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Tras las dudas en la investigación

Bullrich dijo que el comisario Valdés “es un mentiroso”

La ministra dio por terminada la confusa historia en torno al supuesto ataque en la autopista. En la causa habían surgido dudas sobre el papel de las víctimas.

Germán de los Santos

sucesos@ellitoral.com

Corresponsalía Rosario

Cuando a las 21.27 del miércoles la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, escribió en la red social Twitter “la verdad no se tapa. Este mentiroso disfrazado de policía será removido inmediatamente de la institución”, se terminaba el misterio en torno al supuesto ataque que ocurrió el 9 de septiembre pasado en la autopista Buenos Aires-Rosario, donde el jefe de la Delegación Santa Fe de la Policía Federal Argentina (PFA) declaró que fue emboscado por una camioneta de donde bajaron tres hombres encapuchados y le dispararon.

Todo fue una farsa. El comisario no fue víctima de un atentado, sino de un problema con su supuesta amante, la suboficial Roxana González, de 27 años, quien también se desempeña desde mayo en la ciudad de Santa Fe.

Valdés y González serán “exonerados” de la fuerza, según adelantó Bullrich, después del papelón que le hicieron pasar a la ministra, que incurrió en un error similar al que protagonizó al inicio de su gestión, en enero de 2016, cuando dijo que en Cayastá estaban detenidos los tres prófugos Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillacci, pero en realidad en el calabozo de la comisaría 5º solo había un preso.

La ansiedad por dar a conocer hechos que aún no están comprobados la lleva a Bullrich a cometer errores graves. Esta escandalosa historia enloda además el final de la gestión de Néstor Roncaglia al mando de la PFA, quien eligió a Valdés para llevar adelante una especie de intervención en la Delegación de la capital provincial, donde seis oficiales terminaron procesados por comercialización de drogas.

De atentado a mentira

Al principio de esta saga, horas después de que Valdés resultara herido en la ingle y en el hombro derecho, la principal hipótesis apuntaba a que el “atentado” podría haber sido gestado por sectores internos de la PFA perjudicados por los cambios que había implementado el comisario. Todo era mentira.

Con el correr de los días, los investigadores del Ministerio Público de la Acusación empezaron a recargar sus sospechas de que no había elementos sólidos sobre el ataque externo a Valdés y empezó a perder fuerza la idea de que se había tratado de un atentado.

En los registros de las cámaras de los peajes y de las estaciones de servicio de la autopista no apareció la camioneta gris o negra. Valdés y González declararon que de ese vehículo bajaron tres encapuchados y comenzaron a dispararles.

Tampoco los efectivos de la PDI, que realizaron los rastrillajes, encontraron las vainas de las pistolas que habrían usado los atacantes. No se encontró la yerba, que Valdés dijo que la suboficial tiró en la banquina cuando pararon a arreglar el mate y fueron emboscados.

Más dudas

Los disparos del auto tampoco tenían explicación. Valdés no logró explicar los agujeros de bala que tenía la luneta del Ford Focus porque nunca mencionó que los hubieran perseguido detrás.

Otra duda persistía en los dos balazos que tenía el apoyacabezas del conductor del auto, que ocupaba el comisario, que dijo que en ningún momento bajó del vehículo. El comisario debía haber resultado herido en la cabeza, pero sus lesiones fueron en el hombro derecho y en la ingle, también del lado derecho, donde iba su acompañante, la suboficial que pasó a las filas de la Policía Federal tras dejar de ser promotora en eventos.

La herida de bala en la ingle dejó un rastro como un tatuaje, por lo que las pericias señalaron que quedó esa marca porque el disparo fue a menos de 30 centímetros. Las sospechas recaen en González como la autora de ese disparo.

En la propia Policía Federal el área de Asuntos Internos inició una investigación administrativa para “determinar circunstancias y encuadrar las lesiones”, según reveló a este diario el jefe de esa fuerza Néstor Roncaglia. La investigación de la propia Policía Federal está sujeta al devenir de la causa judicial.

Esperan una confesión

Con el resultado de pericias que aún faltan y declaraciones testimoniales, en el MPA de Rosario evaluaban cómo seguirá este caso. Aún no estaba definido cómo se encuadrará la investigación y si tras los dichos de Bullrich, Valdés, que aún es considerado como víctima en el proceso judicial, confiesa lo que verdaderamente ocurrió.

En una entrevista que dio al diario Uno de Santa Fe unas horas después del confuso episodio, el comisario describió lo que había declarado en el sanatorio Mapaci de Rosario a los fiscales: “Antes de las nueve de la noche, veníamos junto con la oficial ayudante Rosana González en el automóvil cuando ella me pidió detener la marcha con la finalidad de cambiar la yerba del mate. Repentinamente aparecieron en escena varios desconocidos que descendieron de una camioneta. Recuerdo el color gris del vehículo y que nos dispararon. Si bien es cierto que era de noche, la oficial y yo repelimos el ataque con nuestras armas reglamentarias. En lo personal creo haber disparado en al menos 10 oportunidades y la oficial igual‘.



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