Edición Jueves 14 de marzo de 2013

Edición completa del día

Edición impresa del 01/12/2019 | Todos los Títulos

EDITORIAL

Una impronta para el mundo

La sorpresiva consagración del argentino Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice del catolicismo abrió lo que se espera será una nueva etapa para la Iglesia en todo el mundo, marcó un hito histórico al entronizar por primera vez a un cardenal latinoamericano y llevó tranquilidad y esperanzas a millones de fieles que siguieron los pormenores de la elección en una expectante vigilia.

 

La magnitud del hecho trasciende con holgura la mirada reduccionista que pretendió abarcarlo a partir de la mezquina lógica de la política doméstica, y dio pie a expresiones amparadas en ella como patético parámetro para juzgar una trayectoria e intentar encuadrarla en una que se ajuste al rol de “jefe opositor” y enemigo que el kirchnerismo le asignó al ex arzobispo de Buenos Aires.

Más importan, en todo caso, el ideario y la personalidad de Bergoglio, en la medida en que de ellos sí se desprenderá la impronta de su futuro papado. Y a esos efectos resulta pertinente y valioso analizar sus dichos y sus actos, más allá y muy por encima de que eventualmente haya podido molestar al circunstancial gobierno argentino y sus temporales personeros.

Importa que la pobreza haya sido objeto de su preocupación y eje recurrente de su mensaje, que haya cuestionado la insaciabilidad de los ricos, advertido contra las divisiones internas y los enfrentamientos fraticidas, combatido la pretensión de hegemonizar el pensamiento y “el autismo del intelecto”.

Importa que haya defendido el derecho y la obligación de la Iglesia de sostener su propia mirada y propuesta de vida, aún a contrapelo de lo aceptado como políticamente correcto, y si fuere menester convirtiéndose en “la piedra del zapato” de quienes no admiten la disidencia ni la crítica. Importa que jamás haya cesado en la brega y la gestión por el diálogo, abogando por la tolerancia y abominando de la crispación, sin detenerse en las simpatías o antipatías que ello pudiere granjearle, ni amilanarse por el automático y malicioso etiquetamiento resultante.

Hoy, ese mismo hombre que vivía en un cuarto sencillo y utilizaba el transporte público para movilizarse, y que alguna vez fue parte de la comunidad santafesina como educador, lleva a otra escala y dimensión la sencillez, la austeridad y el compromiso que de esa manera mostró. Es en ese plano en que el anecdotario, el testimonio de quienes lo trataron personalmente, su formación jesuítica, el registro periodístico de su actuación pública y el reflejo de su pensamiento adquieren trascendental relevancia.

Es por eso que, en los mismos términos, la afloración del orgullo patrio y el folklore autocelebratorio son parte inescindible del histórico acontecimiento, pero no pueden exceder lo momentáneo, ni mucho menos efectuar proyecciones vinculadas con la nacionalidad. Motivo de disgusto para algunos, de alegría para otros y de expectativa para muchos más, Francisco es ahora depositario de la mirada de todo el mundo, y lo será de la historia.



tapa
Opinión
El argentino m�s importante de la historia
por Jos� Curiotto
Suplementos
Necrológicas Anteriores