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“La guía del teatro de Shakespeare” - Edición Impresa - Opinión Opinión

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“La guía del teatro de Shakespeare”

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Ilustración anónima con los personajes de Shakespeare en desfile. Se adivinan: Falstaff, Las Brujas de “Macbeth”, Ricardo II, entre otros.

 

De la redacción de El Litoral

Dentro de la biblioteca universal, los libros de y sobre Shakespeare constituyen un sector, un ala, un edificio propio, de incontables, seguramente siempre incompletos títulos. La guía del teatro de Shakespeare, de Kenneth McLeish y Stephen Unwin (respectivamente, dramaturgo y director teatral británicos), que Adriana Hidalgo vuelve a proponer en castellano, se destaca por varias razones en esas montañas de ensayos y críticas. En primer lugar, porque cumple el objetivo de ser una guía de consulta y referencia sea para estudiosos o para el público común, y en segundo lugar por la pericia y capacidad con que los autores satisfacen tanto las inquietudes de neófitos como de iniciados en Shakespeare.

De cada obra de Shakespeare se nos cuenta la fuente (el Decamerón, de Giovanni Boccaccio, por ejemplo para A buen fin no hay mal principio -All’s well that ends well). Después se nos cuenta la trama o la acción (por ejemplo, por citar un texto breve, que atañe a la Parte II de Enrique VI: “La Guerra de las Rosas continúa. Margarita y Suffolk traman un plan contra Gloucester, argumentando que su mujer tiene comercio con brujas. Suffolk es ejecutado por el asesinato de Gloucester. El Duque de York conjura contra Enrique, primero estimulando al pueblo a una rebelión dirigida por Jack Cade de Kent, y luego tomando él mismo la dirección en el campo. En la batalla de St Albans el hijo de York, Ricardo (futuro Ricardo III) mata a Gloucester, con lo que los yorkistas ganan la partida”).

A continuación se detallan los personajes que intervienen en cada obra, y se analizan pormenorizadamente. Así, por ejemplo, se nos presenta a Lady Macbeth: “Se ha afirmado que este papel era una imitación de la Medea de Séneca, muy conocida en tiempos de Shakespeare (por ofrecer similares desafíos actorales). Lady Macbeth posee cada una de las cualidades de su marido pero en exceso: ambición, orgullo, pocos escrúpulos, superstición. Luego de invocar a los espíritus para que la ‘desexualicen’ y de ser liberada de las complejidades de las relaciones humanas -entre otras cosas parece no tener hijos vivos- su estilo se vuelve práctico, inteligente, perspicaz y controlado, pero carente de imaginación afectiva. Más tarde, cuando entrega sus poderes psicológicos a Macbeth, su naturaleza reprimida se manifiesta en el sonambulismo, la desesperación y el suicidio. Ella es psicológicamente mucho más compleja que la ‘pansexualidaed’ o que la ‘encarnación del mal’ que generalmente se toma como indicio para entender su personalidad: es virtualmente un estudio clínico sobre el cambio de dirección de la libido hacia la ambición y el control”.

Tras este análisis de los personajes se presenta un compendio crítico-interpretativo de cada obra, espacio que constituye el más amplio e interesante. Finalmente, se ofrece una reseña histórica y analítica de las representaciones y adaptaciones de cada obra, incluyendo las versiones operísticas, fílmicas o televisivas.

Cada capítulo cierra con citas de la obra en cuestión. Así, en La comedia de las equivocaciones (The Comedy of Errors), Antífolo de Siracusa exclama: “Soy en el mundo como una gota de agua/ que busca en el océano otra gota/ y no pudiendo encontrar allí a su compañera/ se pierde pues en ella misma discreta y ávida./ Por eso, yo también me pierdo, desgraciado,/ para poder encontrar madre y hermano”.

O en Trabajos de amor perdidos (Love’s Labours Lost), Berowne dice: “De los ojos femeninos esta doctrina deduzco./ Chispean aún con fuego de Prometeo./ Son los libros, las artes, las academias,/ que muestran, contienen, y alimentan al mundo entero”.



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Viernes 28 de noviembre de 2014
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