Edición del Domingo 14 de diciembre de 2014

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Colón y Evita - Edición Impresa - Opinión Opinión

MIRADA DESDE EL SUR

Colón y Evita

por Raúl Emilio Acosta

Otro ascenso a Primera División del Club Colón de Santa Fe pone en vereda recuerdos que no se pueden ocultar.

Algunas cuestiones son como la humedad que viene de los cimientos; no hay mano de pintura que resista el tiempo. Están. Surgen. Pertenecen. En aquella cancha -que conozco desde 1949- estuvo Evita. En los archivos de Casa de Gobierno estaban las fotos. Con su rodete “empingorotado” y zapatos de plataforma, Evita dio el puntapié inicial. Vaya a saber qué cosa, en esta provincia nuestra, tan extendida, inauguraba Evita. Acaso nada, simple relevamiento de las fronteras del amor y el odio que ella extendió hasta un límite que nadie puede sortear. Ni superar.

Es de aquellos años que mediante un DNU deportivo nosotros, los “colonistas”, estamos en el fútbol profesional porteño. Ya estaba el sábalo, la base de la pirámide ictícola y el que come cualquier cosa en su barro de fondo de río, ya estaba el sábalo identificándonos. Inundados, barreros, sabaleros, pobres. Colonistas. Lo de “raza” vino después. El HdP se corresponde con/contra cualquier gentilicio, de modo que no debe preocuparnos. Que nos llamemos “el negro” es la aceptación que nunca entendería el Inadi.

Negro, sabalero y peronista. El CV no oculta pasados, simplemente define circunstancias. Evita era colonizadora, no estaba de festejos patrios (nunca lo estuvo) y su presencia se debería, sin dudas, a sus tareas febriles por la revancha a favor de los pobres (a como dé lugar). Si alguien refleja el ADN peronista es Evita. Las leyes, la constitución, la democracia liberal, los partidos políticos no estaban en su oficina ni en su perfil. Colón llega al fútbol porteño de ese modo. Se cuenta, pero esto es verso en la anécdota, que pidió la Primera División y que un tal Cereijo -con más seriedad y lejanía- dijo Primera B.

Martes gimnasia, jueves “la práctica”, sábado el partido. Mi rutina de infancia era sagrada. Una vez cada 15 días a la cancha. En el otro fin de semana escuchar los partidos por LT 9 y, entrecortada por las malas comunicaciones, la justificación de la derrota en la voz de “El Bachiller”. Respeto: en LT9 están en la memoria: Raúl Usinker y Pedro Acchiardi. “Audición Deportiva” debía vivir de la ilusión de los equipos santafesinos. Cómo criticarlos si eran pura emoción. Aún hoy a mis alumnos del Seminario de Periodismo Político les reitero: cuidado con criticar las emociones. No resuelve conflictos y sólo fabrica más emociones.

La respuesta condicionada con el enemigo de la otra cuadra. El “ida y vuelta” de Montescos y Capuletos. Algo del país se cuela en ese odio sonriente. Somos esto. Uno alegre porque el otro pierde.

Y en cuestiones de requisa, se debería insistir con la saga de gobernadores e interventores que el peronismo puso en la provincia. Hasta llegar a Carlos Silvestre Begnis, acaso la mejor demostración de Perón. En él confiaba, sin dudas. Reflexión: teniendo todo el poder posible no quería líos. Hum. Por algo será.

Con las patas en ambos lados del río Salado, Sylvestre Begnis fue la confluencia necesaria entre dos provincias que no han terminado de confiar la una en la otra. Esto no es Córdoba, Mendoza, Entre Ríos o Buenos Aires, para citar las que, como Santa Fe, tienen votos, plata y poder real.

Un político cordobés, mendocino, entrerriano o porteño representa su territorio. Aquí no. “Rosarino” no es un gentilicio. Es un territorio, un hábitat, una cuestión diferente. Santafesino o rosarino. No se representa toda la provincia. No fácilmente. Se enojan por mi planteo todos los que quieren ocultar el sol.

Colón, el otro cuadro, también Atlético de Rafaela y Ñul y Central. Cinco equipos en la divisional máxima del fútbol porteño. Pongámonos orgullosos del milagrito secesionista. No es posible imaginar un rafaelino enemistado con Ñul. Un centralista que piense que “la crema” es su enemigo. Ñul/Central, los equipos rosarinos versus los dos equipos santafesinos, eso sí. Cualquiera lo entiende. En esta provincia los dos equipos santafesinos rivalizan entre sí. Los dos rosarinos también. “A muerte”. Y entre las dos ciudades lo mismo. Qué lío. A no reírse. La mayor cuota de crímenes en la Cárcel de Coronda, fue por un enfrentamiento entre presos rosarinos y santafesinos.

¿Y Evita? No hay registro que estuviese en la cancha de otro equipo santafesino. En rigor de Evita no quedan muchos datos. Si estuvo en el 1949 y murió en 1952 era una muchachita de 30 años escasos la que estuvo en “mi cancha”. A nosotros nos favorecía la fonética, la rima. Soy de los que cantaba en la tribunita de cemento: “Colón, Colón, qué grande sos”. Pero la marchita ya no define nada. Nada de nada. La original la canta cada mequetrefe.



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Domingo 14 de diciembre de 2014
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