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Conciencia, educación y transformación social

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Debemos actuar como sociedad comprometida, contribuyendo desde diversos sectores para dar pasos efectivos con el fin de recuperar una educación de excelencia. Es necesario cambiar del paradigma de la confrontación al de la colaboración, a fin de lograr este objetivo.

Foto: Archivo El Litoral

 

María Figueras (*)

¿Cuál es el verdadero rol que ocupa la educación en nuestro proyecto de país? ¿Cómo se cumplen las normas educativas? ¿Cómo trabajar para reducir las desigualdades educativas? Resulta fundamental colocar una vez más la mirada en el rol que ocupa la educación a la hora de trazar un proyecto de país. Una educación equitativa y de excelencia es un requisito para todo modelo de desarrollo inclusivo.

El desafío radica en facilitar aprendizajes que permitan a los jóvenes desarrollar su potencial e insertarse equitativamente en contextos cada vez más cambiantes. La globalización y las innovaciones tecnológicas conducen a mayores grados de interconexión, y tanto el trabajo como la producción adquieren nuevas formas. La creatividad, el análisis crítico y la capacidad de desarrollar proyectos resultan cada vez más relevantes.

La educación de alta calidad no es sólo una herramienta para la inserción en el mercado laboral. Es también una condición para transformar la realidad personal y social desde la adecuada valoración de las propias capacidades.

Nuestro sistema educativo, que promueve la equidad, la inclusión y la calidad, ha sido motivo de orgullo por generaciones. Estos principios fueron confirmados oportunamente en la Ley de Educación Nacional. Con ella, los argentinos elegimos que todas las personas, sin importar su origen social, puedan acceder a una educación de excelencia, que les permita desarrollar competencias adecuadas para un exitoso desarrollo personal.

Por esto mismo, el alicaído desempeño de nuestros jóvenes en las recientes pruebas Pisa de la Ocde no debe resultarnos indiferente. Esta evaluación demostró que el 67% de los adolescentes argentinos de 15 años no puede utilizar reglas básicas para resolver problemas con números enteros, el 54% no puede identificar la idea principal en un texto y el 51% no puede hacer inferencias en base a investigaciones básicas. De este modo, su capacidad de discernimiento queda seriamente coartada, y con ella su capacidad de desarrollo personal y su contribución potencial a la comunidad.

Éste no es un problema que competa exclusivamente a nuestros gobernantes. Sólo la acción articulada de nuestra sociedad en su conjunto puede conducir a un cambio que rectifique el rumbo actual. Se necesitan políticas públicas a largo plazo para garantizar resultados efectivos.

La Ley de Educación Nacional marca una agenda clara. Conceptos como la universalidad de la educación secundaria y la equidad educativa son ideas presentes en la ley que deben transformarse en cursos concretos de acción. Es hora de que colectivamente trabajemos para alcanzar estos desafíos con los que soñamos.

Creemos que es importante promover la retención escolar y la prevención del trabajo infantil, a través de un seguimiento cotidiano de cientos de jóvenes que están en riesgo de abandonar la escuela. Debemos desarrollar contenidos y dinámicas que vinculan el aprendizaje formal con escenarios reales, brindar habilidades para la vida que dan lugar a una integración más profunda de los jóvenes con su entorno y formar en valores para construir una sociedad más justa e interconectada

Debemos actuar como sociedad comprometida, contribuyendo desde diversos sectores para dar pasos efectivos con el fin de recuperar una educación de excelencia. Es necesario cambiar del paradigma de la confrontación al de la colaboración, con el fin de lograr este objetivo. Es hora de entender que no es ésta una tensión coyuntural ni electoral de corto plazo, sino un reto que pone a prueba nuestro más profundo compromiso con el futuro y con el país que habitarán las futuras generaciones.

(*) Asociación Conciencia.



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