llegan cartas
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Sobre El Birri
Alicia Talsky.
Señores directores: Hace pocos días quienes transitamos como ciudadanos, como público o partícipes de encuentros, espectáculos o jornadas en el Centro Cultural El Birri nos vimos conmovidos ante la información que circuló espontánea y velozmente. El municipio había irrumpido de modo sorprendente y violento, ¿procurando recuperar espacios? Esta no es una pregunta, es una reflexión amarga frente a lo incomprensible.
Los hechos que siguieron son por todos conocidos: policía presente en el lugar, detenidos, indignación, consenso social multitudinario, marchas, organizaciones representativas trabajando conjuntamente en defensa de lo que se considera -con justicia- un ámbito de trabajo y participación. Las opiniones escuchadas en los diversos círculos, hasta en los habitualmente sindicados como conservadores o desconocedores del tema poblaron los muros y redes: ¿‘no había otra forma de actuar‘? ¿‘no había otra forma de iniciar negociaciones‘?... Y aún más...‘si había cuestiones a modificar de parte de los actores y soportes del Birri, no era preciso convocar, intercambiar, plantear primero por escrito y públicamente la necesidad de esos cambios?‘
Según informa la prensa el día 27, ante la denuncia penal formalizada por parte de la Asociación Civil El Birri, el diálogo nunca iniciado está terminado. Suena a ciencia ficción. Mientras esto sucede e involucra a una gran parte de la sociedad por el hecho en sí mismo y por la suma de cuestiones inherentes a políticas municipales, entre otras graves y crecientes amenazas de erradicación en los barrios del NE, el grado de tensión aumenta. Y es en ese punto donde -por antecedentes similares en otros ámbitos y jurisdicciones a lo largo del tiempo- asoma la preocupación por la secuencia, las estrategias de partidos diversos en la capitalización de un conflicto que seguramente pudo evitarse.
Estremece de pronto que una tarde, al calor de los debates, nos escuchemos diciendo “Qué bueno que esto haya sucedido!”... Porque no es este el camino de construir alternativas y porque si bien seguramente será aprovechado el terreno -con legítimos ‘galones‘ o sin ellos- nuevas problemáticas sacudirán a los viejos o nuevos garantes o poseedores.
Resulta ingenuo, extemporáneo o iluso remontarse al pasado como si éste no fuera real, pensando: “Ojalá la dictadura no hubiera dejado esqueléticos ámbitos desesperanzados y vacíos generacionales”. “Del mismo modo.: ojalá no hubiera existido el menemismo y sus cómplices en todas las geografías, de ese modo tendríamos quizás los trenes”. La realidad fue otra y en ese sedimento, con contradicciones, quiebres, ilusiones, intentos, errores y potencialidades un grupo de jóvenes, otros adultos y el barrio mismo poblaron de niños, artistas, voces e ideas paredes descascaradas hasta sostenerlas literalmente...
Al fin, entre tanto interrogante o sendero en busca de salidas ¿podría pensarse -con buena dosis de ilusión pero con cierta perspectiva posible- en un centro cultural independiente con una novedosa figura jurídica como paraguas, bajo el amparo de provincia, nación y municipio; una especie de centro de gestión autónoma con subvención mixta donde diversos partidos -todos con soberbia resignada y pequeñas islas de acierto- se atrevan a sentar un precedente de transparencia y productiva creatividad?
¿Será también esto pensar en términos de ficción?