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Dos congresos distintos pero con metas parecidas - Edición Impresa - Opinión Opinión

Bicentenario de la Independencia Nacional (3)

Dos congresos distintos pero con metas parecidas

Serie de notas memorativas coordinadas por la Junta Provincial de Estudios Históricos.

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Tira de estampillas con las imágenes de Manuel Belgrano y José G. Artigas, figuras representativas de dos distintos proyectos nacionales, pero expresivas, ambas, de máximos valores morales de la historia rioplatense.

Foto: Archivo

Por Alejandro A. Damianovich

A la hora de proclamar ante el mundo su existencia soberana, los pueblos del Río de la Plata adoptaron dos procedimientos diferentes en el tiempo que corre entre enero de 1815 y julio de 1816.

El bloque que respondía a Buenos Aires, denominado Provincias Unidas del Río de la Plata, seguirá el modelo norteamericano, por lo que producirá una “Declaración de Independencia” al modo de la de Filadelfia, el 9 de julio de 1816, en el transcurso de un Congreso General realizado en Tucumán y convocado en medio de un replanteo revolucionario que venía a recuperar las consignas independentistas relegadas durante los gobiernos de Posadas y Alvear.

¿Declaración formal o grito emancipatorio?

El otro bloque, que se identificaba bajo el nombre de Liga de los Pueblos Libres y al que pertenecía Santa Fe, prefirió atomizar la realización de gestos y actos emancipatorios arriando la bandera española en cada uno de los pueblos que la integraban, proclamando la “libertad” de cada una de estas entidades históricas, e izando en ellas la bandera tricolor de Artigas: azul, blanca y roja. Cumplido ese gesto, que significaba en los hechos la independencia, una reunión general decidiría los pasos a seguir en relación con los otros pueblos rioplatenses, incluyendo la posibilidad de sumarse al Congreso convocado por el nuevo director supremo Álvarez Thomas, quien también arrió la bandera española del fuerte de Buenos Aires y mandó izar la azul y blanca de Belgrano en abril de 1815.

La consumación de la Independencia del conjunto de la Liga artiguista era un hecho desde antes que se iniciara la reunión, porque los pueblos ya habían sellado su “libertad” previamente. Como el modelo de Estado que se defendía era el de Confederación, bastaba con los pasos ya concretados en cada territorio. Lo siguiente era una alianza entre “pueblos libres”, en paridad de condiciones, que debían dictar sus constituciones particulares y consensuar la Constitución General.

Es por ello que Artigas, el 24 de julio de 1816, en respuesta al director Pueyrredón, quien le había comunicado la declaración independentista de Tucumán, le expresó que hacía más de un año que la Banda Oriental había hecho lo propio, cuando “enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva”. El 13 de enero de 1815 se había izado por primera vez esta bandera en el cuartel de Artigas de Arenrunguá y el acto se replicó después en Corrientes, el 17 de enero; el 1º de marzo, en Entre Ríos desde el Arroyo de la China; el 24 de marzo, en Santa Fe; el 26 del mismo mes, en Montevideo, y el 17 de abril, en Córdoba.

Artigas explica el proceso en una carta al gobernador de Corrientes en febrero de 1815 cuando señala que no había dejado de fomentar sus temores “la publicidad con que mantiene [Buenos Aires] enarbolado el pabellón español. Si para disimular este defecto ha hallado el medio de levantar con secreto la bandera azul y blanca, yo he ordenado en todos los pueblos libres de aquella opresión, que se levante una igual a la de mi cuartel general [...] signo de distinción de nuestra grandeza, de nuestra decisión por la República y de la sangre derramada por sostener nuestra Libertad e Independencia”.

Congreso de Oriente: ¿pre-congreso o contra-congreso?

Más allá del enfrentamiento y la guerra que predominó entre ambos bloques de provincias en 1814 y 1815, la reunión de la Liga de los Pueblos Libres en el Arroyo de la China, no fue un acto que pretendiera presentarse como alternativo al Congreso de Tucumán. No fue un “contra-congreso”, si no que más bien aparece como un “pre-congreso”, necesario para que estas provincias, que ya habían proclamado su independencia en actos individuales, consideraran la situación regional planteada tras el derrocamiento del director Alvear y las expectativas favorables creadas en torno a la figura y las promesas del nuevo mandatario general Ignacio Álvarez Thomas, quien, al igual que el Cabildo de Buenos Aires, había reivindicado la figura de Artigas y alumbrado la posibilidad de un acercamiento entre los dos bloques.

