Edición del Sábado 14 de setiembre de 2013

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En la dulce espera - Edición Impresa - Revista Nosotros Nosotros

En la dulce espera

En la dulce espera

En tu casa, las cosas se rompen, no andan, necesitan actualización. O puede suceder que quieras hacer algo diferente para lo cual convocás al profesional correspondiente. Pero el profesional correspondiente no te corresponde: no viene. Largas horas esperando al gasista, al plomero, al electricista, al del teléfono, el técnico de la computadora, el albañil. Esta es una nota complicada. Espero sacarla adelante sólo por oficio...

TEXTOS. NÉSTOR FENOGLIO. nfenoglio@ellitoral.com. DIBUJO. LUIS DLUGOSZEWSKI. lzewski@yahoo.com.ar.

 

En “Esperando a Godot”, un clásico de Beckett del teatro del absurdo en que dos personas esperan en vano a “Godot” (algunos ven una alusión a Dios; y a veces el plomero o el gasista es como una deidad que de pronto te bendice con su presencia o te hace temblar con su silenciosa, atronadora ausencia), que jamás viene. Los tipos charlan, elucubran, interactúan con otra gente, pero no pueden hacer nada y no hacen nada: esperan a Godot, que no vendrá finalmente hoy pero mañana seguro que sí...

¿Ustedes han ya padecido la ausencia súbita de uno de estos prestadores de servicios? Están muy demandados, tienen obras, varias casas, infinitos llamados y vos debés encontrar las palabras justas que lo conmuevan y lo hagan llegar hasta tu humilde y desgraciada morada. Y además, debés acertar a decirle y pedirle cosas realizables en una sola jornada, pues si ya es difícil que vengan un día, imagínense dos o tres o más días. Y quiera dios, Godot, los dioses o godotes de este y de cualquier mundo que no te queden arreglos pendientes, porque vas a tener esa cosa espantosa de herida abierta que no sana.

Todo eso, filosóficamente hablando, comunicado brutalmente por un llamado o un mensaje que suspende o activa una visita programada a tu casa y a tu desperfecto, que seguirá perfectamente desperfecto como hasta ahora...

¿Han visto ya las movilizaciones familiares, verdaderas proezas logísticas, que logran colocar a alguien de la casa en posición de recibir (o no: suele pasar que estás allí solo en tu casa esperando a Godot y Godot luego te comunica cuando vos lo increpás- que se le complicó el oleoducto de Shangai o tiene problemas con el occipucio cosa jodida- y entonces no puede, no puede, no puede venir nada hoy pero mañana seguro que sí...) al esperado especialista?

Antes vos podías decir que se te cayó el sistema, que se te enfermó un nene o que estás en el banco y eso te daba minutos de gracia ante tu interlocutor. Ahora con el solo hecho de decir que te viene a la tarde el plomero, tenés la tarde libre y nadie te rompe las cañerías, que ya están rotas, como se sabe.

Animales de ciudad, conejos acobachados, cada vez hay más casas, más departamentos, más caños y cables, más cosas para los artesanos, los poseedores del oficio (vos posees orificio, y no agregaré nada más), “los que saben” y entonces dependés de ellos y de su agenda cargada, lábil y hábil, móvil, cambiante, dinámica, padelante, pasomañana, capazque y otras beldades...

Como si se tratara de una mujer enamorada que espera a su amante esquivo, estos tipos te llevan y te traen de las narices al compás de sus cambios constantes. Especie de médicos de las casas, poseen ya esa habilidad que te provee la gracia de un turno... para noviembre.

Y si es una urgencia, si tenés un caño pinchado o una pérdida de gas, igual deberás tener el tono justo y hacer la changa lo suficientemente prometedora (óptima y difícil relación entre esfuerzo y beneficio, entre laburo y paga) como para que depasada (postergando a otros depasada como vos; con lo cual también sos cómplice de sucesivas postergaciones y demandas en otras casas) el señor te jure que pasa a la tarde entre las mñññince y las ajjumsiete. Más o menos. Casi siempre más. Días más.

No todos son iguales, es cierto, por ahí puedo ser injusto con la gente formal que existe en todos los oficios (como tenemos informales en todos lados), pero en general estos chiquitos han sabido, a fuerza de amansadoras y falsas promesas, generarte al menos la aprensiva pregunta retórica: ¿vendrá?

Días largos esperando el timbre, el sonido del teléfono, el mensajito que te haga reprogramar de una todas tus actividades al son ordenador del especialista que, por fin, te jura que vendrá a tu casa a arreglarte la vida, repararte la ansiedad, reprogramarte tus proyectos. Acá estamos, entonces, esperando a Godot.



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Sábado 14 de setiembre de 2013
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