Edición del Miércoles 11 de julio de 2018

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“Alan Ruiz es el Messi de Colón y si estaba bien, sacábamos 10 puntos más” - Edición Impresa - Deportes | Fixture | Resultados Deportes

CON QUIQUE ARIOTTI Y MIGUEL GARCÍA ADISE BAJO EL CIELO GRIS DE MOSCÚ...

“Alan Ruiz es el Messi de Colón y si estaba bien, sacábamos 10 puntos más”

Los ex vicepresidentes de Colón coincidieron en que “la selección no fue un equipo y así terminó” y hablaron mucho del club de sus amores, recordando aquellos tiempos difíciles en los que tuvieron que ponerle el pecho a la situación. “Para mí, Domínguez estaba ido. Espero que le salga bien la jugada a Vignatti y que el técnico entienda que no puede generarle inestabilidad y desconfianza a los jugadores”, dice Ariotti.

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Cuatro santafesinos y un amigo de Buenos Aires mezclados entre ellos. Manuel García Adise, Santiago y Quique Ariotti, Miguel García Adise y Marcelo Moroni, frente al ingreso a la imponente y siempre concurrida Plaza Roja de Moscú.

 

Enrique Cruz (h)

(Enviado Especial a Moscú, Rusia)

deportes@ellitoral.com

Tarde nublada y fresca en esta Moscú que parece haber dejado aquella calidez ambiental que nos acompañó durante tanto tiempo de esta larga estadía, para dar lugar a una que se parece más a una estación otoñal que de verano. Buena posibilidad para disfrutar de una buena mesa de café con santafesinos que se apasionan con el fútbol. Miguel García Adise y Enrique Ariotti no son nombres desconocidos en Santa Fe, mucho menos para la gente de Colón. Hoy afuera del club, desde lo dirigencial, tienen la experiencia de haber estado y por eso los recuerdos y las anécdotas de aquellos tiempos, surgen espontáneamente. En el caso de “Quique” Ariotti, habiendo tomado las riendas del club luego de la renuncia de Marcelo Ferraro y participando de aquella negociación por la que a Colón le quedó un buen dinero por la salida de Alan Ruiz al Sporting de Lisboa (5,5 millones de dólares brutos, de los cuales 2,5 millones fueron para adquirir la opción a San Lorenzo y casi un millón de dólares fue el neto que le quedó al club deducidos los impuestos y los dos porcentajes por las transferencias que cobró el jugador).

El que tira la “primera piedra” es Miguel García Adise y habla de lo que vino a ver a Rusia: “Estoy decepcionado con la selección, pensé que íbamos a ser un equipo y no lo fuimos, y este Mundial fue lo que nunca deseamos que fuera. Tuvimos optimismo al llegar, pero la realidad es otra. Sin equipo, no se funciona”.

Quique Ariotti va en el mismo sentido y se anima a proyectarse en el futuro. “El Mundial es difícil y un partido perdido te manda de vuelta. Lo bueno es que vinimos con nuestros hijos y eso es impagable. Pero volviendo al fútbol, ‘el que mal anda, mal acaba’ dice el dicho y es lo que nos ha pasado. Ojalá se pueda armar un buen equipo, con jóvenes y poniendo a Messi como la frutilla del postre. El fútbol es un juego colectivo y no de jugadores que ponen lo individual por encima, eso es egoísmo puro. Hay que imitar el ejemplo de Francia, que armó un equipo de jóvenes y ahí están los resultados”.

Naturalmente, en una charla con Ariotti y García Adise resulta inevitable hablar de Colón, no sólo de lo que pasó con ellos cuando eran dirigentes, sino lo que ocurre hoy y lo que hay que pensar para el futuro.

—¿Están conformes con el momento de Colón?, ¿con la gestión de Vignatti?, ¿con la campaña del equipo?

García Adise: —Todos los sabaleros estamos contentos. Yo, en forma particular, pienso que podríamos habernos encumbrado más alto en el torneo. Pero llegamos a la Sudamericana y estamos bien.

Ariotti: —Colón tenía un equipo caro y de figuras, con riesgo económico. El técnico no encontró el equipo, cambió mucho la formación y salvo el arquero, Conti, el “5” y Correa, hasta que se lesionó, el resto tuvo variantes. Algunos anduvieron regular y otros directamente mal.

—¿O sea, Quique, que vos pensás que estaba para más y que hubiese sido un fracaso si al menos no se metía otra vez en la Sudamericana?

