Edición del Sábado 21 de mayo de 2016

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En Egipto - Revista Nosotros Nosotros

En Egipto

En Egipto

El autor repasa su visita a El Cairo, las pirámides, el arte y las imponentes construcciones egipcias en un viaje para el recuerdo.

 

TEXTOS. DOMINGO SAHDA.

El vuelo Beirut-El Cairo fue impecable en todos sus aspectos. El aeropuerto, enorme. a mítica ciudad de El Cairo se desplegaba ante mis azorados ojos. Realidad y fantasía se entremezclaban. La historia aprendida en lejanos tiempos de secundaria se hacían realidad a través de monumentos, avenidas, callejuelas, personas, vidrieras, mercados, mezquitas. Gentes vestidas con indumentaria arábiga se mezclaban naturalmente con otros vestidos “a la europea”. Cada quien en lo suyo. Esa particular mixtura me impactó.

Se oía el bullanguero sonar de las llamadas de los taxistas ofreciendo a viva voz sus servicios, práctica ya vista y oída en otros lugares de Medio Oriente. “¿Viene de la Bombonera?”. Perplejo ante la pregunta miré al joven conserje del hotel en el cual me alojaría. Él, estudiante de español, aclaró prontamente que se refería al Club Boca Juniors. Como tantas otras veces me había ocurrido, la Argentina es solo fútbol y algunos de sus jugadores. Además, por cierto, del doloroso mote tantas veces oído y tantas otras veces contado: “Para nosotros, los argentinos son mentirosos y ladrones”. Explicar, como tantas otras veces, que nuestro país es maravilloso -al margen de tanto miserable discurso de ocasión, tantas veces argumentado aquí y allá- tampoco alcanza.

EL CAIRO

El Cairo es, literalmente, un hervidero humano cordial con el viajero. Desde las ventanas de mi alojamiento divisaba en la lejanía a la “Esfinge” aureolada por el resplandeciente sol que refractaba en el arenal. Pronto la visitaría. Al otro lado estaba el Río Nilo uniendo y dividiendo al mismo tiempo. Ajeno a todo grupo de turistas anduve “a mi aire” por esa Babel. Entré al Museo de la Historia. Parado ante el sarcófago doble de Tutan-Kamon, a las maravillosas ofrendas en la Cámara Real que lo protegían, a la Momia, quedé anonadado.

Sentí que me debía a mi mismo esa visita. La imagen de “Nefertiti”, me “miraba” inmóvil. Salí despaciosamente, luego de largo rato, para recorrer el “Down Town”, yendo y viniendo una y otra vez por sus calles, por sus avenidas, deteniéndome una y otra vez aquí y allá. Atrapó mi atención un artesano callejero que hacía sus cosas a la vista de todos. Compré un pequeño trabajo que repetía las formas típicas del lugar. En ningún momento sentí temor alguno.

El llamado a la oración desde el “Almuédano” de las mezquitas era un tanto menor que en otros lugares de la región. En el gran, enorme, mercado de “Al-Khalili” los vendedores voceaban lo suyo a todo pulmón. La algarabía y el ruido eran intensísimos. Por la pantalla de un televisor instalado que vi repetido otras veces, un “Sheik” de muy bella voz, identificado al pie, leía “El Corán” sin imagen alguna, por supuesto, de manera constante. El Islam define la vida de las gentes. Su rechazo al Judaísmo es subrayado una y otra vez.

PIRÁMIDES

En mi recorrido por el Mercado me detuve a ver a dos niños casi adolescentes que cosían delicadamente las fundas de los almohadones aplicando un maravilloso diseño a modo de “patchwork”. Me alcé con tres bellos trabajos. Pagué con tarjeta de crédito. La conversación con el patrón de Stadn fue larga y muy amena. Los chicos aprenden a vivir colaborando con la economía familiar. Olvidé mi tarjeta sobre el mostrador. El dueño corrió más de cincuenta metros a los gritos, para devolvérmela. Me conmovió el gesto, abochornado por mi estupidez.

En Giza visité las Pirámides de Cheops, Kefren y Mikerinos. Son por derecho propio una de las maravillas del mundo, de ayer y de hoy. Los interrogantes en torno a ellas son innumerables, se pueden tejer toda clase de suposiciones relativos a los enunciados simbólicos del poder, de las creencias y religiones. En suma, sobre la vida y la muerte. La pirámide de Cheops alcanza los 140 metros de altura, recortándose sobre el cielo resplandeciente. Imaginar su construcción aturde los sentidos. Por una escalinata se desciende hacia el centro subterráneo de la tumba sagrada de 30 metros, por una estrecha escalinata de piedra tallada. En el centro se halla un sarcófago, espacio funerario para los faraones. Solo un pequeño hilo de luz se filtra únicamente al amanecer. La experiencia es intransferible, no apta para claustrofóbicos.

