Edición Sábado 6 de febrero de 2016

Edición completa del día

Edición impresa del 01/12/2019 | Todos los Títulos

editorial

La hora de los malos

  • Sociedades que trivializan el mal y transforman a vulgares asesinos en “héroes” populares llaman la atención de ensayistas y sociólogos.

Ensayistas y sociólogos publicaron sesudos libros refiriéndose a cierta modalidad de las sociedades modernas consistentes -entre otras variables- en trivializar el mal, en transformar a vulgares asesinos en “héroes” populares, en “normalizar” lo que debería ser considerado una actividad criminal.

Esta tendencia ya estaba definida en la primera mitad del siglo XX y se fue profundizando hasta la actualidad. Lo sucedido recientemente con el narcotraficante y asesino serial “Chapo” Guzmán ilustra con elocuencia lo sucedido. No es nuevo que alrededor de los criminales se levante un aura heroica. Los llamados bandidos sociales existen como fenómeno mítico desde hace muchísimos años. Historiadores de muy buen nivel estudiaron la relación de estos criminales con el imaginario popular en un contexto socioeconómico particular.

En nuestro país, personajes como Mate Cosido, Bairoletto o Isidro Velázquez -por mencionar a los más conocidos- se constituyeron, con cancionero popular incluido, en verdaderos ídolos populares, en algo así como una suerte de Robin Hood, que robaban a los ricos para repartir entre los pobres. La realidad histórica en estos casos es menos complaciente y mucho más descarnada, pero para la mitología esta verdad no tiene ninguna importancia.

Con el caso de los narcotraficantes -colombianos y mexicanos- este fenómeno se acentuó de una manera que bien podríamos calificar de perversa. Los llamados “narcocorridos” son una manifestación visible, pero no la única de esa suerte de endiosamiento de forajidos y criminales. Este género, en la actualidad, se transformó en México en una verdadera industria, con sus fetiches y símbolos. A la escala comercial se suma en este caso el interés de los propios capos de la droga para que sus hazañas sean recordadas en el cancionero popular. “Chapo” Guzmán fue uno de los más destacados protagonistas de este género.

Lo novedoso con Guzmán es que el reconocido actor y director de cine, Sean Penn y la actriz Kate del Castillo, fueron partícipes de una puesta en escena que incluyó una entrevista complaciente, y de alguna manera cómplice, y algo así como un romance entre la actriz y el narcotraficante, episodio que poco importa si fue verdadero o no, porque a los efectos de la “publicidad”, de la maniobra consistente en transformar la fantasía en realidad o la realidad en fantasía, lo que en rigor importa es lo que se filma o lo que se graba y, en definitiva, “lo que se ve” en la pantalla.

Más allá de la lógica mediática de los tiempos que corren, de este afán consumista por “lo bueno, lo malo y lo feo”, importa advertir sobre los riesgos de esta tendencia y, muy en particular, sobre la irresponsabilidad, en el caso que nos ocupa, de actores multimillonarios que, al decir de Mario Vargas Llosa, parecen tener una peligrosa y morbosa debilidad por intimar con déspotas y hampones.

¿Es necesario recordar que personajes como el “Chapo” Guzmán son responsables de las muertes de miles de personas, muertes que incluyeron a hombres y mujeres, a niños y ancianos, crímenes cometidos por sicarios que no les ahorraron a sus víctimas tormentos atroces? No deja de sorprender la liviandad de una sociedad que, por un lado, reclama medidas duras contra la inseguridad; y, por el otro, desde el confort de sus hogares, da rienda suelta a sus fantasías enlazadas con héroes populares que supuestamente defienden a los pobres.

¿Es necesario recordar que personajes como el “Chapo” Guzmán son responsables de las muertes de miles de personas?



tapa
Opinión
Tribuna de opini�n
por Por Guillermo Moreno Hueyo y Roberto Rodr�guez Vagar�a
Cr�nica pol�tica
por por Rogelio Alaniz
Pulsos de la pol�tica provincial
por Por Dar�o H. Schueri
Necrológicas Anteriores