—Mirá, Alan Ruiz es el Messi de Colón y jugando para 7 u 8 puntos, habríamos sacado 10 puntos más y estaríamos hablando de otra cosa. Colón no fue protagonista, perdió partidos por errores inadmisibles y espero que la jugada de Vignatti le salga.

—¿Cuál jugada?

—El técnico, para mí, estaba ido. Por eso me gustaría que ahora arme un buen equipo y le dé confianza a los jugadores. No puede ser que los jugadores no sepan si van a jugar o no, porque creo que esa incertidumbre los complica luego en la cancha, les hace perder la confianza.

—¿Te tocaron vivir tiempos bravos en el club?

—Con Miguel García Adise, que fue parte, y Marcelo Ferraro, estuvimos cuatro meses y pico y lo que pudimos hacer fue ordenar el club administrativamente, vender a Alan Ruiz y dejar las cuentas equilibradas. Vos tenés que recordar que la AFA estaba acéfala en ese momento y que Colón cobraba cinco o seis veces menos de lo que cobra hoy en la Superliga. Recuerdo también que hubo un mes que llovió casi todos los días y ni la cuota societaria podíamos cobrar, se fue Marcelo Ferraro y me tocó seguir a mí. Siempre dije que mi idea no era la de ser presidente sino la de acompañar, pero tuve que hacerme cargo.

—Con el paso del tiempo, ¿considerás que lo mejor en ese momento era dar el paso al costado?, ¿no te arrepentís de aquella decisión?

—Era lo mejor, no tengo dudas. Era dar un paso al costado y menos mal que estaba Vignatti para hacerse cargo. Más allá de algunas diferencias, que las tenemos, reconozco en él la trascendencia del manejo y su capacidad para conducir el club. Lo ha demostrado con creces y ojalá que siga por este camino de crecimiento, que nos va a ir muy bien.

—Miguel, ¿nunca más en Colón?

García Adise: —¡No tengo edad! (risas). Creo que ahora hay buenos dirigentes y hay que darle paso a los que vienen con empuje. Me parece que Quique Ariotti es un buen candidato para el futuro.

—¿Lo está candidateando?

—Lo estoy candidateando.

—¿Qué le respondés, Quique?

Ariotti: —Todavía hay heridas, por ahora no... Hay que armar un buen equipo de dirigentes y nosotros no lo tuvimos. Éramos muchos buenos colonistas y con buenas intenciones, pero sin experiencia. Esto tiene que ver con la política. Hay gente que nace para hacer política y otros, como yo, que no. Recuerdo que cuando iba a la facultad, a la primera discusión que se armaba me iba, porque no me gustaba. Esto no es fácil cuando uno tiene que ejecutar decisiones que toman otros y eso no es para mí. Cuando asumimos, la idea era sacarlo del salvataje y hacerlo crecer, que la gente pueda sacar su entrada por Internet y aprovechar que Colón está en el centro del país, para generar una cantera de chicos y buenas inferiores. En algún momento se hizo en el club, pero no es fácil porque no veo mucha gente preparada para eso. Colón es un club que tiene, a lo sumo, 25.000 socios y por eso hay que buscar alternativas de mejoría económica en otros rubros. Por ahí se consigue con jugadores que llegan, juegan bien y luego son vendidos muy bien. Pero hay otras cosas que se tienen que hacer y para eso se necesita tiempo y encontrar a la gente idónea.

“Muchachos, ¿qué hacemos con las entradas?”

Ellos, como tantos otros argentinos, programaron el viaje planificando algunas cuestiones: la primera, que Argentina iba a clasificar primera; la otra, que iba a llegar al menos hasta semifinales. Mezcla de probabilidad, optimismo y pasión de hincha, hicieron lo que la mayoría de los argentinos. Y se encontraron con dos realidades: que Argentina clasificó segunda y, por ende, se le cambiaron las sedes y los partidos para lo que seguía; y que quedó eliminada en forma temprana y hubo que rehacer el viaje y tratar de salvar el dinero.

Para tener una idea, el paquete de entradas para semifinales les costó 1.200 dólares, pero les están ofreciendo la mitad. Es el ejemplo elocuente de lo que está ocurriendo en el Mundial, con Argentina eliminada. Si hubiese sido al revés y Argentina jugaba este partido en un estadio gigante como el de Luzhniki, esas mismas entradas habrían cotizado el doble o triple de lo que realmente costaba. Como El Litoral pudo apreciar, sobre todo en Nizhny cuando enfrentamos a Croacia y en Kazán cuando jugamos contra Francia.

