ESPACIO PARA EL PSICOANÁLISIS

El síntoma del soltero

Por Luciano Lutereau (*)

En estos días una noticia ha conmovido al mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó a las personas que no establecen una pareja en el grupo de los “infértiles”. El fundamento de la decisión radica en la buena intención de ampliar derechos, esto es, que aquellas personas que no necesariamente no pueden procrear por motivos biológicos puedan acceder igualmente a la fertilización in vitro. No obstante, como suele ocurrir con las buenas intenciones, suelen producir un efecto sorpresivo. En este caso, la conclusión que se desprende casi de manera literal a partir de la sanción... es afirmar que ser soltero es una discapacidad.

Y en este punto, podríamos preguntarnos, ese revés que expone la declaración de la OMS, ¿no impone pensar que puede haber algo sintomático en la soltería? En cierta ocasión Jacques Lacan se refirió a la “ética del soltero” (a partir de un comentario al escritor Henri de Montherlant): soltero es el que pone de manifiesto el rechazo al lazo con el Otro sexuado. “El soltero es el que se hace el chocolate solo”, dijo también Lacan en el seminario “El reverso del psicoanálisis” (esta vez con una alusión a Marcel Duchamp). Sin duda, de acuerdo con la metáfora culinaria, podríamos sostener que quien logra cocinar para uno solo es una persona que está gravemente enferma.

Al cocinar para uno solo siempre corroboramos una especie de “falta de proporción”: o bien no es suficiente o, por lo general, queda un resto. Hay diversas formas de tratar ese resto, ya sea ponerlo en el freezer, guardarlo en un tupper como almuerzo para el día siguiente, comerlo sin ganas tan sólo para que no quede o no tirarlo. Tan sólo. Y muchas personas dan cuenta del profundo malestar que les causa cenar en soledad, ya sea porque lo hacen mientras miran televisión o están en la computadora, o parados junto a la mesa o directamente de la olla. Sin duda la soltería tiene un costo muy grande.

Ese resto que se produce en el momento de cocinar y comer, instituye la hipótesis de que el ser humano puede estar abierto al encuentro con el Otro sexo en el más trivial de los actos. En efecto, nadie cocina para sí mismo y como resto obtiene una paella... Nadie hace una orgía gastronómica cuando está solo, sino que reserva ese resto que invita a un Otro o, mejor dicho, que hace del Otro un invitado. No por nada muchos encuentros amorosos inician por la invitación a cenar.

La noticia de la OMS es inquietante. Nuestra época está obsesionada con hacer de las cuestiones sexuales un asunto de “salud”. La creciente normativización biopolítica a que esto conduce podría ser preocupante. Científicos y especialistas investigan las más diversas maneras de cercar el sexo: otra noticia reciente afirmaba que tener sexo durante la mañana estimula el ritmo cardíaco. Sin embargo, nadie se pregunta por qué en la sociedad actual mucha gente no tiene con quien compartir una cena. En este sentido el psicoanálisis es la única práctica que interroga a contrapelo los actos mínimos por los que alguien sufre en su vida cotidiana.

(*) Doctor en Filosofía y Magíster en Psicoanálisis (UBA). Docente e investigador de la misma Universidad. Autor de los libros: “Celos y envidia. Dos pasiones del ser hablante” y “Ya no hay hombres. Ensayos sobre la destitución masculina”.

La noticia de la OMS es inquietante. Nuestra época está obsesionada con hacer de las cuestiones sexuales un asunto de “salud”. La creciente normativización biopolítica a que esto conduce podría ser preocupante.

Ese resto que se produce en el momento de cocinar y comer, instituye la hipótesis de que el ser humano puede estar abierto al encuentro con el Otro sexo en el más trivial de los actos.