Pero el Directorio enviaría ante Artigas a los comisionados Blas Pico y Francisco Rivarola, que le propusieron la independencia de la Banda Oriental, dejando librada a Entre Ríos y Corrientes la decisión de integrarse al nuevo Estado. Este tema era el principal asunto que debía tratar el Congreso de Oriente el 29 de junio de 1815. Aceptar la independencia que se le ofrecía desde Buenos Aires, implicaba dejar de lado el proyecto integrador que Artigas defendía a toda costa. La evidente intención de Buenos Aires era excluir del territorio de las Provincias Unidas al puerto de Montevideo, por entonces en poder de Artigas, para anular la competencia de su tráfico dentro del mismo espacio nacional. Que Montevideo fuera un puerto extranjero, ya fuera en manos de Artigas o, en su defecto, en poder de Portugal (Brasil).

La decisión del Congreso de Oriente fue rápida. Se enviaría una embajada de cuatro diputados a Buenos Aires para negociar un arreglo. Aún se creía en las buenas intenciones del poder surgido de la revolución de abril. Pero el Directorio ratificó la propuesta de Pico y Rivarola, mientras los diputados artiguistas ofrecían la paz entre ambos bloques para salvar la integración. Fracasaron, y mientras eran demorados en Buenos Aires, se preparaba la invasión a Santa Fe, espacio que el Directorio no estaba dispuesto a negociar. Como paso más cómodo del Paraná debía cerrarse a los productos que pudieran entrar por Montevideo u otros puertos de la Banda Oriental.

El Congreso de Tucumán

Desde mediados del año 15, las provincias eligieron a sus diputados en respuesta a la convocatoria cursada el 17 de mayo. Había que votar uno por cada quince mil habitantes o fracción no menor de siete mil quinientos, en lo que el sistema se diferenciaba del seguido para elegir a los que asistieron al Congreso de Oriente, menos preciso, en los que unos congresistas representaban a pueblos y ciudades, y otros a provincias, como en los casos de Córdoba y Santa Fe.

Estuvieron presentes en Tucumán, además de la provincia homónima, Buenos Aires, Mendoza, San Juan, San Luis, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, Salta, Jujuy, Córdoba (participó de ambos Congresos), Charcas, Cochabamba y Chichas; las tres últimas, provincias del Alto Perú (actual Bolivia).

La situación militar era complicada tras la gran derrota de Sipe Sipe el 29 de noviembre, y había inquietud política en Salta donde el general Güemes había declarado la autonomía el 22 de marzo de 1816.

No participó el Paraguay, independiente desde 1811, ni las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y la Banda Oriental, reunidas por su cuenta un año antes en el otro congreso, el del arroyo de la China, y que ya se consideraban independientes desde que habían arriado la bandera española en sus territorios antes que Buenos Aires.

Entre luces y sombras, el Congreso de Tucumán marcó un hito en la historia de América y es un referente en la identidad nacional de los argentinos. Producirá una Declaración de Independencia que aspiraba a incluir a toda América hispana, funcionará como Poder Legislativo hasta 1820 y dará, ya trasladado a Buenos Aires, el Reglamento de 1817, único estatuto que, aunque unitario, tendrá vigencia real (1817-1820) sobre una parte del país antes de la Constitución de 1853. No logró imponer la Constitución centralista de 1819, avaló secretamente el avance portugués, y consintió ensoñaciones monárquicas. Pero la acción de San Martín llevó su proclama independentista por media América.

Por sus manifiestas contradicciones, caerá junto al Directorio en Cepeda en febrero de 1820. Chocará con la realidad que negaba: el otro país, el federal y republicano de los “pueblos libres”, que habían arriado en 1815 el pabellón español en nombre de la libertad, y en momentos en que los temores a las represalias del rey Fernando VII habían inmovilizado a los hombres de Buenos Aires.

Entre luces y sombras, el Congreso de Tucumán marcó un hito en la historia de América y es un referente en la identidad nacional de los argentinos.

 


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