LOS PROBLEMAS DE LA EDUCACIÓN EN LA ARGENTINA. XII

El acceso a la universidad

Sabio fue el hombre que dijo que no hay peor desigualdad que tratar de igual manera a los que no son iguales. Felix Frankfurter

Continúo con el análisis del sistema universitario Argentino. No me cansaré de afirmar que, por el momento, en busca de la mayor inclusión social y la igualdad de oportunidades, es indispensable no poner ningún obstáculo para que los estudios universitarios sean accesibles por el medio más amplio y generalizado posible para todos.

Para lograr este objetivo hay varios caminos. Pero en el fondo, se pueden reducir a dos: i) organizar y aplicar de una manera mucho más exigente y extensa los cursos de preparación y los exámenes de ingreso, y ii) remediar todas las falencias con un año completo de nivelación de conocimientos y a continuación tomar el examen de ingreso. Pero en todos los casos, el asunto pasa por corregir los problemas que hay antes del ingreso efectivo a la universidad. Eso no significa que se haga el paso por la universidad con menos exigencias o con facilidades absurdas e ineficientes como veremos más adelante, sino que se debe buscar la forma de hacer más asequibles las cosas más difíciles, lo que sólo se logra cuando se sabe lo que se debe hacer y cómo hacerlo bien.

En la primera opción, hay dos aspectos que se deberían solucionar: i) dictar los cursos en horarios que no interfieran con las actividades habituales de los alumnos (que no es sencillo), y ii) multiplicar por tres o por cuatro los horarios dedicados hoy a estas tareas (también muy difícil), lo que puede significar también ayudar económicamente a los que lo necesiten. En cualquier caso, veo esta opción como la que “aparece” más fácil de imaginar cómo llevarla adelante y la que tiene más probabilidades de terminar en un fracaso. Porque los remedios parciales no alivian las enfermedades graves. Pero en aquellos casos en que las fallas son leves, con bastante dedicación, podrían remediarse. Y existe la forma de saber a quiénes se les podría aplicar. Para eso, ya en el año 1993 en el seno del Ministerio de Educación, como uno de los proyectos elaborados por una comisión interdisciplinaria, habíamos propuesto la realización de los Exámenes Nacionales de Aptitudes Básicas (ver El Litoral del viernes 18 de noviembre de 2011). Sobre esta base se podría decidir por un camino u otro.

Pero para la mayor parte de los estudiantes, se debería recurrir a un sistema de nivelación de duración anual. Conozco la objeción y se equivocan al hacerla: el costo y el tiempo. Es un argumento que pierde todo su peso si se piensa en el valor de lo que significan las deserciones y la bien conocida e injustificada duración de las carreras universitarias aun para los estudiantes que no trabajan.

Permítaseme describir la que considero la solución de fondo. Y tomar, por ejemplo, el área de las grandes ausencias: las ciencias exactas y las ingenierías. Durante un año, se deberían reforzar los conocimientos básicos de matemática, física, química, informática y lógica. Se podrá argumentar que se puede lograr lo mismo en el primer año de la universidad. No es conveniente ni realista, ni se pueden dar esos contenidos como parte de la carrera. Y además, no se deben reunir los alumnos con problemas con aquellos que no los tienen. Los primeros se sienten inhibidos de mostrar sus falencias y preguntar -sin sentir vergüenza- hasta que se les despejen todas las dudas. Esto, cualquier docente sabe que es la realidad de todos los días.

El segundo paso consiste en elegir con sumo cuidado a los que tienen que enseñar. Nos equivocamos si seleccionamos como profesores a los jóvenes recién recibidos con escasa experiencia, que pocas veces se han enfrentado con casi adolescentes con dificultades, confusiones y obstáculos o profesores que están ansiosos para que les llegue la merecida jubilación. Ésta es una tarea en que la vocación por enseñar, la paciencia para repetir hasta el cansancio los conceptos más complicados hasta que sean claramente aprehendidos y la experiencia en saber cuáles son los que ofrecen mayores dificultades, es fundamental.

