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Bronceado conciente

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La devoción de las argentinas por lucir bronceadas es tan conocida como el daño que causa tomar sol sin la protección adecuada. Manchas, arrugas, acné, alergias, rojeces, surcos más pronunciados, vasos sanguíneos visibles y hasta cáncer de piel pueden ser sus peores derivados. Pero tampoco hay que olvidar que la vida al aire libre y la exposición prudente a los rayos solares son vitales para todos los procesos biológicos así como también para obtener Vitamina D. A continuación, mitos y verdades acerca de “tomar sol”.

TEXTOS. GEORGINA LACUBE. FOTOS. GENTILEZA DE LAS MARCAS MENCIONADAS.

Para comenzar, es necesario entender tres siglas que remiten a la radiación solar, pero que quizá no sabemos bien de qué se tratan. “Los Ultravioleta B (UVB) son rayos nocivos que llegan a las capas más superficiales de la piel y son responsables del enrojecimiento y quemadura solar, los Ultravioleta A (UVA) son tan poderosos y dañinos que penetran en las capas más profundas de la dermis (hasta atraviesan los vidrios de ventanas y anteojos) debilitando las fibras elásticas y dañando el colágeno (responsable de la firmeza de los tejidos), mientras que los Ultravioleta C (UVC) son absorbidos casi totalmente por la capa de ozono y no causan daño epitelial. Los dos primeros, actuando en sinergia, no sólo son los responsables de la sensación de calor en la piel expuesta al sol, sino que también favorecen la aparición de cánceres cutáneos y aceleran el envejecimiento”, subraya la dermatóloga Rita García Díaz, miembro titular de la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD) y asesora científica de Bagovit A. Ahora bien, ¿cómo se pueden combatir estos rayos?

Es sabido que existen los famosos protectores solares, pero como todo producto para la salud tienen sus indicaciones. Por ejemplo, “para las pieles sensibles sugiero el uso de emulsiones o texturas bien fluidas e hipoalergénicas; las secas se llevan muy bien con las cremas y los aceites; mientras que las grasas admiten sólo geles, lociones y fluidos. Medidas que valen también por si alguna de estas pieles presenta pecas, manchas o lunares”, detalla Miguel Allevato, Jefe de la División Dermatología del Hospital de Clínicas José de San Martín. “Para zonas pilosas recomiendo los sprays o espumas que son más fáciles de aplicar. Los niños deben usar los productos que están diseñados para ellos: generalmente son más espesos para que persistan por mayor tiempo en la piel. Actualmente se consiguen en spray, loción y bruma que hacen la aplicación más cómoda. Sus fórmulas resisten el agua, el roce y la fricción”, agrega la doctora Ana de Pablo, médica dermatóloga del Hospital Universitario Austral y co-coordinadora de la 20º Campaña nacional de prevención del cáncer de piel, organizada por la Sociedad Argentina de Dermatología.

Por estos motivos es que es necesario consultar a un dermatólogo para que determine el tipo de piel y el protector solar indicado.

PROTECTORES SOLARES: LOS ALIADOS

Se considera que un producto es protector solar cuando su FPS (factor de protección solar) es igual o superior a 15. El FPS es un número que refleja cuánto tiempo tardan los UVB en enrojecer la piel en relación al lapso que lo harían sin el filtro colocado. Por ejemplo, si una persona utiliza un FPS 30 tardará 30 veces más en enrojecer que si no tuviera el producto colocado. Otro dato crucial es que no garantiza la efectiva protección contra los UVA. Es por eso que se recomienda adquirir uno de amplio espectro (que protegen contra los rayos ultravioletas A y B).

Aquí es determinante el tipo de piel que uno tenga. Existen 6 tipos de pieles (fototipos): la que siempre se pone roja o se ampolla, nunca se broncea y es extremadamente sensible al sol (I), la que se enrojece o ampolla generalmente, se broncea muy poco y es muy sensible al sol (II); la que a veces se ampolla o enrojece y se broncea gradualmente color marrón claro (III); la que se enrojece muy poco y siempre se broncea color marrón mediano (IV); la que se enrojece rara vez, se broncea marrón mediano u oscuro y es poco sensible al sol (V); y la que nunca se enrojece, se broncea marrón oscuro y no es sensible al sol (VI). Por sus distintas características, a cada una le corresponde un determinado factor solar.

El bronceado hoy se asocia al estilo de vida. Los expertos advierten que éste es una respuesta protectora del organismo a la agresión solar sobre la piel. “Es una reacción de defensa (insuficiente), basada en la producción de un pigmento natural -la melanina- capaz de filtrar parcialmente los rayos más dañinos. Prueba de ello es que la piel tiende a recobrar su color natural cuando cesa el estímulo”, aporta García Díaz.

