, matemática y este año empezamos las materias nuevas, como filosofía y sociología. Y a mí me gusta mucho aprender cosas nuevas y en particular este tipo de conocimiento, en el que uno tiene que reflexionar y pensar. Entonces lo tomé como un desafío personal, para empezar con algo nuevo.

—¿Cómo siguen las instancias internacionales? ¿Tenés decidido qué vas a estudiar cuando termines el secundario?

— Hasta no tener la invitación formal no podemos ilusionarnos con el viaje. Tampoco me dijeron si es seguro que sea en Finlandia, lo que sí sabemos es que es en una ciudad vieja de Europa. En febrero confirmarían la invitación desde la UBA, así que tengo que esperar. Respecto a qué voy a estudiar, todavía no lo tengo del todo decidido, pero probablemente filosofía.

— ¿Qué hacés todos los días?

— Depende. Si es un día de clases, a la mañana me levanto bien temprano para ir a la escuela. Cuando salgo tengo varias actividades: clases de canto, de inglés, de gimnasia y divido mi tiempo entre ellas. Además le dedico un rato a lo que tengo que hacer para la escuela. Esa es mi rutina.


 

Categoría: Salud

“Lo más difícil es que la gente se saque los prejuicios sobre el sida”

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La Dra. Laura Trosch hace 15 años trabaja en el Subcomité de VIH del hospital Iturraspe. Allí atienden, contienen, realizan tareas de diagnóstico y prevención con los pacientes que padecen la enfermedad. Una de sus metas principales es la de luchar contra la estigmatización de los pacientes.

— ¿Qué es lo más gratificante y lo más difícil de trabajar con pacientes que tienen VIH/Sida?

— Lo más gratificante es el reconocimiento, que es individual pero sumamente cálido. Es una población muy carente de afecto, se siente muy juzgada, muy mal vista, y por eso es tremendamente agradecida cuando se los escucha, se los trata de contener y se les da soluciones. El grupo del Subcomité de VIH del hospital Iturraspe es un equipo que trabaja muy bien. Es un grupo humano en el que no necesitás explicar las cosas, y en el que todos trabajamos para el mismo lado. Eso también es muy gratificante formar parte de un equipo así. Porque a este premio se lo merecen todos, yo estoy acá sólo por ser la más “bocona”.

— ¿Todavía hay muchos prejuicios en relación a esta enfermedad?

— Lo más difícil es intentar que la gente que trabaja en salud y el resto de la población se saquen los mitos y prejuicios que tienen sobre la enfermedad. El juicio que hacen todos es casi inevitable, siempre hablan sobre lo que habrán hecho los pacientes, pero los pacientes no hicieron nada, es más, muchas veces se la ligan de arriba. Y sin embargo todos los días tienen que explicar cosas que no tendrían, tienen que mentir, ocultarse y eso es feo. No tenemos que esperar hasta que todos tengamos un amigo, un familiar o un vecino que tenga el virus para darnos cuenta que es normal. Porque ahí se produce el clic, pero estaría bueno que todos nos demos cuenta ahora que los pacientes son personas normales.

— Pensando a futuro, ¿hay algún proyecto que te gustaría hacer realidad?

— Sí, poder hacer en Santa Fe una fundación para la atención de pacientes con VIH/sida que contemple no sólo la parte de salud sino que pueda brindar reinserción laboral y un montón de cosas que cuestan muchísimo; es decir, una atención integral. Pero aún es una utopía.


Ciencia, tecnología y desarrollo

“Santa Fe es una ciudad en la que hay gran cantidad de materia gris”

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Gerardo López es docente e investigador de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Facultad Regional Santa Fe. Se ha dedicado a la nanotecnología y desarrollo un tipo de revestimiento contra virus, bacterias y hongos, que incorpora nanoplata, y evita la fijación de estos organismos en las paredes. La “pintura bactericida” se está utilizando en el área de pediatría del hospital Santojanni y ahora también en el Garrahan en Buenos Aires.

— La nanotecnología es difícil de explicar y de imaginar, ¿qué te llevó a formar parte de la única empresa en el país que la aplica en procesos industriales?

— Yo estudiaba nanotecnología en el laboratorio, pero me di cuenta que tenía aplicaciones prácticas. Entonces me puse a buscar y logré interesar a un empresario que quiso invertir en estos procesos. Así, empezamos a aplicar la nanotecnología para desarrollar productos para un mercado que está en expansión.

Desarrollamos la primera pintura bactericida, que se aplicó primero en el hospital Santojanni y ahora también en el Garrahan. Hace poco se exportó un lote para la empresa Nestle de Perú. Otro producto es un estabilizador de suelos que se aplica en suelos naturales de tierra, a los que les mejora las propiedades, los estabiliza y no permite la formación de huellas, es menos costoso que el pavimento y muy funcional. Ese producto se exportó a Chile y a Bolivia, para mejorar los accesos a las minas y también se mandó un lote piloto a la India.

— ¿Qué planes y perspectivas tiene la disciplina a futuro? ¿Cuál sería tu mayor meta a alcanzar?

— Las perspectivas son muy amplias porque la nanotecnología se puede aplicar en todas las ciencias, en electrónica, medicina, remediación de impactos ambientales, etc. Nosotros hemos desarrollado nanometales, nanoplata, nanohierro, nanozinc, y tratamos de desarrollar productos en los cuales el nanomaterial formulado mejore la prestación o la función de materiales que hoy ya existen. Como ejemplo, la nanopintura, que a la vez que deja linda una pared también permite la asepsia del espacio. Ahora estamos avanzando en la aplicación de la nanoplata en materiales textiles, por ejemplo, en una tela de vestir que estaría preparada para no generar olor a transpiración.

— ¿Estas investigaciones pueden generar oportunidades para la ciudad?

