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Tribuna política

Mapuches: entre la mentira y la ambición

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El objetivo de la CAM y la RAM es la recuperación de los territorios que supuestamente ocupaban sus ancestros, para formar un estado nacional Mapuche independiente de Argentina y Chile.

Foto: elpatagonico.com

Por Néstor Vittori

La página 32 del “Kutralwe” -manual de luchas de los activistas mapuches-, contiene un párrafo que dice:“Otra táctica necesaria es la aprender el arte de golpear sin ser golpeados: hacer diversos tipos de acciones de sabotaje que hagan un daño irreparable a las máquinas del capitalismo, previamente planificadas, estudiadas meticulosamente, organizadas secretamente, capacitándose en los elementos que sean necesarios para la acción contra el sistema que nos tiene invadido, sean llevadas exitosamente, sin represalias ni investigaciones posibles, en completa invisibilidad e impunidad, ocupando la velocidad y la firmeza para aturdir al enemigo, tomarlo desprevenido, desconcertarlo, dejando pruebas falsas que confundan a los persecutores y lo hagan perder tiempo buscando un pseudo responsable que no existe o es imposible de perseguir bajo sus mismas leyes y normas impuestas.”

Esta es una de las tantas instrucciones que configuran el manual de operaciones (kutralwe) para el accionar del colectivo activista, denominado Coordinadora Arauco Malleco (CAM), que conduce la acción subversiva de los Mapuches chilenos y que se ha extendido a su homóloga RAM (Resistencia Ancestral Mapuche) en Argentina. Su objetivo es la recuperación de los territorios que supuestamente ocupaban sus ancestros, para formar un estado nacional Mapuche independiente en los espacios soberanos de Chile y Argentina como ya hemos comentado en notas anteriores.

El objetivo primario de su accionar es generar situaciones caóticas que produzcan temor en actuales y potenciales inversores en actividades económicas de uno y otro lado de la cordillera de los Andes, apuntando en el caso de Chile a la producción forestal, que en los últimos años ha crecido hasta el nivel de los 6.000 millones de dólares de exportaciones anuales, y los emprendimientos mineros. En el caso de Argentina a los pozos petroleros y a los corredores de viento donde se proyectan instalaciones de energía eólica, con el objetivo de chantajear a través de la violencia para obtener recursos, y luego apropiarse de las mismas para financiar sus proyectos. Todo esto bajo la invocación del daño ambiental que producen estas actividades a la “madre tierra” y al agua.

Quizá resulte un tanto inocente el enfoque sedicioso, porque los Estados soberanos de Argentina y Chile tienen suficientes elementos para cauterizar esta aventura de regresión indigenista en sus fundamentos, con creyentes honestos entre algunos de ellos, pero aprovechados por distintos sectores de la izquierda, que todavía no logran sacarse de sus espaldas los “cascotes del muro de Berlín”, buscando refugio en la ignorancia de la modernidad por parte de sectores indígenas, que no logran conciliar sus creencias ancestrales con los avances del mundo actual.

Hay que señalar que el proyecto Mapuche de reconstruir su universo ancestral, los aleja claramente del multiculturalismo, que ha acogido gran parte del mundo actual, muy particularmente el occidental, y del cual Argentina es un ejemplo viviente, a partir de la integración de numerosas inmigraciones ocurridas desde finales del siglo XIX y primera mitad del XX, donde se conjugaron, españoles, italianos, suizos, alemanes, ingleses, galeses, irlandeses, escoceses, franceses, judíos, árabes que se integraron con nuestra población criolla a través de denominadores comunes, que respetando sus culturas, sus idiomas, sus asociaciones, su libertad, han posibilitado la construcción de una nacionalidad: la Argentina.

El proyecto Mapuche es integrista, unicultural, anticapitalista y segregacionista, con un fuerte componente xenófobo y por supuesto antidemocrático y antirrepublicano.

Que los Mapuches y sus asociados marxistas invoquen el multiculturalismo, como un derecho a mantener sus culturas, es una mentira, y pruebas “al canto” lo constituyen todos sus reclamos y manifestaciones, que lo contradicen.

Pero lo más grave como retroceso cultural, es pretender desprenderse del mundo moderno, generando un universo conspirativo que en lugar de brindarles las oportunidades de la modernidad, sobre todo a sus hijos, aún con todas sus contradicciones y conflictos, los coloca en un especie de limbo donde el progreso significa retroceso, de la mano de un misticismo que radicaliza el antagonismo con todo lo nuevo y convoca un retorno circular a las creencias y costumbres ancestrales.

Pero los instrumentos, las estrategias y las tácticas propuestas en sus instrucciones, convergen en el objetivo de la lucha por la ancestralidad, recurriendo a elementos de la modernidad, como los medios y los instrumentos de comunicación, para lograr sus objetivos.

“Sabemos que la prensa burguesa, funciona con pautas preestablecidas desde arriba. Por ende, para romper el cerco hay que ser astuto e ingenioso (...) pero sí muy efectivo si se hace bien, es la de crear un llamativo y alarmante hecho noticioso, puede ser falso o verdadero”. (Ver caso Maldonado y acusaciones falsas al accionar de gendarmería. La desaparición forzosa de persona denunciada.) “Pero con eso sacar a periodistas y reporteros de sus oficinas para que salgan a cubrir esta gran noticia...” “Ser creativo y arriesgado, por ejemplo simular un suicidio, una violación, una muerte o una tortura...”, página 237 Kutralwe.

Mucho más penoso y perverso, es la utilización política de este proceso, por parte de sectores del ex gobierno kirchnerista y sus beneficiarios, que en el afán de debilitar la gestión de Cambiemos no trepidan en subirse a los reclamos mapuches, ayudando a construir o exaltando las mentiras, aún a nivel internacional, intentando así dañar su imagen.

Parece mentira que la propia Cristina, Verbisky, Larroque, Taiana y otros dirigentes kirchneristas, que han construido y sostenido el relato “nacional y popular”, hoy estén asociados a proyectos de desintegración territorial de la República Argentina, como el sostenido por el extremismo Mapuche.

El proyecto Mapuche es integrista, unicultural, anticapitalista y segregacionista, con un fuerte componente xenófobo y por supuesto antidemocrático y antirrepublicano.

 


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