Habla Herzog

“Manual de supervivencia”, que acaba de publicar El Cuenco de Plata, recoge una extensa entrevista realizada en 2008 por Hervé Aubron y Emmanuel Burdeau al director de grandes filmes como “Fitzcarraldo”, “Nosferatu, vampiro de la noche” o “Aguirre, la ira de Dios”. Aquí extractamos algunos pasajes en los que resuena clara la voz de Herzog.

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Klaus Kinski en “Aguirre la ira de Dios”, de Werner Herzog.

 

Por Werner Herzog

Desconfiar del arte

Quisiera hablar, entre comillas, del arte moderno. Podemos comprender en qué situación está el arte observando el mercado del arte, las subastas, el mundo de las galerías. Hay algo ahí profundamente inquietante y extremadamente sospechoso. ¿Cómo pueden los “artistas” dejar que el arte sea eso en lo que se ha convertido? Asistimos a una completa distorsión de los valores.

Cinéfilo

Soy tan cinéfilo como es posible serlo. Adoro el cine. Pero no necesito ver tres películas por día. Me basta con ver tres buenos filmes al año. En un año que sea de una buena cosecha para el cine, se producen cinco o seis buenos filmes en el mundo. No más.

El estilo

El estilo no se fija en un rictus. Me burlo del estilo. La sustancia de mis filmes está en otra parte. Pero no hay que malinterpretar mis palabras: si nunca me preocupé por el estilo es porque el estilo, inevitablemente, se impone a través de mí.

La política

Comprendo la política en un nivel muy profundo porque comprendo determinados aspectos de la historia. Desde esa perspectiva, comprendo la política. Pero en verdad nunca tuve talento para ingresar en la vida política. Por lo tanto, la política me ha pasado de largo. Lo que no me preocupa.

La violencia de los ‘70

Todo el mundo en el cine y en la literatura declaraba que el Estado alemán era un Estado represivo, fascista, y que la única salvación para nosotros era disolver Alemania en comunas socialistas, comunistas... Pero en aquella época, a los 22 ó 23 años, yo ya había viajado mucho. Había estado en África, había visto cosas, sabía lo que eso quería decir. Todas esas personas hablaban de la clase obrera, pero yo había trabajado dos años y medio como soldador en una metalúrgica. Hacía el horario nocturno, desde las 8 de la noche hasta las 6 de la mañana. Trabajaba los sábados y domingos. Sé lo que quiere decir pertenecer a la clase obrera. Todos esos cineastas y escritores habían salido de familias acomodadas y se atrevían a hablar de la clase obrera. Les dije que su análisis era fundamentalmente falso y que su propuesta de solución lo era aun más. Por esa razón, estuve completamente aislado durante toda una década. La prensa nunca hablaba del “cineasta Werner Herzog”. Hablaba del “cineasta fascista” o “fascistoide Werner Herzog”. Aguirre, la ira de Dios (1972), ¡“filme fascista”!

Anonimato

Me gustaría -no es posible en la cultura de los medios en la que estamos- realizar películas anónimamente, como la pintura fue anónima durante la Edad Media tardía. Pienso en el maestro del tríptico de Colonia: tenemos el tríptico, una maravillosa pintura, pero no sabemos quién lo hizo. Tan sólo conocemos al artista con el nombre de “maestro del tríptico”.

Los misterios

Creo que el surgimiento del psicoanálisis fue un error enorme. Un error de gran magnitud, comparable de alguna manera con la Inquisición española. La Inquisición española tenía la finalidad de detectar los últimos bolsones no cristianos, los musulmanes, los moros, etc. Procesarlos, torturarlos para que revelasen la naturaleza más profunda de su fe. Los resultados fueron catastróficos. No hay que hacer eso. Si usted es portador de una convicción o de una fe profunda, nunca haría nada para conseguir que me la revelara. Nunca le lanzaría un desafío semejante. Respetaría por el contrario lo que usted es. Dejaría absolutamente intacto lo que usted es. No hay que tratar de desnudar los rincones más sombríos, los más profundos de nuestra alma. Es una de las mayores equivocaciones de nuestra cultura.

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Un fotograma de “Fitzcarraldo”, de Werner Herzog.