Edición del Viernes 28 de noviembre de 2014

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La educación en los orígenes de Santa Fe - Edición Impresa - Opinión Opinión

Tribuna de opinión

EDUCADORES DE ADULTOS - EX DOCENTES DEL SISTEMA PROVINCIAL

La educación en los orígenes de Santa Fe

La educación en los orígenes de Santa Fe

La iglesia de los jesuitas, en la “Maqueta de Santa Fe la Vieja”.

Foto: Archivo El Litoral

 

“El blasón de aquella gesta / en la historia se estaqueaba / como sociedad española / y dominio de la Corona...”.

Pero los pueblos autóctonos vivían, en muchos casos, en armonía, en una aglutinada organización social que prometía un venturoso desarrollo. Estaban estrechamente relacionados a la naturaleza, nunca la destruyeron, sí la modificaron, siempre la cuidaron y supieron proteger las especies. Atraídos por el poder, los conquistadores fundan, en nuestras tierras fuertes que no prosperaron.

“Aguas abajo era el sino / Viene de muy lejos... / Lo abruma la lejanía de su tierra. / Muy lejos quedó Vizcaya, navegando casi a ciegas / trae una cruz y una espada... / Mocoretáes y calchines / Al barco daban llegada... / La tierra presentida. / Tenso Garay contemplaba...”.

Visionario, Juan de Garay, desde Asunción, por tierra y por agua, por la margen derecha del río llegó al lugar soñado para “abrir puertas a la tierra”, y a orillas del Quiloazas, brazo del Paraná, fundó la ciudad de Santa Fe.

“Lugar apto y fecundo, / junto a ese río azaroso, revuelto / con abundancia de peces.../ Inmensa llanura observó / buenos pastos, frutos, animales. / Agua, tierra y sol / hay riqueza por doquier...”.

Firme en su mira, era la tierra pensada, segura salida al mar, enlace con futuras fundaciones, ruta de comunicación, muralla de contención para corrientes extranjeras.

Pone voluntad y rezo. Y Santa Fe a la vida se levanta. “Yo, Juan de Garay, Capitán y Justicia Mayor en esta conquista y población del Paraná y Río de la Plata, digo que en el nombre de la Santísima Trinidad y de la Virgen Santa María y de la Universidad de Todos los Santos y en nombre de la Real Majestad del Rey Don Felipe Nuestro Señor... fundo y asiento y nombro esta ciudad de Santa Fe, en esta provincia de calchines y mocoretáes, por parecerme que en ella hay las partes y cosas que conviene para la perpetuación de la dicha ciudad de agua y leñas y pastos, pesquería y casas y tierras y estancias para los vecinos y moradores de ella...”.

En esta misma acta dejó abiertas la posibilidad del traslado futuro de la ciudad si así lo decidiera el Cabildo que en este acto queda constituido. Santa Fe se instituye como la primera población del Río de la Plata, exitosa empresa que perduraría a través del tiempo.

“La vida pasa lentamente... / Sobre la mansa calma de la aldea / se avanza poco a poco / ... a todos los quebrantos y contrastes el poblador opone su entereza. / No lo agota la dura adversidad, / ni el dolor, ni el trabajo lo doblega”.

En nuestra zona nacieron las más conocidas reducciones, las llamadas misiones jesuíticas; la más famosa -gracias al magnífico legado que nos dejara su fundador el jesuita Florián Paucke-, la de San Javier. La obra que llevaron adelante los misioneros fue el aliento decisivo para la iniciación educativa, testimonio que perdura a través del tiempo y permanece como hito viviente en museos e iglesias de nuestro medio. Con tallas en madera como “La Virgen india”, “Cristo mocoví”, “San José” (convento de San Francisco), “San Pedro” (convento de Santo Domingo). En aquella reducción floreció, junto a la artesanía, la pintura, la música, la escultura forja, la hilandería y la cerámica. Bajo la mirada atenta de los jesuitas se construyeron instrumentos musicales y hasta los órganos que pasaron de los rústicos talleres a la catedral.

