Sarmiento y los males que nos aquejan

Domingo Faustino Sarmiento. Ayer su cumplió el 202º aniversario de su nacimiento. Foto: Archivo El Litoral
Sarmiento y los males que nos aquejan

Domingo Faustino Sarmiento. Ayer su cumplió el 202º aniversario de su nacimiento. Foto: Archivo El Litoral
María Claudia Pettinari (*)
Cuando Sarmiento escribe “De la Educación Popular” (1849) detalla los males que aquejaban a las incipientes naciones de América latina, y hace de “la educación popular” una propuesta concreta de educación permanente para todos los habitantes de la América, como derecho a la vida republicana, como derecho a la libertad de pensamiento y contra cualquier tipo de abuso de poder.
“La mayor dificultad que a la difusión de la instrucción se opone entre nosotros nace de que no se quiere bien lo mismo que se desea; de que no hay convicciones profundas y que no se ha sondeado la llaga, ni apreciado suficientemente la extensión del mal. Cuando aquella convicción nazca de este estudio, la aplicación del remedio parecerá a todos, cosa fácil y hacedera, puesto que nada vamos a inventar, nada a crear que no haya sido puesto en práctica en diversos países, y dado resultados completos, habiendo todo el mecanismo de procedimientos, convirtiéndose en leyes y reglamentos vigentes, de una aplicación practicable, bajo todas las condiciones de localidad, y según cada grado de civilización y sistema de gobierno de las naciones que lo han ensayado. (“De la educación Popular”).
A 163 años de la obra citada, ésta resulta un severo llamado de atención, por no haberse logrado a la fecha, ni cuantitativamente ni cualitativamente, concretar plenamente el derecho a la educación permanente para todos y cada uno de los habitantes del territorio nacional.
A pesar de que los principios del derecho a la educación están expresamente enumerados en la Constitución Nacional, en las Constituciones Provinciales, en la Ley Nacional de Educación vigente, Nº 26206 de 2006, en las diferentes leyes de educación provinciales, (Santa Fe no tiene Ley de Educación), incluso en las resoluciones del Consejo Federal de Educación; todo lo dicho y declamado no llega aún al hecho, tampoco al derecho. Más aun, todos los diagnósticos son coincidentes: el 6% del presupuesto para educación sigue sin garantizar la enseñanza y el aprendizaje en un rango igualitario.
Es hora entonces de pensar en los cambios necesarios en educación, no como “otro” o “nuevo” listado de contenidos, o de “nuevas metodologías o “nuevas” áreas “a dar”, o en una carga horaria o grilla de materias para el jardín, la escuela, el instituto o la universidad. Las ideas del cambio tendrán que pensarse desde una propuesta curricular oficial, que como síntesis de la política social y cultural, busque cambiar la historia. Una propuesta curricular que se construya socialmente desde la escuela. Se trata de observar a la enseñanza y al aprendizaje como una oportunidad para el diálogo, para el cambio, la ruptura y la creación.
Es hora de empezar a pensar y sobre todo de trabajar socialmente en propuestas curriculares para una educación permanente, cuyo planteo atraviese la vida, la historia y la cultura de todos los hombres y mujeres argentinos. Hablamos de la necesidad de una propuesta curricular que, como “una práctica social de resistencia, de lucha social” (Alicia de Alba 1995), nos empiece a iluminar el camino del protagonismo ciudadano, hacia la superación de los males que nos aquejan, sin maniqueísmos, ni falsas profecías.
La educación no se nutre de falsos protagonistas que hacen lo que se les dice, menos de espectadores y de falsos escenarios ajenos a la realidad. Sarmiento, en el siglo XIX nos dejó la posta. Es hora de empezar a trabajar desde la política educativa en definiciones curriculares que formen al ciudadano, alumno, docente, padre, vecino, como ser histórico y social, un ser consciente de su propia construcción y cambio. Un ser protagonista en y desde la realidad que vive cada día. Docentes, alumnos, padres, sociedad tendremos que asumir que somos responsables de esta realidad, porque fundamentalmente somos protagonistas del conocimiento, y tenemos que actuar en consecuencia. Y, como Sarmiento, cuestionar, ¿por qué se enseña lo que se enseña?, ¿en qué consiste el saber?, ¿de quién es ese saber?, ¿quién y cómo se produce?, ¿quién habla a través de los textos?, ¿a quién se silencia?, ¿quién se beneficia?
Solamente cuando nos apropiemos de la historia y de la cultura, podremos empezar, en cada jardín, en cada escuela, en cada universidad, a definir curricularmente esa educación, esos conocimientos (no tanto los contenidos), que necesariamente tienen que estar presentes para la formación ciudadana, libre y democrática.
¿Podremos empezar a concretar una propuesta educativa curricular que enseñe (al soberano), al habitante de la república, a identificar la producción discursiva vacía, el discurso deliberadamente hueco y superficial que ataca, sin resolver los problemas, de la política democrática y responsable? Porque será desde el respeto a la Constitución Nacional, y a las leyes vigente, en la resolución de los conflictos que nos aquejan -seguridad, inflación, trabajo, salario, producción, salud, pobreza- , que podremos empezar a definir políticamente una propuesta educativa permanente que nos alerte sobre los discursos y las acciones que exponen una hostilidad y atacan deliberadamente los mecanismos representativos de la democracia en los que se sustenta la República.
Reconocida, e incluso criticada aun hoy, es la aversión que Sarmiento tenía hacia el caudillismo latinoamericano y a los regímenes autoritarios, con sus tendencias verticales que dicen una cosa y hacen otra. De allí su lucha por “una propuesta educativa y popular” (Sarmiento. 1849) Y será desde una propuesta educativa que valore la vida cotidiana, la lectura de diarios, la interpretación de la información, el ejercicio de la vida pública, el disfrute de espectáculos públicos y el contacto con los otros ciudadanos, que logremos este continuo aprendizaje, que culminará sólo con la vida misma.
(*) Asociación Civil “Instituto Sarmientino de Santa Fe”.