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El desafío de llevar los tubos bajo el lecho del Paraná - Edición Impresa - Área Metropolitana Área Metropolitana

Testimonios de los trabajadores

El desafío de llevar los tubos bajo el lecho del Paraná

El Litoral dialogó con algunos de los trabajadores que fueron partícipes de la construcción hace más de 50 años. Juan Carlos Bozzetti hoy tiene 83 años y vive en la localidad entrerriana de Diamante. Durante la ejecución de la obra fue el jefe de Buzos. “Cuando me hice cargo del trabajo en el túnel tenía 32 años. Fue el desafío más importante de mi vida, conocía el río Paraná y sabía a dónde estábamos ‘jugando’. El que conoce el Paraná no puede entender cómo hacíamos para bucear al lado de tubos de 12 metros de diámetros por 65 metros de largo en plena correntada, éramos una mojarrita al lado de semejante estructura”, rememoró.

El condicionante de la obra era trabajar sumergidos en el majestuoso río que se caracteriza por ser de llanura, con poca visibilidad y uno de los más caudalosos del mundo. “Fue un trabajo que no se conocía hasta ese momento. Nos entregaban los tubos terminados y nosotros nos encargábamos de colocarlos debajo de la isla flotante y acompañábamos los tubos bajo el agua hasta su colocación, a unos 30 metros más o menos de profundidad”, detalló el buzo.

Acerca de las dificultades que se presentaron, Bozzetti comentó: “En una oportunidad se enganchó una embarcación con un cable que estaba siendo utilizado para la junta de la unión de los tubos nº 13 y 14 —ubicados a mitad del río, donde la correntada tiene mayor velocidad— y le sacó todo el aro de caucho que tenía en sus 12 metros de diámetros y que servía para que no pase el cemento de un tubo al otro. En plena correntada había que colocarla devuelta, eso costó muchísimo trabajo. Tuvimos que bajar varios buzos para acuñarla y que quede bien puesta”, detalló. “Fue un trabajo lindo, pero duro al mismo tiempo. El grupo que teníamos de buzos eran buenos profesionales, yo me encargaba de controlar el trabajo de cada uno de ellos y era el responsable de que cada tubo esté correctamente colocado. También tenía que velar por la seguridad de los buzos, que por suerte no tuvimos que lamentar ninguna pérdida humana”. Para la construcción del túnel se precisaron los servicios de un total de 25 buzos profesionales durante los siete años que demandó la obra.

“Fue mi primer trabajo”

Adolfo Brusaferri (75 años) fue jefe de Draga durante algunos años de la construcción. “Empecé en 1966 a trabajar en la draga, que la empresa Vianini había traído, relató Brusaferri, quien se graduó como técnico mecánico y su primer trabajo fue la obra del túnel, con sólo 22 años. “No tenía ninguna experiencia, fue mi primer trabajo”, dijo.

La draga, que se encargó del refulado de arena que era extraída de las profundidades del Paraná, cruzó el Atlántico desde Israel, empujada por tres remolcadores. “Era una draga de última generación para la época”, valoró y comentó que “no tuvimos mayores problemas para dragar porque esa draga tenía una capacidad extraordinaria. A fines del año 66 la llevaron a Buenos Aires para prolongar la profundidad del corte a más de 30 metros que es donde está el lecho de fundación del túnel”, recordó. Tras su experiencia en la sala de máquinas, Brusaferri fue destinado a un trabajo más administrativo e ingresó al departamento Técnico, donde controlaba y autorizaba los gastos del consorcio, conformado por las tres empresas alemana, italiana y la argentina.



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