Edición del Sábado 30 de julio de 2016

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Tras las huellas de San Ignacio - Edición Impresa - Revista Nosotros Nosotros

Tras las huellas de San Ignacio

La autora recopila en este relato sus viajes por distintos lugares que marcaron la vida del santo -cuya fiesta se celebra cada 31 de julio- desde su nacimiento hasta su muerte en Roma hace 460 años.

Textos. Ana María Cecchini de Dallo.

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Monasterio de Montserrat en Cataluña.

 

Al conocer un sitio nuevo en el mundo buscamos sus lugares emblemáticos los que en muchos casos se vinculan con los hombres que vivieron en él y trascendieron a la historia. Cuando además conocemos la biografía de alguien cuya obra admiramos y somos devotos, como nos sucede con San Ignacio de Loyola, nos conmueve caminar sus caminos y visitar sus lugares.

Fue así que, nada más llegar, en 1994, al actual País Vasco, recordamos que en ese sitio había nacido, en 1491, Iñigo López de Recalde, en el pueblo llamado Loyola (Azpeitia en euskera). Hacia él partimos, recorrimos un camino de suaves colinas de tonos muy verdes cuando, al asomarnos a un valle adonde naturaleza y arquitectura se funden fuimos impactados: el bello y enorme conjunto monumental en el que se aúnan los vestigios de la Casa de Loyola donde nació Iñigo con la Basílica que la Compañía de Jesús levantó en su homenaje. Habíamos llegado al sitio que caminó y respiró el Santo.

La casa natal es hoy un museo que nos introdujo en la vida cotidiana de la familia en un Señorío del siglo XV, esto nos posibilitó un efecto de proximidad a esas costumbres y modos culturales. El día a día de los López de Recalde en su casa torre, los ambientes de la casona: comedor, cocina, cuartos, con los muebles y objetos propios de cada uno. Nos permitió, entonces, con mayor facilidad, recrear en nuestra mente los momentos particulares de la vida de su trascendente habitante.

Se halla presente en la casa-museo, representada mediante objetos, la vida juvenil el servicio de las armas del reino de España y la vida de reclusión que pasó al ser herido, sus lecturas y la profunda conversión que lo lleva por caminos de pobreza, soledad y oración.

La imponente basílica y el seminario vecino son magníficos, y al ingresar a la primera durante una misa, nos conmovió oir los cantos y oraciones en euskera, esa lengua seca, sin tonalidades, que con su dura pronunciación se elevaba a Dios.

Recorriendo estas tierras descubrimos múltiples sitios que recuerdan momentos de la vida del niño y joven Íñigo.

RECUERDOS EN PAMPLONA

Al llegar a la bella capital de Navarra, nos acercamos a conocer los sectores restaurados de la muralla, la que hoy usan los locales para realizar el encierro de San Fermín. Mirando esos espacios rememoramos el duro combate en el cual Íñigo integró las tropas que defendieron a Navarra de los franceses y en el cual cayó herido muy grave.

Próxima a Pamplona esta la Villa de Sangüeza, alli visitamos el Castillo que perteneciera a la familia de los Javier (Jonás), este Señorío fue la casa natal de Francisco, el amigo de Íñigo que le acompañó en la travesía fundacional de la Compañía hasta que partió para evangelizar en el lejano oriente adonde murió.

EN EL ESTE DE ESPAÑA: CATALUÑA

Hacia allá partimos, años más tarde. Alojados en Barcelona, por la cual ya habíamos caminado en varias ocasiones, encaramos en 2012 la visita a dos sitios próximos que son de enorme simbolismo en la historia ignaciana.

El tren nos llevó a Monistrol de Montserrat, el objetivo era conocer el Monasterio Benedictino que eligió Íñigo, mientras hacía su peregrinaje de transformación, para ofrendar a la Virgen, en la imagen románica, pequeña y ennegrecida a la que llaman la “moreneta”, que apareció en una cueva de los agrestes y escarpados montes, advocación que es la Patrona de Cataluña. Allí numerosos peregrinos asisten a la misa y le imploran que interceda ante su hijo por un milagro.

Continuamos unos pocos kilómetros más y llegamos a Manresa. En esta población se afincó Íñigo por un tiempo esperando que la cuarentena de la peste pasara en Barcelona y lo dejaran entrar a la ciudad para embarcarse hacia Tierra Santa.

Vivía en el Hospital Santa Lucía, ayudado por los habitantes para comer y ayudando a su vez él a otros necesitados. El sereno paisaje que rodea al río Cardoner lo atrajo, halló una cueva a su orilla en la cual encontró la paz para hacer su introspección, orar e inspirarse para la redacción de sus ejercicios espirituales. Los ejercicios que, a través del tiempo, han impactado en cada persona que los practicó, generando una fuerza multiplicadora de la catolicidad, y han signado el perfil de la Compañía de Jesús.

