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Mirada desde el sur

Macri frente a los foquistas

por Raúl Emilio Acosta

La característica del foco insurreccional es, precisamente, que es un foco contra un gobierno de ocupación, contra un gobierno colonizador; contra unas tropas de ocupación y cuenta, claramente, con el apoyo popular de gente que no se anima, todavía, a la insurrección armada.

La tesis foquista aspira a desestabilizar un gobierno mediante acciones armadas inesperadas, continuas y sorpresivas. Imprevisibles lugar y horario. Convincentes por exitosas.

La tesis foquista tiene, inclusive, dos películas históricas: “La batalla de Argel” y “Queimada”. En las dos se desarrolla esta teoría.

La teoría del partido, en el cine, la sostiene la película “Los compañeros”, que dicen “vamos compañeros del partido comunista, vamos pueblo por pueblo, aglutinando, enseñando, desarrollando una idea política”. Fenomenal Marcelo Mastroiani para quienes vieron el desarrollo de la tesis de partido.

El foco no contiene ideas políticas claras, sino ideas visibles de insurrección. De violencia a partir de ese foco, de esos focos que apuntan a desestabilizar a quién o quiénes estén gobernando. Si hay leña seca cualquier chispa enciende un fuego, sería la reflexión gaucha.

El foquismo tuvo hasta un eslogan mundial: “Uno, dos, cien, mil Vietnam” firmado Che Guevara, que fracasó en África y murió en Bolivia. En Vietnam, la tesis foquista sirvió contra las fuerzas yanquis de ocupación. Triunfó. Va de suyo que exige sacrificios, disciplina férrea y crueldad. El foquismo mata y destruye sin piedad.

Plantear el foquismo con la siguiente argumentación: “Combatamos a un gobierno que, democráticamente, por la sumatoria de votos, alcanzó el gobierno” es claramente plantarse en este punto: “El que nos gobierna es un gobierno de ocupación, antipueblo, y el pueblo nos va a acompañar”.

Hay acá un error conceptual. Se está desarrollando la teoría foquista en la Argentina contra un gobierno elegido democráticamente. He dicho (repetiré todas las veces que haga falta) que la mayor tarea de Macri, además de gobernar y administrar la cosa pública, es facilitar el desarrollo de un partido de centro-izquierda. Con un partido de centro-izquierda “racional”, democrático, la centro-derecha puede dormir tranquila porque la alternancia va a estar garantizada con un partido siglo XXI, y no por el desarrollo de trasnochadas teorías foquistas que nos volverían a 1970 o, peor, a una anarquía disolutoria. Una izquierda sin siglo XXI nos lleva a la peor Argentina.

Hay, en quienes conocen de historia política, un desarrollo de esta potencialidad de la derecha, que ha permitido cuarenta años (hasta hoy) de gobierno tranquilo en un país que sí tuvo un gobierno dictatorial; me refiero a España.

En España, con la desaparición de Franco, apareció un período de, podríamos decir, “inter-reino” entre el fascismo franquista y la democracia española. Allí, estuvo un personaje de derecha: Suárez. ¿Qué desarrolló Suárez, un personaje de derecha que no llegó al poder por el voto popular, sino por designación? Desarrolló una centro-izquierda muy potable: el Partido Socialista. ¿Y qué logró desarrollándola? Que el partido popular, de derecha, no asumiese el franquismo, sino que asumiese la posibilidad del siglo XXI, de futuro. En elecciones libres, ganó el Partido Socialista, Felipe González fue/es el gran ídolo del socialismo.

La derecha facilitó que existiese una izquierda progresista. Esa izquierda, en el gobierno, asumió que tenía que haber una derecha igual de organizada. El partido popular y el socialista fabricaron la alternancia que ahora, por cansancio de materiales, y porque la economía está pudriéndose, fabricó dos “epígonos”: Podemos y Unidos.

¿Qué es lo que me digo? Si en la Argentina, desde el 10 de diciembre hasta hoy (menos de quince días), ya está en desarrollo la tesis foquista, es que no quieren volver al gobierno con un partido de centro-izquierda progresista y no corrupto. Quieren volver al gobierno después de un caos, para que después de un caos se les perdone todo, y que alguien vuelva a decir “en el 2001 estábamos en el infierno”. El sueño foquista en Argentina aspira a reproducir el año 2001.

¿Existe una centro izquierda racional?, ¿le resultará posible al país acceder a un 50 por ciento de progresismo racional, no corrupto, previsible, democrático? Algunos peronistas se van a sumar, porque lo entienden así. También algunos radicales. Es una masa difusa, hoy incipiente, porque el peronismo es más de centro-derecha que de otro lado.

Si no lo entienden los de la tesis foquista -los que hoy están propugnando el caos-, es posible que perdamos nuevamente el porvenir.



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