Edición del Jueves 19 de setiembre de 2019

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Las caras de la desgracia: monseñor y el presidente - Edición Impresa - Opinión Opinión

Crónicas sueltas

Las caras de la desgracia: monseñor y el presidente

Rogelio Alaniz

I

Hubiera sido deseable que cuando el arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello, cometió la insolencia de dirigirse al presidente de la Nación con un tono ofensivo y violando -si se permite la palabra- las más elementales normas de hospitalidad, que Mauricio Macri hiciera algo parecido a lo que hiciera en su momento Raúl Alfonsín contra ese cura atrevido y reaccionario de la capilla Stella Maris (Miguel Medina, creo que se llamaba, pero el nombre no tiene mayor importancia porque el exclusivo episodio por el que este cura alcahuete de militares ingresa a la historia, es gracias a la lección que le dio Alfonsín en 1987) y pidiera la palabra y le respondiera desde su investidura de presidente de todos los argentinos, investidura ganada no por gracia de Dios, sino por el voto de los ciudadanos, y cuyo mandato concluye, le guste o no, el 10 de diciembre.

II

En tren de imaginar escenarios que no se dieron, podríamos tomarnos la licencia de pensar en un Macri sereno y cordial diciéndole a Cargnello que le agradecía mucho su recomendación, pero que en nombre de la reciprocidad le recomendaría que mantenga fresco en su imaginación el rostro de María Soledad Morales y la dignidad de sus padres y de los miles de manifestantes que a principios de los años noventa manifestaban por las calles de Catamarca reclamando justicia, mientras que él desde el diario de la curia, La Unión, recurría a todo su ingenio y saber para descalificar a los manifestantes, mientras que la única que vez que lo iluminó el Espíritu Santo para proponer algo diferente, fue cuando propuso convocar al comisario torturador Luis Patti para que se hiciera cargo de la investigación del crimen cometido por los entonces hijos del poder populista de Catamarca.

III

Siempre en el campo de lo imaginario, pensemos cómo hubiera impactado en la opinión pública que Macri le recordara a monseñor su generosa tolerancia con algún que otro sacerdote pedófilo de su diócesis, motivo por el cual estaría muy bien habilitado para llevar en su corazón el rostro de los menores abusados, recomendación que hubiera sido muy oportuna por parte de Macri, porque monseñor sobre estos temas parece haber optado por un elocuente silencio. Como al pasar, el presidente podría haberle preguntado, con todo respeto, qué es de la vida de los curas Agustín Rosa Torino o Emilio Raimundo Lamas, “muchachitos” a los que en su momento les fueron imputadas unas cuantas travesuras que, según se cuenta, no merecieron por parte del monseñor -tan severo para retar a un presidente de la Nación- ni el más suave tirón de orejas.

IV

En un plano más secular, Macri podría haberle sugerido a monseñor que en esa tarea de cargar con la imagen de los pobres, se sumara el señor Juan Manuel Urtubey (para un historiador, que es al mismo tiempo un salvaje unitario, el nombre de Juan Manuel en un dirigente peronista siempre le resulta sugestivo) que integra el linaje de un peronismo que desde hace largos años gobierna la provincia de Salta, por lo cual no sería del todo extravagante suponer que alguna responsabilidad, aunque sea mínima, debería tener respecto de la pobreza de una de las provincias con índices de pobres más elevados del país. Por su parte, y en voz baja y con elegante discreción, la señora Juliana Awada podría haberle preguntado a la señora del gobernador, Isabel Macedo, acerca de los pormenores de la fastuosa fiesta de casamiento que celebró con su marido y que fue las delicias de las revistas y programas televisivos de la farándula porteña. Y por qué no, indagar acerca del destino de la solicitud de su marido para ser admitido como socio del Jockey Club de Buenos Aires, el mismo que en su momento los compañeros lo transformaron en pasto de las llamas, junto con el Comité de la UCR y la Casa del Pueblo del Partido Socialista.