Íñigo, luego de concretar el viaje a Tierra Santa, una experiencia de enorme contenido medieval, buscó mejorar sus conocimientos de filosofía y teología, experiencia que comenzó recorriendo universidades españolas Alcalá y Salamanca- pero en ellas encontró muchas resistencias, no era aceptado por su modo de vestir y vivir en la pobreza, e inclusive debió padecer persecución de la inquisición.

ESTANDO EN PARÍS DESCUBRIMOS A ÍÑIGO DE LOYOLA

Caminando por Paris, más precisamente por el barrio latino, sobre el Boulevard Saint Michelle, recordamos que Íñigo pasó por esas calles, si bien de un Paris muy distinto. Allí pudo estudiar latín en el Colegio de Montaigú y luego en el Colegio Santa Bárbara, Facultad de Artes en realidad de filosofía-, ambos formaron parte de la Universidad de la Sorbona.

Allí conoció a quienes fueron sus primeros compañeros, los que compartirán con él los tiempos fundacionales de la Compañía de Jesús.

Recorrió las etapas de estudio y alcanzó sucesivos títulos a los que coronó con el ansiado de Maestro en Artes el 14 de marzo de 1534. Este documento tiene la singularidad de que oficializa, por así decir, el cambio de nombre de Iñigo por el de Ignacio de Loyola y realiza el cambio que sus biógrafos describen como el paso del medioevo a la modernidad.

Una placa sobre el Boulevard Saint Michelle recuerda el paso de estos santos jesuitas por la renombrada Universidad de la Sorbona.

LOS PRIMEROS COMPAÑEROS EN MONTMARTRE

También una caminata circunstancial por el Barrio de Montmartre nos posibilitó descubrir una pequeña capilla, la de Sanctum Martyrum, un sitio muy particular que existió desde tiempos muy lejanos en la desnuda colina de Montmartre. Allí, el 15 de agosto de 1534, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás de Bobadilla, Simón Rodrigues y Pedro Fabro, el único sacerdote, profesaron sus votos de pobreza, castidad y vida apostólica.

Era un sitio muy especial por su fuerte contenido para la fe católica, allí fue martirizado San Dionisio y dos cristianos que lo acompañaban; más tarde, tal vez, fue usada por otros cristianos para reunirse en secreto, el tiempo la modificó y lo que hoy se visita poco tiene que ver con aquel “cenáculo” del siglo XVI.

ALGUNOS SITIOS DE ROMA

Fuimos recorriéndolos en diferentes viajes y algunos los frecuentamos muchas veces. En esta ciudad su vida marcó muchos lugares. Vivió en Roma mientras continuó con los pasos necesarios para hacer realidad la Compañía de Jesús.

Su primera misa en Santa María la Mayor, es un ejemplo; pero el espacio preferente se encuentra próximo a la Torre Argentina en Roma, allí se conservan los cuartos que habitaba, fracciones de la antigua iglesia, un museo en el cual nos aproximamos a la fisonomía de su rostro mediante la mascarilla mortuoria, a su tamaño, a sus pies al ver las pequeñas y modestas zapatillas que calzaba.

Allí esta también la Madona de la escribanía que le acompañaba en su escritorio.

Il Gesú, o la Iglesia del Santo Nombre de Jesús, de la cual estamos hablando, conforma el mayor homenaje realizado al Santo, una iglesia de un barroco en todo su esplendor marmóreo, una belleza propia del estilo que era característico del tiempo en el cual fue construida y engalanada mediante la participación de arquitectos y artistas de primer nivel. Ella fue proyectada por el Santo, pero se construyó luego de su muerte, gracias al aporte del Cardenal Alejandro Farnesio.

En ella descansa el cuerpo de San Ignacio de Loyola, que fue un hombre común antes de entregarse a Dios y que logró elevarse y cumplir su misión, mediante un esfuerzo de voluntad, reflexión, estudio, fundó la Compañía de Jesús, orden esencialmente misionera, que lleva a cabo su labor respetando la libertad e identidad de las personas a las cuales evangeliza.

San Ignacio murió en Roma el 31 de julio de 1556, éste año se cumplen 540 de su muerte. Fue canonizado el 12 de marzo de 1622.

Bibliografía: Anuario de la Compañía de Jesús. Jesuitas.1992.

Jesuitas Conferencia de Provinciales de América. Congregación General 36.

www.cpalsj.org

Senderositalianos.blogspot.com.ar

El Santuario de Loyola: Juan Plazaola Artola. Archivo histórico de Loyola. Azpeitia. Primera Edición.1993.

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Casa Torre de Loyola, donde nació y creció Íñigo.

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Frente de Il Gesú o Iglesia del Santo Nombre de Jesús en Roma.

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Gruta de Manresa

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Valle de Loyola.



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