Aun, si recorremos lugares históricos veremos que se conservan huellas indelebles de aquellos artesanos.

“Entre peligros y rudos trabajos, / padecimientos y penurias... / Con el corazón palpitante / y la mirada luminosa / como bronce que acaricia el viento, / cariñosa se alza la voz del maestro; / Pedro de Vega está presente”. Era el maestro venido de las primitivas fuentes asunceñas entre los hombres de Juan de Garay, sin más antecedente que su designio de maestro de escuela. Atentos en él, un puñado de niños, jóvenes y hombres maravillados de poder iniciarse en el manejo de la pluma y la lectura de algún escrito que llegaba a esa Santa Fe.

La enseñanza primaria era de especial interés para los primeros pobladores. El Cabildo, madre de instituciones, prevalece en la vida de los pobladores y hace funcionar en la humilde aldea la primera escuela municipal, en 1574.

Pasaban los años y los pobladores de Santa Fe la Vieja, no encontraron en esta incipiente ciudad posibilidades de satisfacer sus aspiraciones, y así la ciudad se vaciaba. Ante tan grave situación, el Cabildo requirió la prohibición de la salida de los habitantes “... ni menos dejen salir de ella a Pedro de Vega, que es el que enseña la doctrina cristiana a los niños de poca edad y a leer y escribir a los demás... hasta tanto que Dios Nuestro Señor sea servido que vengan a esta ciudad persona o personas que lo sepan hacer”.

No se sabe cuánto tiempo duró Pedro de Vega. Los documentos vuelven a referirse a la enseñanza cuando el Cabildo acuerda con Martín de Angulo, que ya había sido maestro en Buenos Aires, instalar un establecimiento de primeras letras para enseñar a los muchachos a leer, escribir y contar. El intendente gobernador Sebastián de Aguilera debía controlar la asistencia, constituyéndose así en el primer inspector de la enseñanza santafesina. De este maestro tampoco se conoce el tiempo de desempeño.

“La cruz siguió a la espada y / cuando ésta se perdió en el horizonte / se irguió tras de sí la obra de los misioneros”.

A partir de 1573 llegaron a Santa Fe órdenes religiosas. Con la música y las artesanías atrajeron al catecismo y a las primeras letras. En 1593 funcionaba ya una escuelita franciscana.

Posteriormente, llegan los jesuitas, el padre Francisco del Valle y el hermano Juan de Sigordia, primer maestro de la Compañía de Jesús. En la escuela que fundaran tuvo origen el Colegio Jesuita, que desde hace tres siglos enorgullece a Santa Fe.

Los religiosos de Santo Domingo dieron su valioso aporte a la educación, algunos se ocuparon de los españoles, otros atendían a los indios que venían a la ciudad.

“Santa Fe ha pasado mil pruebas. / Ha acometido largas esperanzas / y también duras empresas. / Pero erguida sacudirá su colonial pereza / y marchará despierta / para andar nuevos caminos”.

La modesta escuelita atendida por el padre Sotomayor fue elevada a la categoría de colegio. Fue el primer instituto de enseñanza secundaria en la Gobernación del Río de la Plata. Alta distinción para Santa Fe.

Desde los comienzos, las autoridades se ocuparon de la educación, pero hubo que luchar para que algún personal idóneo permaneciera en el cargo. El Cabildo facultó a los frailes dominicos para que instalaran una escuela “por ser bien común”. En 1626 es contratado Luis Martínez.

En el año 1649, se impone la obligatoriedad escolar a niños de hasta catorce años; la resolución es dada a conocer a toque de tambor para que llegue la noticia a todos. Singular precedente de la obligatoriedad escolar. La educación tuvo un gran impulso dado por la Iglesia.

Fuentes consultadas: tratados varios sobre la historia de Santa Fe, de C. Pistone, A. Zapata Gollán, S. Reynares y A. Roverano, y enciclopedias de historia santafesina.



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