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“Hay que enseñarles a jugar y también a ganar” - Revista Nosotros Nosotros

“Hay que enseñarles a jugar y también a ganar”

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El Litoral y Luis Nuñez en una charla en el hábitat natural, una cancha de fútbol en pleno Manhattan, en Nueva York.

Tatengue, amigo de Spahn, entrenador de fútbol, trabajó en Unión en los tiempos de Rubén Rossi. Cuando llegó a la Gran Manzana Luis NUñez siguió detrás de su gran pasión: el fútbol. Dedicado a la actividad comercial, no le pierde pisada a su querido Unión.

Textos. Enrique Cruz (h). Fotos. Gentileza Luis NUñez y Archivo El Litoral.

 

“Llegaste a Nueva York, esta ciudad es mágica... Acordáte lo que te digo”, fue la bienvenida de un santafesino que se radicó en Manhattan hace 16 años, echó raíces y si bien mantiene muy firme el vínculo con Santa Fe —sobre todo a través de Unión, su gran pasión—, parece que su destino se conduce irremediablemente a permanecer mucho tiempo más en esta maravillosa ciudad.

Luis Nuñez tiene, de todos modos, muy incorporados a su memoria y a su corazón, aquellos tiempos de niño, sus sueños de ser entrenador de fútbol —en parte concretados más allá de que desarrolla una importante vida comercial en Manhattan— y es un gran anfitrión para cualquier santafesino que llegue a la Gran Manzana. Se declara amigo de Luis Spahn, el presidente de Unión, y mantiene con él un vínculo estrecho, a veces cruzándose en alguna parte del mundo y otras, la mayoría, a través de un contacto telefónico casi a diario.

—¿Qué fue del Luis Nuñez niño?

—Nacido y criado en Nueva Pompeya cuando no existía Las Flores II y tampoco la avenida Peñaloza. Ese era un callejón de tierra y había quintas. Iba descalzo en los días de lluvia al colegio Don Bosco y tenía que lavarme los pies para poder entrar luego con los zapatos puestos a la escuela. Era la época de los clásicos picados de fútbol “barrio contra barrio”, tiempos de mucho baldío y mucha pelota. Teníamos el orgullo y el honor de “representar” al barrio. Se ponía mucha garra en esos partidos y el que tenía un poquito de técnica sobresalía.

—Así que te educaste en el Colegio Don Bosco...

—Toda la primaria fue allí y recogí una gran experiencia y muy buena educación. Después, hice la secundaria en el Industrial, donde también me fue muy bien y guardo grandes recuerdos. Me recibí de técnico en construcciones hidráulicas. Me encantaba la época de los intercolegiales.

—Para ser jugador de fútbol, ¿te faltaba, no quisiste, no pudiste?

—Quise, pero tuve tres operaciones y mi vida y mis sueños como jugador se cayeron rápidamente. Al recibirme de director técnico en el Centro de Perfeccionamiento y Actualización Técnico Docente Deportivo, se me abrieron puertas impensadas. Tuve la posiblidad de trabajar en Unión, con Rubén Rossi. Luego me fui a Pucará, que era filial de Unión. No me hice un nombre, pero Unión me dio la posibilidad de trabajar. Ahí me dí cuenta que mi capacidad era para la parte formativa y me especialicé en eso, algo que luego continué en Estados Unidos.

—Tocaste un tema central en el fútbol como es la formación, ¿faltan formadores actualmente?

—Te voy a poner un ejemplo de tu rubro: así como hay periodistas para política, para deportes o para cine, en el fútbol es igual. Las personas que trabajan en inferiores tienen que tener la convicción y la decisión de saber que ésa es su área. Y especializarse en eso y trabajar para eso. Pero si lo ven como el trampolín para dirigir en Primera, estoy en desacuerdo y es incompatible con la profesión. No creo que haya falta de formadores. Hace 40 años, en Unión estaban Grasso, Panetto, Meza, que no tenían tanta preparación pero tenían un muy buen “ojo” y le daban contención a los chicos. Veo que hace unos 20 años ha cambiado la filosofía y se ha impuesto que el técnico de inferiores tiene que ser formador, pero si no le agregamos que hay que enseñarles a ganar, esa formación es parcial. En Santa Fe se conforman. Hay que enseñarles a ser competitivos, a tener el cuchillo entre los dientes como lo tiene Conti, Martínez, Poblete y Brítez. Hay que enseñarles a jugar, pero también a ganar.

—¿Se pueden formar “ganadores”?

—En los 70, Unión y Colón tuvieron equipos impresionantes y generaron jugadores notables. El Toto Lorenzo y el Gitano Juárez les enseñaron a ganar a esos equipos. Con el tiempo, fuimos retrocediendo en Santa Fe. Hoy, Unión tiene un mejor presente, y Colón lo tuvo hace cinco años. Si a los 15 años, un chico no va a jugar a la cancha de Boca a ganar, no va a andar, no va a llegar a Primera.

