Edición del Jueves 28 de julio de 2016

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Tribuna de opinión

¿Generaciones o elecciones?

Por Enrique A. Escobar Cello

Nuestro país ha soportado 22 años de experiencias populistas desde que se reinstaló la democracia en 1983.

Todos estos gobiernos llegaron al poder en nombre de la justicia social, pero sólo profundizaron la desocupación, la pobreza, la marginalidad social, la inseguridad y el narcotráfico, quedando el pueblo como mudo espectador de un nauseabundo desfile de presidentes, ministros, secretarios de Estado, gobernadores y jueces, obscenamente enriquecidos, exhibiéndose con impudicia y conformando la más vergonzosa etapa de toda nuestra historia.

El 10 de diciembre pasado, felizmente, un gobierno de signo opuesto al populismo ganó las elecciones nacionales.

En su discurso inaugural ante el Congreso Nacional, el flamante presidente Macri hizo una reseña de nuestra realidad, escasa, a juicio de quien escribe, pero no por eso menos reveladora: “En los años que van de 2006 a 2015, los argentinos pagamos al Estado nacional casi 694 mil millones de dólares más en impuestos que en la década del ‘90... Más recursos no implicaron una transformación de nuestras escuelas, hospitales o una mejora en la seguridad. Más recursos no permitieron ni siquiera reducir los problemas estructurales de pobreza e indigencia...” sostuvo. Y en otro tramo expresó: “Alrededor del 42 por ciento de la población carece de cloacas, el 13 por ciento no tiene agua corriente y más del 40 por ciento no tiene conexión a la red de gas”. Para luego puntualizar que “entre 2003 y 2015 la cantidad de empleados públicos creció un 64 por ciento” y que se pasó “de aproximadamente 2.200.000 empleos en 2003 a 3.600.000 en 2015”. Más adelante manifestó que “somos un país que recibe droga, la transforma, la vende internamente y la exporta a Europa, África, Asia, Australia, Medio Oriente y a países vecinos como Chile y Uruguay... Será una tarea de la Justicia investigar si esta situación que recibimos fue fruto de la desidia o la incompetencia, o de la complicidad”. Estos fueron algunos de los conceptos del presidente en su primer discurso.

Herencia y ajuste

Hoy, a siete meses de aquel inicio, el gobierno sigue enfrentando situaciones sobrecogedoras a causa de la miseria ocasionada por la corrupción y el despilfarro de la anterior administración. Se hace entonces imprescindible ajustar y reordenar la economía para que la Nación funcione con normalidad y aspire a recibir las inversiones que generen los puestos de trabajo, que traerán prosperidad general.

Sí, ajustar, no debemos temer a las palabras, y hablar con propiedad. Cuando la economía es un descalabro, hay que ajustar las cuentas, éste es el caso, y no hace falta ser economista para saberlo. Venir a resolver los problemas creados no es insensibilidad social, lo sería ignorarlos y dejar que el desastre se profundice. No hay magos que resuelvan nuestro drama con una varita mágica. Y el remedio no es indoloro, nunca lo es.

El problema del gas y de su precio real, que habrá de pagar en adelante el consumidor, ha generado tremendas polémicas. ¿Se debe pagar por el gas lo que el gas realmente vale, o se lo debe seguir subsidiando con recursos que el Estado tenía previsto para salud, educación, redes cloacales o caminos?

Gran parte de la oposición critica acerbamente las medidas del gobierno al respecto y pontifica sobre lo que “hay” que hacer, sin decir concretamente “cómo” hacerlo. ¿A qué santo desvestimos para vestir a éste? Sobresale entre estos opositores, el frente político que lidera un ex jefe de Gabinete del primer gobierno de la señora de Kirchner, acompañado por otro ex jefe de Gabinete del ex presidente Kirchner, ex gobernadores durante estas gestiones, ex ministros, etcétera. Diagnostican, critican y chicanean como si estuviéramos en plena campaña electoral, y recién van siete meses de gobierno. ¿Algún acto de contrición por haber sido, desde los más altos cargos, partícipes pasivos del gobierno autor de toda la corrupción ocurrida bajo sus narices? No se ha escuchado nada. ¿Se preguntaron en su momento sobre el destino de gran parte de esos 694 mil millones de dólares de más que se recaudaron, en gran parte, mientras ellos circulaban por los pasillos alfombrados del primer nivel del gobierno pasado? Tampoco; “de eso no se habla”. El silencio y mirar para otra parte en casos como éstos ¿son actos de complicidad, o no?

Jirones de soberanía

Los subsidios al público consumidor de gas, y una política energética de cero inversión, difícilmente atribuible a la ineptitud, generó estancamiento y paralización de exploraciones en el sector, conduciéndonos a la pérdida de nuestra autosuficiencia petrolífera y gasífera, logro que en los años ‘60 el presidente Arturo Frondizi concretara al precio de ser derrocado y confinado. El populismo kirchnerista dejó un gran jirón de la soberanía nacional al retrotraernos a la dependencia del combustible extranjero.

Pero ellos sostienen ser los creadores de la patria, y representar las banderas de lo nacional y popular, con un pueblo en gran parte sin cloacas, sin agua potable, sin asfalto. El sofisma se mantiene a rajatabla.

El gobierno nacional enfrenta hoy dos opciones. La primera, del menor esfuerzo, que es transigir y seguir con la ruinosa farsa de los precios subsidiados, lo que en tal caso nos precipitará a una crisis aún mayor de la que vivimos (sin olvidar que estaría cayendo en un grosero acto de populismo), pero que tal vez pueda cosechar simpatías ocasionales (quizás con algún resultado en la próxima elección). O, por el contrario, optar por el camino de la verdad, de la seriedad del gobierno responsable que pone remedio a los problemas que se deben remediar sin medir en términos de encuestas el precio de las soluciones.

No hay tres opciones, hay dos: populismo, con mentiras, corrupción y miseria; o democracia real, con sacrificio, trabajo serio, desarrollo y prosperidad al final del camino. Las naciones desarrolladas del mundo no construyeron su grandeza y prosperidad sin sacrificio y tesón.

Confiamos que el actual presidente seguirá el camino de trabajar con empeño en beneficio de las próximas generaciones, dejando para nuestros adocenados políticos la preocupación por los resultados de las próximas elecciones y la persistencia de sus oportunistas declaraciones.

En el futuro el pueblo sabrá a quién votar, porque el voto que castiga es el mismo voto que premia.

Apropiarse de plata o bienes ajenos es robar. Mentir y confundir a la población es también una manera de robar, porque se están robando la buena fe de un pueblo y las esperanzas de la juventud, su capacidad de creer. Esto es lo que un gobernante serio no debe perder de vista, “pues no es vergüenza ser pobre y es vergüenza ser ladrón” (Martín Fierro).

No hay tres opciones, hay dos: populismo, con mentiras, corrupción y miseria; o democracia real, con sacrificio, trabajo serio, desarrollo y prosperidad al final del camino.

 


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