El tercero es el método de reafirmación de lo aprendido. Un conocimiento en estas disciplinas se entendió cuando se sabe aplicar. Por lo tanto, la ejercitación deberá ocupar más del cincuenta por ciento del tiempo presencial de los estudiantes. El profesor tiene que estar seguro de que lo que dio en la teoría se sabe usar y, por sobre todas las cosas, que la ejercitación ha sido llevada a cabo en forma absolutamente individual, sin la ayuda “voluntaria o involuntaria del que está sentado al lado”. En todo caso, si

No se deben reunir los alumnos con problemas con aquellos que no los tienen. Los primeros se sienten inhibidos de mostrar sus falencias y preguntar -sin sentir vergüenza- hasta que se les despejen todas las dudas.

necesita apoyo, se lo debe dar el docente para saber dónde están las falencias. Porque el error pudo haber sido el resultado de algo que no se maneja con seguridad y proviene de una vacancia mucho más fundamental y previa que había quedado sin entender bastante más atrás. Y en todas estas disciplinas, los saberes son acumulativos.

El cuarto es el sistema de seguimiento. De nada vale hacer un esfuerzo económico importante y dedicarle mucho tiempo (al menos cuatro o cinco horas diarias frente a alumnos) si no se asegura que lo que se está enseñando se está incorporando simultáneamente como conocimiento adquirido, sólidamente afirmado y por sobre todas las cosas, no memorizado sino integralmente razonado. ¿Qué se debe hacer para esto? Tomar evaluaciones cortas y muy frecuentes, prácticamente casi todas las semanas y donde haya dos tipos de “mediciones” de lo entendido: i) las de la teoría, que se deben hacer a libro, apuntes y celular cerrado, sobre los conceptos. Nada de demostraciones que se pueden memorizar, y ii) las ejercitaciones que se deben poder hacer consultando la bibliografía, pero con muchas preguntas y tiempo muy acotado para responderlas, para tener la certeza de que no se está tratando de estudiar en ese momento lo que no se sabe. Y si en el seguimiento, un porcentaje elevado del curso fracasa, hay que preguntarse si en parte, algo o mucho de culpa no la tiene el profesor que no explicó las cosas como corresponde. Al estudiante que tenga problemas en las pruebas de seguimiento y haya un cierto grado de certeza que la falla no proviene de una indolencia voluntaria, el docente deberá dedicarle horas extras de recuperación, hasta que se haya encarrilado de nuevo.

En otras palabras, se trata de lo siguiente. Como se mencionó en el artículo del 18 de noviembre de 2011, la segunda prueba del Certificado de Aptitudes Básicas es voluntaria para los que desean ingresar a la universidad. Para aquellos que por las razones que sean, pero muy especialmente por problemas económicos, tengan dificultades, se les debe dar la oportunidad de corregirlas sin que deban pagar el costo de las academias particulares. Y con las becas para los estudiantes con carencias económicas, se los coloca, al menos en parte, en un pie de igualdad con el resto.

¿Se resuelve con esto todo el problema? Ciertamente no. Falta compensar el inconveniente de la insuficiencia de ingresos de la familia ya que, como consecuencia de que el joven que la integra, para poder ingresar con menos dificultades a la universidad, en lugar de trabajar, estudia, dejando de aportar a la economía familiar; y lo seguirá sin hacer durante toda la duración de la carrera para cursarla en condiciones razonables. Nuevamente, el Estado deberá intervenir para ayudar a la familia del estudiante que se decida por este camino, compensando la ausencia de esta entrada con un sistema de sostenimiento del grupo familiar que se empeña por cambiar de situación por la vía de la educación.

En este caso, con un costo que alguien podrá calificar como elevado (yo lo reputo como excepcionalmente bajo) el Estado está haciendo una doble inversión que redundará en un beneficio para el país. Porque habrá dado la posibilidad de capacitación de una persona que por otros medios no podría lograrla y, si lo hace de una forma organizada, justa y controlada, sin ninguna forma de clientelismo, estará haciendo el aporte más seguro que se pueda concebir a la familia para mejorar la inclusión social de un sector muy importante de la sociedad.