Edición del Jueves 31 de diciembre de 2015

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“Mi único plan es seguir escribiendo, que ni siquiera es un plan” - Opinión Opinión

ENTREVISTA CON EL ESCRITOR MARIANO PEREYRA ESTEBAN

“Mi único plan es seguir escribiendo, que ni siquiera es un plan”

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DE LA REDACCIÓN DE EL LITORAL

“Catorce Nueve” (Editorial Terracota, México, 2015) es la primera novela publicada del escritor santafesino Mariano Pereyra Esteban. Se presentó recientemente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, emblemático encuentro al que el autor viajó en compañía de reconocidos hombres y mujeres de letras nacionales y que sirvió para presentar in situ el volumen. Pereyra Esteban lanza así su segundo libro, tras la publicación, en 2011, de “Los Ferrodontes y otros cuentos” (Ediciones B, México), compilación que incluía “El metro llano”, que lo hiciera merecedor del premio internacional de cuento Juan Rulfo 2009, que se entregó a fines de ese año en París (organizado por Radio Francia Internacional -RFI- y otras importantes instituciones). Lo que sigue es una síntesis del diálogo que El Litoral mantuviera con el escritor.

—¿Qué nos podés contar del proceso de escritura, edición y publicación de “Catorce Nueve”, tu primera novela?

—Es una novela que escribí hace más de tres años. Hoy sale al mercado luego de varios procesos de corrección. De todos modos, como me ocurre habitualmente, leer una obra escrita hace tiempo me genera una sensación de desconocimiento. Reacciono ante la obra como un perro medio loco que “desconoce” a su dueño. Seguramente se debe a que el paso del tiempo nos hace otros, y en una historia que escribí hace varios años logro identificar algunos rasgos propios y al mismo tiempo desconozco tonos y expresiones del Mariano que escribió en aquel tiempo. Siempre me ocurre. Enfrentarme a lo escrito en el pasado me expone a lo que permanece en mí y a lo que cambió, olvidé o se perdió.

El trabajo de edición fue muy interesante; la negociación con editores, sobre recomendaciones para la adaptación de algunas expresiones que faciliten la interpretación del lector mexicano fue muy entretenida y me llevó a pensar mucho en el tema de las traducciones. En la tiranía del castellano “español” y en la necesidad de estimular la traducción al habla de cada país. Ya no podemos englobar todo en la inmensidad del castellano. Un argentino no habla como un español, ni como un mexicano, ni como un cubano. Y no me vengan con que la Lengua es la misma, cuando nos referimos a libros estamos en contacto con el movimiento, con la poética, con el dinamismo... con el habla. La publicación se realizó en “Terracota”, una editorial mediana, en crecimiento y que realizó una apuesta muy arriesgada conmigo. Las editoriales que no pertenecen a grandes grupos se juegan el pellejo con cada edición y por eso estoy muy agradecido y orgulloso de formar parte de la colección “La Escritura Invisible” de Terracota.

—¿Por qué y cómo volvés a trabajar con una editorial mexicana?

—No tengo ni idea. Simplemente eso. Mi relación con México, desde un principio, fue inexplicable. O al menos no tengo demasiados fundamentos para llegar a conclusiones serias acerca de la publicación de mis libros en ese país. Podría decir que el premio Rulfo en 2009 despertó alguna atención o curiosidad sobre mi literatura en las editoriales mexicanas, pero no sería suficiente. Sólo sé que mis manuscritos son leídos con interés por las editoriales y que estoy presente en las librerías del país azteca. Pese a lo extraño, no me resulta para nada incómodo ser un escritor argentino editado en México. Al contrario, me despierta una curiosidad enorme el lector mexicano y si mis publicaciones me permiten seguir conociendo en profundidad a ese país intenso, complejo y maravilloso, estoy más que satisfecho.

—¿Qué podés contarnos de la reciente experiencia de la FIL, donde expusiste, presentaste tu libro y además moderaste varias mesas?

—Viajé a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Fui invitado por la Cancillería argentina para conformar la delegación de escritores de Argentina junto a Juan Sasturain, Carlos María Domínguez, Damián Tabarovsky, Gabriela Cabezón Cámara, Ana María Shua, Adela Basch y Paula Bombara. Fue una experiencia increíble. La generosidad de los escritores a los que acompañé fue un impulso importante para animarme a participar y en algún caso moderar mesas del stand de Argentina, para charlar de literatura, para aprender de ellos y al mismo tiempo escuchar al público mexicano y su visión sobre nosotros. El viaje a Guadalajara me permitió, al mismo tiempo, participar de actividades de presentación y promoción de mi último libro y reavivar la difusión del primero (“Los Ferrodontes y otros Cuentos”, 2011).

El evento es imponente. Se hace evidente la enormidad de la industria editorial hispanoamericana y la producción literaria en permanente movimiento de los países. También se hacen notorias las diferencias, es un tema para extenderse en otra ocasión, pero me dio la sensación de que la literatura argentina es una maquinaria que genera mucha curiosidad en Latinoamérica. Quizá esto se deba a recorridos históricos y conformaciones sociales particulares, pero creí percibir que un escritor argentino despierta muchos interrogantes sólo por ser argentino. Quizá somos raros y no lo sabemos, tal vez vivimos en una hibridez entre las influencias europeas y el mestizaje criollo. Sí, somos raros.

—¿Qué cosas se pueden decir de la novela en cuanto temática, estilo, argumento, personajes?

—La novela es el relato de una obsesión creciente, de una excusa relacionada a la salud, pensada por Atilio, el personaje principal, para volcar allí su angustia, sus miedos, su espanto ante un destino fuera del alcance del pensamiento. Creo que “Catorce Nueve” es la historia de un tipo que crea un laberinto donde perderse y así sentir un temor humano y conocido. Ese laberinto es en realidad una enorme fachada que tapa la angustia de sabernos indefensos, insignificantes ante cada giro del destino. No sé bien si es una novela o una nouvelle. Está elaborada por medio de crónicas en primera persona. Creo que hay mucho absurdo en el argumento y algunas situaciones al borde del sin sentido. No me voy a extender porque creo que mi opinión sobre el argumento, ahora, es equiparable a la que puede hacer cualquier lector.

—¿Es parte de una serie de novelas que llevaban varios años como inéditas?

—Sí, “Catorce Nueve” es parte de una trilogía de novelas, una trilogía extinta, que por haberla tenido en el cajón sufrió los efectos del reciclaje, la corrección o el descarte. Esta es una novela sobreviviente. Me preocupo mucho más por producir que por publicar. A veces creo que esa decisión no es del todo acertada, pero mi deseo está relacionado al escribir, no a todo el trajín de relaciones públicas, contactos y movidas comercialmente inteligentes que exige el mundo editorial. El tema es que también me interesa ser leído, por eso creo que todo escritor se ve en la necesidad de enfrentar ese trajín, y de aprender más que literatura. No es tan grave, pero hay que organizarse, para no quedarse sin tiempo, no vaya uno a correr el riesgo de transformarse en un escritor que, por aquel otro trajín, deja de escribir.

—¿Cuáles son tus planes a mediano y corto plazo, en relación a nuevas obras en proceso de publicación?

—No tengo muchos planes. Tengo mucho material inédito y muchas obras se acercan peligrosamente al área de reciclados. No me atrevo a releer material escrito hace tiempo porque sé que me cuesta mucho contener mis ansias de corrección o impulsos más fuertes como el de usar las hojas para prender el fuego en algún ocasional asadito. Mi único plan concreto es seguir escribiendo, que ni siquiera es un plan.

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