—¿Qué opinás de Luis Spahn?

—Es difícil opinar de los amigos. Y yo a Luis lo considero mi amigo. El trajo un aire diferente, un perfil bajo que en la historia del club no tuvimos, una idea de que a los trapitos hay que lavarlos en casa y creo que el 90 por ciento de los dirigentes tienen un perfil parecido. Resucitamos el básquet de Unión que, por historia, fue excelente. Y las inferiores están muy bien, con Alejandro Triunfini a la cabeza.

—¿Para qué está Unión?

—Como hincha, cualquier cosa me va a saber a poco porque quiero algo grande. En España, Sevilla o Valencia saben que no van a salir campeones nunca y gastan millones y millones de dólares. En Argentina salen campeones los equipos chicos, pero en la realidad, estamos lejos de ser campeón. Mi deseo es no tener deudas, contar con jugadores que lleguen bien alto y quizás con cuatro o cinco cracks de las inferiores podremos pelear por algo.

—Viniste con sueños a Estados Unidos, ¿vivir en Santa Fe es una etapa terminada?

—Si me preguntabas hace 16 años si me proyectaba vivir en Nueva York, te decía que no. Hoy te digo que no volvería a Santa Fe. Desde lo profesional es difícil, porque tengo una trayectoria acá. Hice programas de fútbol en este país en el que no es fácil introducir el fútbol y que prenda, pero arrancamos con 29 chicos y terminamos con 11.500. Acá, indudablemente, hay más posibilidades. Ojalá alguna vez pueda volcar esta experiencia en Santa Fe, no la descarto. Pero mi familia está acá y lo veo muy difícil.

Se llama Luis Nuñez y es la historia de muchos, que algún día se cansaron de la falta de oportunidades o buscaron nuevos horizontes para desarrollar esos sueños que se le derrumbaban en nuestro país. De aquella infancia humilde pero digna y feliz de Nueva Pompeya, a las luces de la gran ciudad. Y aparte, un anfitrión de lujo. Como para disfrutar mucho más a una ciudad llena de luces, mágica e impactante.

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Junto a una de las grandes figuras que tuvo el fútbol francés: Thierry Henry. Fue en un encuentro de fútbol infanto-juvenil.

Su currículum neoyorquino

A su arribo en el 2000, Nuñez empezó a trabajar en en Andrés Escobar Academy (al mando de Miguel Cuellar y en honor al jugador asesinado luego del Mundial de 1994). A cargo de la sub-13, consigue tres de cuatro campeonatos en Metrokids Soccer League. También trabajó 2001/2003 para los Campus del Milan de Italia en NYC. Eso le permitió un reconocimiento y la propuesta de parte del Gobierno de la Ciudad de NY para diagramar un programa de fútbol escolar. En ese momento la competencia en soccer era inexistente.

Presentó un proyecto a 10 años. “Comenzamos en dos centros deportivos y 29 chicos de escuelas primarias. Demoré tres meses en hacer que no agarren la pelota con la mano. Al ver el contexto social de estos chicos, nos dedicamos más a lo recreacional y con asistencia médica-fisica que a lo estrictamente deportivo. Hicimos un contrato de diez años que rescindí en el 2009. El programa terminó con mas de 11.500 chicos a lo largo de todo el Estado de Nueva York”, cuenta Nuñez.

Luego le presentaron a Claudio Reyna —ex capitán de la selección USA y mejor jugador de la historia—, que “me contrató para realizar el mismo trabajo que hacía para el gobierno en su propia fundación con un crecimiento desde lo económico. Allí tuve la suerte de trabajar con grandes jugadores y entrenadores como el Pupi Zanetti, Bilardo y Titi Henry, entre otros, hasta el 2014”.

Después, Nuñez estuvo trabajando en la división juvenil de la Universidad de Columbia, que está entre las cinco mejores del país. Su hijo Diego está fichado en las inferiores del NYC Fútbol Club, franquicia del Manchester City en Nueva York, aunque ahora está convalesciente de una operación de ligamentos cruzados. Deja para el final una frase que es todo un legado: “Es muy difícil hacerse un nombre a lo largo de dieciseis años, siendo un extranjero y en un país como éste”.

“Las personas que trabajan en inferiores tienen que tener la convicción y la decisión de saber que ésa es su área. Y especializarse en eso y trabajar para eso”.

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Nuñez junto a Cuellar y el recordado Daniele Massaro, estrella del Milan y también de la selección italiana.

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Dando una conferencia de fútbol en la Universidad de Georgetown.



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