Por otra parte, según los especialistas, es un error pensar que existe una relación directa entre el factor de protección y el tiempo de exposición (por caso, si se coloca un protector 50, este dura 50 minutos). “La realidad es que más allá del factor de protección que se emplee, el tiempo que dura un protector solar es de 2 horas sí o sí; por eso pasado ese tiempo hay que reaplicarlo o inmediatamente después de largas inmersiones o de mucho sudor”, advierte el doctor Roberto Glorio, médico dermatólogo de la SAD.

Algo similar ocurre con esa idea de tener dos protectores, uno para la cara y otro para el cuerpo. “Se trata de un concepto instalado, sobre todo, entre las mujeres. Pero la verdad es que la Academia Americana de Dermatología aconseja un factor de protección solar (FPS) mínimo de 30 para todo el cuerpo (inclusive el rostro). Aún así, si uno parte de la base que la cara es una de las regiones cutáneas más expuestas durante toda la vida parecería lógico usar un FPS mayor en esa zona, pero no es lo que se le recomienda al paciente desde lo profesional”, aclara el doctor Glorio.

Acerca de la cantidad y método de aplicación, los expertos concuerdan en que debe colocarse 30 minutos antes de la exposición solar (y durante todo el año) para permitir que los filtros se instalen en la piel e inicien su función protectora. “Es primordial colocar una película gruesa y uniforme en toda la piel (en rostro, escote, cuello, orejas, empeines de los pies y manos, y hasta en el cuero cabelludo). Actualmente, los filtros tienen texturas livianas y se absorben rápido sin dejar residuo graso ni color blanco en la superficie cutánea”, revela la doctora Adriana Raimondi, dermatóloga y directora de D&ME, miembro de la SAD y del American Academy of Dermatology.

TRATAMIENTO DE AFECCIONES EN LA PIEL

El cuidado de la piel no sólo depende del fototipo, también está sujeta a ciertas afecciones. Como el sol suele exacerbar los síntomas de las pieles con rosácea “es condición sine qua non el uso de fotoprotección alta (un FPS superior a 50) y es muy importante evitar el calor”, prescribe Allevato.

Con respecto a las alergias solares, el doctor Julio Gil, dermatólogo de la SAD, se sincera: “es un tema complejo ya que se debe investigar si es una alergia primaria o si depende de algún factor condicionante, por ejemplo la toma de algún medicamento que genere fotoalergia. En general, al uso del protector habría que agregar algún antialérgico por boca y, si la alergia es muy importante, directamente suspender la exposición solar”.

“En el caso particular de la psoriasis, la exposición al sol mejora las lesiones al detener en la piel uno de los mecanismos inmunológicos responsable de la aparición o permanencia de las lesiones. Sin embargo, tomar sol sin el asesoramiento dermatológico imprescindible sobre tiempos de exposición, protección y horarios puede generar el efecto contrario”, alerta García Díaz.

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CUIDADOS BÁSICOS

A la tan citada cuestión de no tomar sol entre las 11 y las 16 hs. se suman otros gestos.

• Elegir protectores solares que sean, además, buenos hidratantes. Esto facilita un bronceado uniforme y previene el resecamiento natural propio de la exposición solar.

• La exposición al sol debe ser gradual: la piel se debe acostumbrar a los rayos día a día, comenzando con 10 minutos hasta llegar a 40, que es la cantidad justa para permanecer al sol sin mayores riesgos.

• Colocar siempre un protector labial, aún en los días nublados.

• Como no hay productos que protejan totalmente contra los rayos UV, lo mejor es ampararse en los accesorios: sombrero de ala ancha, ropa de trama cerrada y anteojos de sol con filtros para radiación ultravioleta.

• Después de la exposición al sol, se debe llevar a cabo una correcta hidratación. Ya sea tomando 2 litros de agua por día como mínimo así como también colocando una crema, gel o emulsión hidratante que contenga, especialmente, vitamina A, C y E, que son nutrientes de la piel y antioxidantes.

• Saber que los productos de “Protección Total” (pantalla total o sun-block) no existen, a pesar de que es frecuente encontrarlos en el mercado.

• Recordar que, aunque no lo parezca, las nubes dejan pasar el sol. La arena, el agua y la nieve reflejan los rayos y aumentan su acción.

• Existen medicamentos que pueden ocasionar reacciones en la piel ante la exposición solar. Se debe consultar al médico en caso de ingerir alguno.

• Los desodorantes y perfumes pueden causar reacciones alérgicas y manchas. Se deben evitar si se va a estar un tiempo considerable al sol.

• No exponer al sol a los niños menores de 1 año. Recién a partir de los 6 meses de vida, y ante una exposición eventual, se pueden usar protectores solares.

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