V

Nada de esto ocurrió en aquella jornada en la que se rindieron honores a la Virgen del Milagro. Lo real y efectivo es que el arzobispo se dio el gusto de maltratar al presidente de la Nación, maltrato que sea dicho de paso no suelen cometer sus hermanos en la fe contra los jeques feudales del peronismo en provincias como Formosa, Chaco, La Rioja, Santiago del Estero y Tucumán, justamente -esta última- la provincia en la que el peronismo, mientras reclama la emergencia alimentaria, celebra sus encuentros con “asados” populares destinados a sus exclusivos dirigentes, muchos de los cuales se trasladan en aviones privados o aviones pertenecientes al estado provincial de turno. Verónica Magario, sin ir más lejos, fue una de las favorecidas en esas acrobacias aéreas, dirigente que jamás fue molestada por algún sacerdote para que rindiera cuentas de la miseria, el hampa y la promiscuidad que reina en el distrito que el peronismo gobierna desde 1983.

VI

También la provincia de Chubut ganó el centro de la atención nacional en estos días. Su gobernador, Daniel Arcione, es un personaje digno de la épica populista. Este buen señor hizo su campaña electoral prometiendo aumentos de sueldo del cien por ciento o porcentajes parecidos, aunque a la vuelta del camino nos venimos a enterar que los únicos que se favorecerán con este generoso beneficio serán los funcionarios del Poder Ejecutivo provincial, con Arcioni a la cabeza. Populismo de alta escuela que le dicen.

VII

No está de más recordar que cuando Arcioni ganó la provincia de Chubut, el primero en hacerse presente en aquellas latitudes fue este campeón de la ética de las convicciones que se llama Sergio Massa, quien se fundió en un cálido y tierno abrazo con Arcioni, aunque hubiera pagado lo que no tengo para saber qué se decían en voz baja. También se hizo presente en la ocasión el compañero Alberto, y atendiendo la secuencia de los hechos podría decirse sin exageraciones que al calor de los festejos por el triunfo de Arcioni y en medio del estruendo de petardos, rompeportones, cuetes y cañitas voladoras, el Alberto invitó al Sergio a tomar el célebre café para sellar el acuerdo destinado, entre otras tantas cosas, a salvarle la ropa, y algo más que la ropa, a la mujer a la que apenas un año antes lo más liviano que le prometían era la cárcel a ella, a sus colaboradores y tal vez a sus hijos. Buenos muchachos.

VIII

Mientras tanto, los maestros de la provincia de Chubut, muchos de los cuales seguramente votaron a Arcioni confiados en su promesa de un aumento que duplicaría sus sueldos, ahora se movilizan indignados. Lo interesante de esta gimnasia agitativa, es que tuvieron que esperar que dos maestras mueran en un accidente de autos, para que se acuerden que alguna responsabilidad tienen los compañeros del gobierno de Chubut, porque hasta la fecha parecía que también Macri era el culpable de las mentiras del compañero Arcioni, sospecha no tan arbitraria si se tiene en cuenta que a las protestas en lugar de hacerlas en Rawson, las hacían en la ciudad de Buenos Aires, seguramente para ganar prensa y también para contribuir a crear la sensación de que también en este tema Macri es el malo de la película filmada en la lejana Patagonia. Como para que ninguna zamba o cueca esté ausente en el folclore populista, los aguerridos compañeros petroleros, haciendo honor a sus profundos sentimientos solidarios, la emprendieron a palos contra los maestros que no los dejaban circular, lujos represivos permitido en el cotidiano populista, por lo que se explica que nadie abra la boca cuando la señora Bonafini amenanza con meter en la cárcel a los camaradas troskistas o no vacila en tratar de “negros de mierda” a los bolivianos que alguna vez osaron contradecirla. Ese maltrato discriminador y racista suele ser una de las debilidades culturales de algunas vestales del populismo criollo. Y al respecto, no está de más recordar los términos empleados por la entonces primera dama de Tucumán, la compañera senadora y esposa del compañero José Alperovich, doña Beatriz Rojkés, contra los inundados de su provincia. .

En un plano más secular, Macri podría haberle sugerido a monseñor que en esa tarea de cargar con la imagen de los pobres, se sumara el señor Juan Manuel Urtubey, quien integra el linaje de un peronismo que desde hace largos años gobierna la provincia de Salta, una de las provincias con índices de pobres más elevados del país.



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