Edición del Domingo 18 de enero de 2015

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Cristina y el amor - Edición Impresa - Opinión Opinión

Mirada desde el sur

Cristina y el amor

por Raúl Emilio Acosta

¿Es posible pensar en Cristina y el amor? La respuesta es sí. ¿Qué amores? La respuesta ya no es absoluta.

A su modo, como sea que funcione, los hijos de los políticos, como los hijos de los artistas y, en general, los hijos de los famosos, de los que tienen vida pública y sueños en televisión, reciben un amor que no es el clásico cariñito de arropar todas las noches y acompañar mientras hacen los deberes y mi mamá me mima y oso fete colorete. Pero ese amor existe.

Un puré de calmantes y un desfiladero de divanes acompaña a algunos hijos descuidados. Otros no están tan descuidados. Sí y no. Hay hijos que salieron volando desde una terraza, que superaron a los padres, otros no dieron la talla. Todos cuentan, cuando cuentan, que sus padres los querían, pero era distinto ese afecto al que veían que tenía el hijo de Juan, el de la otra cuadra. La vida es eso: diferentes formas de amor.

¿Quién dijo que no se puede hablar del tema? Cristina, como cualquier vecina del pasillo al fondo, tiene hijos más dilectos y parientes controvertidos. Sería bueno sacar fuera estas cosas, dicen los que trabajan psicosomáticamente al humano, para que no revienten dentro. Es probable que muchos cursos de la lipotimia y el maléolo cansado se deban a esas cosas. Fatiga de materiales.

Cuando el hombre se mira al espejo, antes de salir, se mira para manejar su perfil, su sonrisa y el ridículo. Los hombres sabemos que vamos siempre al ridículo en las relaciones sociales y superarlo es una cuestión elemental. La mayoría de los “preparadores de candidatos” manejan las respuestas reflejas y el qué me importa la raya del pantalón, el cuello arrugado, el peinado y la voz aflautada. Importa mi cerebro tranquilo. No es buen coaching si no logra sacar a su alumno una sonrisa ganadora en mitad de un entrevero perdedor.

Con las mujeres es otra cosa. Las mujeres, según cuentan los/las “profesionales”, primero compiten con quien debe prepararlas para la postura política. Un asunto inmenso o, como dicen los dicharacheros de los domingos: “un asunto no menor” es la cuestión de género. Las mujeres se enfrentan de diferente modo a la audiencia, rival y/o amigo (todo es circunstancial, el amigo de ayer hoy es enemigo y mil viceversas), según sea una oposición femenina y/o masculina.

Es una pregunta, ejem, “no menor”, cómo es el trato de Cristina con las mujeres y/o los hombres de su gabinete. Doris G. de Capurro, la mujer de Marcelo Fortunato, Débora Giorgi, Alicia Kirchner y pocas más. Es más clara su relación con personas como Lousteau, Bossio, Boudou, Kicillof, Recalde hijo, cruzados por el saco college y la dinastía “sub 45”. ¿Ve en ellos a su hijo? ¿Castiga a su hijo? ¿Son parte de su forma de relacionarse con hombres y mujeres que deben cumplir funciones en la administración de la cosa pública? ¿Tiene amigas? ¿Amigos? ¿De qué modo entiende la confidencia, la confianza, el hombro amable?

El amor, en estos casos, suele quedar detrás. Baste decir, como adelanto del tema, que los hombres públicos han cambiado sus parejas y asumido sus diferencias. Incluida su sexualidad. La inversa aún no llega. Hombres bien adultos con mujeres apenas adultas una y otra vez. Dentro de la ley todo, fuera de la ley nada. ¿Cuál es la ley en asuntos del corazón?

Algunos romances nacen crecen y se reproducen sólo televisivamente. El caso del ex funcionario Martín Redrado puede ser un buen ejemplo del extremo mediático. Algunos, me cuento entre ellos, sabemos mucho más acerca de los amores de este economista de jopo descuidado que de sus verdaderas capacidades científicas, dado que la economía es, finalmente, una ciencia dura, con el perdón de la palabra.

¿Tendrá un romance oculto la señora presidente? ¿Tendrá un romance? Ha divulgado hasta las facturas de personas que la criticaron. A un abuelo, que se enojaba por los dólares que no le podía entregar a su nieta, lo mandó al escenario con sus declaraciones al fisco del último quinquenio. No hay costado secreto de la vida de los argentinos que la señora no investigue ¿No investigan? ¿Investigan y se callan? ¿Están esperando el patapúfete para contarnos?

¿Vive sin amores? Es lo peor que puede pasarnos. Creo, por alma de tanguero y decimonónico, que un buen romance le haría bien. A su cuerpo. A su espíritu. Al cuerpo y el espíritu de los argentinos. Insistamos con Fito Páez: “No se puede, no se debe, vivir, vivir sin amor...”. Él sabe lo que dice, señora. Es de los suyos.

¿Tendrá un romance oculto la señora presidente? ¿Tendrá un romance?



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Domingo 18 de enero de 2015
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