ARTE

Visité dos museos de arte visual en El Cairo. El “Mohamed Mahmud Museum” exhibe una “pasable” colección de pintura francesa preimpresionista y, eso si, una excelente colección de porcelana china genuina. El Museo de Arte Contemporáneo es una construcción descomunal, nueva, con una espaciosa sala central que gira en círculos concéntricos. Las pinturas y esculturas del siglo XX repiten imágenes propias de la Globalización del Arte ya entrevista en otros lugares.

Por la noche, quedé atrapado por el movimiento de gente que en el Salón Central se reunía en torno a una boda según el rito Musulmán. Cuando caí en la cuenta del tiempo, corrí hasta mi habitación y armé mi valija atropelladamente, urgido por quien me trasladaría en vuelo hacia Kim-Ombo, ciudad situada hacia el centro-sur del país. Llegué a tiempo para embarcarme en el ferry con el cual recorrería el tramo medio e inferior del río visitando distintos lugares. Ya en mi camarote abrí mi valija y caí en la cuenta de que en el apuro había olvidado un bolsito en el que llevo mi medicación diaria y obligatoria. Desolado por mi estupidez, subí prontamente a cubierta y le solicité al capitán del ferry que me indicara cómo volver a El Cairo, pues debía recuperar lo olvidado, si o si. Cordialmente me atendió, pidió que lo siguiera. Bajamos por la planchada. Ya en tierra llamó a un taxista, quien con su kaftan hasta los tobillos y su gran turbante me indicó gestualmente que subiera a su coche-taxi, un antiquísimo Ford Ocho negro. Comenzamos a recorrer la ciudad de Kom-Ombo en busca de alguna farmacia. Todo cerrado. Viernes, día de oración. Finalmente, encontramos una abierta. Solicité la medicación, recetario en mano. La empleada me indicó que no podía atender a mi pedido pues se trataba de medicación especial, que necesitaba la autorización de sus superiores, no era medicación de venta libre. Yo, desolado. Prestamente el chofer me indicó con un gesto que subiera al auto y raudamente partió para el hospital. Allí una médica atendió mi pedido de “auxilio”. Vio la receta que le extendí como constatación de mis necesidades, que fueron autorizadas ahí mismo y me fueron expendidas en la farmacia del hospital. Aprendí la lección de viajar con dos provisiones. Una en el bolso de mano y otra resguardada en la valija. Volvimos al puerto. Pagué con creces la atención del taxista, quien quedó un tanto anonadado por la paga. Subí al barco. Comenzó prontamente la travesía que se extendería por dos días con sus noches.

LUXOR

Contemplé desde la cubierta la Represa de Asuan, esa magnífica construcción que embalsa y regula la altura de las aguas de las periódicas crecidas del Río Nilo, maravilla de la tecnología del mundo moderno construida en épocas en que Nasser regía los destinos del país y que cambió su historia económica y cultural. Expectante, y desde la cubierta, veía y sentía cómo el buque que nos llevaba ascendía y descendía por muchos metros al traspasar de un nivel a otro; era una experiencia inolvidable. No perderse el espectáculo vivido como aventura era la consigna.

En Luxor visitamos el templo del Dios Karnak con sus hermosas columnatas con capiteles en forma de papiros de Abú-Simbel, donde nos encontraríamos con el templo de Amon-Ra. La mirada absorta trataba de capturar para el recuerdo esas maravillas construidas por el talento del hombre. La máquina para fotografiar tampoco descansaba. Caminar lentamente por la plaza central de Luxor anonada. El ayer y el hoy en sus construcciones, en los modos y la indumentaria de las gentes, el trato amable en todo momento. Desde Luxor viajé hacia El Cairo en tren. Atrás quedaban los colosos del Memnon, el Templo de Kom Ombo con sus esfinges pétreas mirando al levante.

Un turbante y una túnica típica, además del recuerdo de lo vivido y las fotografías, son testimonio de esa bella y vital experiencia. Pronto partiría para Israel, pero esa es otra historia.

el cairo, “un hervidero humano cordial con el viajero”.

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represa de asuan.

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las pirámides egipcias, una de las maravillas del mundo.

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el mercado de el cairo.



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