— Nuestro objetivo es que el conocimiento que se genera desde la investigación académica y experimental pueda tener una eventual aplicación en productos a corto o mediano plazo. La principal materia prima de la nanotecnología es la materia gris y Santa Fe es una ciudad donde hay una gran cantidad de materia gris por metro cuadrado. Santa Fe es una ciudad académica, no sólo administrativa.


Acciones solidarias y comunitarias

“Quiero seguir trabajando en la Cárcel de Mujeres”

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—¿Cómo comenzó a dar clases de manualidades en la cárcel de mujeres?

— Hace 31 años, Monseñor Vicente Zazpe me invitó a que visite la cárcel de mujeres. Me pareció extraño. “Por qué a mí”, pensé, si yo no tenía nada que ver con el ámbito carcelario. Pero no se equivocó. Tenía mucha visión. Empecé con dos mujeres, la hermana Carmen del Colegio Verna y Mercedes Kolev. Pero a los dos meses, por problemas personales, dejaron y me quedé sola, hasta el día de hoy. Desde un principio fue mucha la apertura de parte de las autoridades de la Unidad 4 de la Cárcel de Mujeres. Gracias a ellos hoy sigo trabajando ahí. Tengo mis cuidados porque se que hay cosas que no puedo entrar, porque para las manualidades hacen falta muchos elementos, pero yo no llevo lo que no se debe y listo.

— ¿Cómo se siente trabajando en un ámbito difícil y cómo se lleva con el personal y con las internas?

— Tengo muchas satisfacciones, a cada paso, de todo el personal. Me quieren y yo los quiero a ellos. Son muchos años y la continuidad y la perseverancia hacen todo. En todos los ámbitos de la vida hay que ser perseverantes, pero en este caso en que no gozan de libertad, la perseverancia es más importante todavía. Con las internas el trabajo es muy satisfactorio. Me respetan, las respeto y así podemos seguir trabajando todas las semanas.

— ¿Alguna meta que quieras alcanzar?

— Mi deseo es seguir visitando la Unidad 4 todos los días. Es mucha la felicidad que me da ir a trabajar y a compartir. Como creo en Dios y sé que todos tenemos un camino, lo único que espero es que el mío sea seguir trabajando con las manualidades en la Cárcel de Mujeres.

—¿Cómo es la rutina de cada día?

— Con actividades desde muy temprano a la mañana hasta finalizar el día. Y todos días... Mi descanso es trabajar. Cuando uno es mayor necesita hacerlo porque ayuda, no solo la actividad física sino también la mental.

Noemí Camusso hace 30 años que está a cargo del taller de manualidades en el que se capacitan las internas del Pabellón 4 de la Cárcel de Mujeres. Su actividad es totalmente ad honorem y la realiza a partir de recursos propios y de la colaboración desinteresada de algunos comercios de la ciudad. Como reconocimiento a su trabajo cotidiano, el Gobierno de la Provincia la homenajeó este año poniéndole su nombre a la sala que remodelaron y ampliaron para poder dar los talleres.


Categoría: Deporte

“Cuando estaba en la final olímpica pensé: mirá hasta donde llegue”

Rubén Rézola tiene 21 años y fue uno de los representantes de Santa Fe en las Olimpíadas de Londres 2012. Compitió en canotaje en la categoría K2-200 junto al rionegrino Miguel Correa, y llegaron en el quinto lugar en la final, lo que les permitió obtener un Diploma. Además, el joven deportista había obtenido una Medalla de Plata en los Juegos Panamericanos de Guadalajara del año pasado.

— ¿Es muy duro el entrenamiento para competir en canotaje a nivel internacional?

— Cuando estoy entrenando divido mi semana en dos tipos de rutina. Las más largas son los lunes, miércoles y viernes. Esos días me levanto a las 7 o a las 8 si estoy en Santa Fe, y si estoy concentrando a las 6. Arrancamos el entrenamiento con dos rutinas antes del mediodía, después almorzamos, dormimos una siesta larga (que en verano es más larga por el calor) y a la tardecita otra vez a entrenar o a correr o al gimnasio. Los martes y jueves hacemos medio turno de dos sesiones (de entrenamiento, de gimnasio o de correr). Lo máximo que hago son tres sesiones por día. Cuando estoy concentrando es más o menos lo mismo, aunque cuando estoy en Santa Fe es más cómodo porque estoy en casa y aprovecho para estar con mi familia. En cualquiera de los casos, la siesta es fundamental.

— ¿Por qué elegiste el canotaje? ¿Qué sentiste el día que supiste que podías llegar tan lejos?

— Elegí el canotaje porque siempre me gustaron los deportes de agua. A los 2 años empecé a hacer natación, hasta más o menos los 11. Por esa época, le pedí a mi mamá que me llevara a canotaje, y así empecé.

Nunca se sabe que uno va a llegar tan lejos, aunque uno siempre se lo propone. Me pasó que cuando estaba en la final olímpica pensé: “Mirá hasta dónde llegué y cuántos objetivos se pueden lograr”, y se me cruzaron un montón de cosas por la cabeza, todo lo que había hecho para estar ahí.

— ¿Cuáles son tus planes a futuro? ¿Qué metas querés lograr?

— Me queda ganar medalla en un campeonato del mundo y esperar los cuatro años que faltan para los próximos Juegos Olímpicos. Hay que ver qué pasa estos cuatro años. Espero estar ahí y lograr mejorar lo que hice en Londres. Aprovecho para agradecer a mis amigos, a mi familia, a Ohashi, al Gimnasio Temple, Qyu -que es un amigo que siempre me da una mano-, al Club Marinas y al Club El Quillá, que me abren sus puertas para entrenar, porque sin todos ellos, no podría haber llegado.