A propósito, el cambio de sede por el segundo puesto también generó otro problema: cómo llegar a Kazán. Los Ariotti, los García Adise y Moroni alquilaron un auto. “Le pusimos doce horas, viajamos toda la noche, el tráfico en la ruta era tremendo. Nos encontramos con que cada tanto había semáforos... Sí, ¡semáforos en la ruta!... Y hasta nos tuvimos que meter un trecho largo por la banquina para llegar”, cuentan, en una historia que seguramente formará parte del anecdotario de viaje.

“Cumplí mi sueño de ver a Messi y a la selección jugar tan lejos”, cuenta Santiago Ariotti, que viajó con su padre. Marcelo Moroni dice que “me encantó Rusia, su gente, su orden. Respecto del equipo, a mí no me gusta el entrenador y creo que fue un fracaso porque lo tenemos a Messi y no lo supimos aprovechar”. Y Manuel García Adise, hijo de Miguel, cree que “el equipo nunca estuvo consolidado pero yo me voy contento por haberlo visto jugar a Messi. De Santa Fe extraño los asados con los amigos... Creo que como casi todos los argentinos que vinimos acá”.

DIARIO DE VIAJE

Enrique Cruz (h)

“¿No fuiste a Izmaylovo?... No dejes de ir”, es la recomendación, casi dicha como orden y no como sugerencia por todos los que uno cruza a diario en este ajetreado derrotero mundialista. ¿Qué es Izmaylovo?, un mercado en el que se puede comprar absolutamente de todo y que tiene un Kremlin construido de madera que brinda, según los entendidos, una apariencia exacta a la Rusia de hace cuatro siglos atrás.

Es el típico mercado en el que uno se somete a la difícil, pero apasionante y muchas veces peligrosa y divertida a la vez, tarea de “regatear” el precio del producto que se quiere comprar.

Envidio a aquellos que tienen esa capacidad, que son muy rápidos con los cálculos y que, sobre todo, conocen si lo que se pide está o no ajustado a la realidad. Entonces, la única referencia que se tenía -al menos de mi parte- era que los típicos sombreros (ésos que son bajitos, tienen la estrella adelante o el símbolo de la ex Unión Soviética más las orejeras para taparlas del frío) se puede adquirir a 500 rublos (unos 250 pesos). Y está bien. Es el precio justo y barato en comparación con el mismo producto pero adquirido, por ejemplo, en plena Plaza Roja.

Hay de todo, están las mamushkas (el nombre verdadero es el de matrioshkas) que causan furor, obviamente. Son las muñecas de madera que se van desmontando y aparece la misma imagen pero más chica adentro de la más grande. Van desde 3 hasta 75, imaginándose en este último caso, cómo es la más grande y cómo la más chica para que haya tantas muñequitas que se van metiendo una adentro de la otra hasta llegar a esa cantidad.

La imagen de Putin, venerado hasta la idolatría por el pueblo ruso, es el que se puede encontrar en las remeras, las biromes, las tazas, como súper héroe, con el traje de James Bond, en los imanes para la heladera (por los que se termina pagando monedas si es que se compran en cantidad) y en todos los souvenirs que uno pueda imaginarse.

Caminando hacia ese mercado, por una vereda inmensa y, como ocurre con muchísimos espacios públicos -incluidas las adyacencias a los estadios-, cuidada de forma impecable, con césped, plantas y flores a los costados, ya los vendedores empiezan a ofrecer sus productos. Venden de todo, no sólo productos nuevos. Y también cosas que no son históricas, pero que reproducen con fidelidad aquellas vestimentas y elementos que se usaban en los tiempos de guerra en este país, como por ejemplo trajes, cascos y hasta máscaras anti-gas. Todo eso se vende. Es lo más costoso de adquirir, lo hacen valer, pero basta con tener una buena capacidad para entrar en el regateo y lograr el mejor precio. La cuestión, después, es discernir para qué quiere uno tener en su casa una máscara anti-gas de los rusos. Pero esa es otra historia.

Para variar, perdí a mis compañeros, “embobado” por esto y viendo cómo los argentinos que coparon el lugar -como lo hicieron en todos los estadios- se convertían en expertos del regateo. Hasta que llegó el llamado telefónico indicándome el lugar en el que estaban y me esperaban. “Venite, hasta donde está el primer puesto de los que tienen las cosas tiradas sobre una lona en la vereda de ingreso a Izmaylovo. Te vas a dar cuenta, porque hay una mujer que ofrece de todo y a los gritos. Creo que al paso que va, dentro de un rato nos vende hasta los hijos”, fue el mensaje, exagerado, del compañero.

 



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