ARTURO SERRANO, MÉDICO RURAL

“El eje de la película es la relación médico-paciente”

El documental “Salud rural” fue rodado en la localidad de Santo Domingo sobre la base de sus experiencias. Lleva casi 30 años de trabajo allí. Obtuvo tres premios en la reciente edición del Festival de Cine de Mar del Plata.

E28-01-12-7-IMG 7977.JPG

Afable. Serrano relató las diversas circunstancias que hacen apasionante pero dificultoso el ejercicio de la medicina rural. Y su alegría por el reconocimiento al documental. Foto: Mauricio Garín

 

Juan Ignacio Novak

[email protected]

El Dr. Arturo Serrano es sanjuanino, pero cumplirá el año que viene tres décadas de trabajo como médico en Santo Domingo, a 80 kilómetros de la ciudad de Santa Fe. Sus experiencias en el Samco de esa localidad fueron la materia prima con la cual se moldeó el documental “Salud rural” que tuvo una gran recepción en el 29º Festival de Cine de Mar del Plata: obtuvo una mención especial dentro de la competencia argentina y dentro de las premiaciones no oficiales, quedó como Mejor Película argentina de todas las competencias (galardón otorgado por Fox) y fue reconocido con el premio al Mejor Guión de película argentina de todas las competencias (Otorgado por Argentores). “Fue algo totalmente inesperado. Lo que nosotros pretendíamos con esto era empezar a hacer conocer lo que hacen los médicos rurales”, dice Serrano.

El proceso arrancó -admite el médico- de manera “muy fortuita”. Es que el director, Darío Doria, tenía latente la idea de realizar un trabajo relacionado con la ruralidad, impactado por las acciones desplegadas por el Dr. Enrique Perea en el sur del país. Con esta idea como guía, terminó contactando al médico de Santo Domingo. “Era un feriado pero yo estaba trabajando, así que fuimos a ver a los pacientes juntos y le gustó la idea”, dice Serrano. Aunque reconoce que, a su criterio, debería reconocerse el trabajo de una médica rural. “La mujer tiene muchas más dificultades que el varón a la hora de la ruralidad. No es sólo la labor médica, sino que tienen que criar a sus hijos, amamantar, la escuela, la casa, la comida, infinidad de cosas a la par de las cuales, dentro de todo, el varón puede desprenderse con un poco más de facilidad”.

El proceso llevó tres años. Doria realizó viajes intermitentes a Santo Domingo (cada cuatro o seis meses) para rodar durante una semana con los pacientes que accedían a participar. Casi toda la filmación tuvo como escenario al hospital rural de la localidad, sólo algunas secuencias transcurren en domicilios o en el campo. Al cabo de seis visitas, los realizadores obtuvieron más de 160 horas de filmación, fueron la base para la edición final.

Confianza

—Si tuviera que remarcar un valor de los premios, más allá de lo artístico ¿Es la difusión del trabajo de los médicos rurales?

—Seguro, porque hay una inequidad tremenda que no está visibilizada, somos una franca minoría. En estos momentos en el país el 10 % de la población es rural y no existimos en las políticas públicas de Estado.

—¿La película es, entonces, una crónica del trabajo cotidiano que hace usted en Santo Domingo?

—Hace treinta años que estoy ahí y he logrado construir un hospital que tiene una buena infraestructura, una tecnología adecuada, un equipo de trabajo que está el día que sea a la hora que sea para asistir lo que sea. Pero hay otros lugares donde no hay equipos constituidos, médicos y faltan insumos básicos, porque no hay formas de procurárselos, en la medida en que no hay presupuestos, los presupuestos que manejamos son paupérrimos.

—¿Y este tipo de reconocimientos sirven en ese sentido?

—La película está más enfocada en el trabajo del médico rural y no visibiliza el tema de la pobreza. Eso es expreso, ya que el director consideraba que hay mucho hecho sobre eso. El eje central es la relación médico-paciente, se ven las dificultades.

—En un médico rural ¿esa relación entre médico y paciente se profundiza más que en la ciudad?

—Seguro. Allá en la cotidianeidad, nos ven en todos lados. Voy al almacén, a la panadería y me hacen consultas. Es lo habitual. Y por eso hay una relación tan estrecha y de tanta confianza. Una de las cosas que más llamó la atención a las personas que estaban en el cine, era la naturalidad con la que se conversan todas esas cosas. Pero es una relación de confianza, basada en la experiencia, en muchísimos años de no haber defraudado jamás a ningún paciente. Eso tiene una plusvalía que no tiene de repente una guardia o una internación en un sanatorio, donde ven al médico un ratito. Es la fortaleza, la gran diferencia con los médicos urbanos. Ojo, en la ciudad hay médicos buenos y malos, como los hay en la ruralidad.

—O sea que la película está más centrada en la calidad humana que en la profesional.

—Apunta básicamente a eso, por eso pega tanto.

Espontaneidad

Hay un aspecto del proceso que Serrano destaca: la calidad humana y profesional del director, Darío Doria. “Es un tipo muy simple, llano, generoso, en el cual se puede confiar con los ojos cerrados. Y esto es una cuestión intuitiva. Iba, filmaba, nunca me mostró adelantos, solamente mandó el trailer. La primera vez que vi la película fue en el cine junto a los críticos y el jurado, en el festival. O sea que mi parte en la elaboración de la película es ninguna, mis dotes actorales son malísimas, nunca hice teatro, no sé actuar. Por eso es tan natural: es lo que hago todos los días”, asegura risueño.

Además, resaltó que “hubo varios casos que desnudaban cuestiones tan íntimas y personales que (el director) no incluyó y que hubieran generado mucho más prestigio en la película. No los puso por eso, porque tiene una alta estima de la ética y la relación médico-paciente. Di con un director que es fantástico, que hizo todo, porque yo no hice nada, sólo trabajar como todos los días”. La otra arista a valorar -remarca- es la espontaneidad de los pacientes y del acto médico que se expresa en la película. “Es que en los pueblos, es todo muy transparente”, sintetizó.

 

El dato

Desafío

—¿Qué mensaje le daría, por su experiencia como médico rural, a un médico que recién se inicia y que a lo mejor tiene la vocación para dedicarse a esto?

—Si está la vocación, todo lo demás viene solo. Que va a tener montones de contratiempos, muchas más dificultades que en la ciudad, sin duda. Pero justamente ésa es la riqueza del desafío. Poder sortear todos esos obstáculos y ver que se puede ejercer la medicina igual o mejor que en la ciudad. Por todas esas cuestiones que hablábamos antes: la afectividad, el trato, el no abandono, la confianza.

"En la ruralidad no hay horarios. A las diez de la noche o a las tres de la mañana llega una persona con fiebre, alguien que se accidentó, una parturienta y no es como en la ciudad donde hay guardias, mecanismos en los que todo esto se contiene. El médico es uno solo y tiene que dar respuestas”.

Arturo Serrano

Médico rural