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Sábado 20.06.2015 - Última actualización - 11:48
11:47

El llamado burn out, un síntoma de época

"Cerebros quemados": la amenaza silenciosa que acecha a los docentes

Es un estrés postraumático al que están expuestos principalmente los trabajadores de la educación y de la salud. Un proyecto busca generar prevención para saber detectar a tiempo la patología. Y generar conductas saludables.

 Crédito: Archivo El Litoral
Crédito: Archivo El Litoral

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El llamado burn out, un síntoma de época "Cerebros quemados": la amenaza silenciosa que acecha a los docentes Es un estrés postraumático al que están expuestos principalmente los trabajadores de la educación y de la salud.  Es un estrés postraumático al que están expuestos principalmente los trabajadores de la educación y de la salud. Un proyecto busca generar prevención para saber detectar a tiempo la patología. Y generar conductas saludables.

Luciano Andreychuk

andreychuk@ellitoral.com

Twitter: @landreychuk

 

El trabajo es salud, dicen algunos. El trabajo enferma, dicen otros. Ni lo uno ni lo otro: lo que determina un bienestar o una enfermedad laboral no es el trabajo en sí mismo, si no las condiciones y los medios en que se desarrolla el trabajo. Si las condiciones laborales son desfavorables, desgastantes y traumáticas, puede aparecer una patología que es silenciosa, no avisa: un tipo de estrés conocido como burn out, o “mentes quemadas”.

 

Según las estadísticas de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay dos poblaciones laborales en el mundo que están más expuestas que el resto a trastornos de este tipo, y cuyos síntomas son la fatiga intelectual crónica y la negación: una, los trabajadores de la educación (desde docentes hasta supervisores); la otra, los trabajadores de la salud (médicos, enfermeros, anestesistas, etc.).

 

Un proyecto de extensión de interés social (Peis) nacido desde la Facultad de Ciencias Médicas (FCM) de la UNL se propone una misión que es todo un desafío: prevenir en los docentes de todos los niveles (desde el inicial hasta el universitario) estos trastornos de estrés (así se clasifica científicamente el burn out). Y medirlos cuantitativamente, para evaluar las políticas públicas en salud.

 

El novedoso proyecto se llama “Prevención del riesgo psicosocial y promoción de la salud ocupacional en trabajadores docentes”. Está dirigido por el Dr. Pascual Pimpinella, profesor titular de la cátedra de Medicina Legal, Social y Laboral y coordinador de posgrado de la FCM.

El trabajo se realiza junto con el gremio Amsafe (que integra el comité mixto en salud laboral) y comenzará a implementarse a partir del segundo semestre, con charlas de capacitación y prevención con supervisores, que serán el primer grupo de trabajadores a abordar. También se hará una encuesta para medir la salud de los docentes.

 

La teoría

 

“Hoy la teoría dominante es que el mundo del trabajo está rodeado de riesgos. Y en ese mundo de riesgos, éste debe ser medido. Se cree que el trabajo por sí daña. Eso hay que desmitificarlo. El trabajo per se no genera daño. Lo que sí puede dañar son las condiciones y los medios de trabajo”, explicó Pimpinella en diálogo con El Litoral.

 

¿Por qué los trabajadores de la educación y los de la salud son los más vulnerables? “Es simple: Porque el medio de trabajo en estas dos poblaciones es otro ser humano. Entonces, esa interacción permanente con otras personas es lo que puede generar una alteración del orden psíquico”, explicó el especialista.

 

El hecho de trabajar todo el tiempo con otros seres humanos “genera una situación psíquica especial. Y es lo que se denomina riesgo psicosocial. En este riesgo aparece el burn out, que en realidad es un nombre de fantasía, pero epidemiológicamente existe. Está clasificado dentro de las enfermedades crónicas no transmisibles como estrés postraumático, y se propaga cada vez más”, advirtió Pimpinella.

 

El problema es que la enfermedad no avisa, y quien puede estar padeciéndola no se da cuenta de su presencia. Éste es el gran problema, porque aquí empieza el daño psíquico sin que trabajador lo sepa ni note síntomas. Por eso es un daño silencioso.

 

Qué hacer

 

“Primero, el Peis apunta a que los trabajadores de la educación conozcan el problema. Y segundo, que con ese conocimiento puedan tomar decisiones saludables sobre su salud. Hay que informar a los docentes de esta cuestión, es decir, decirles que les podría estar pasando esto. Darles un llamado de alerta. Eso da lugar a una posterior consulta médica, y a conductas saludables”, resaltó el doctor.

 

El objetivo prioritario del proyecto, entonces, es “dar herramientas a los docentes para que potencien las conductas saludables, es decir, la prevención. Sólo se puede prevenir algo si se lo conoce. Si un docente no sabe que podría estar expuesto al burn out, no hay forma de hacer prevención”.

 

Intervención

 

El equipo de trabajo está integrado por unas quince personas, alumnos de FCM voluntarios que harán una práctica. Y el proyecto se va a implementar en la práctica con capacitaciones a grupos de 10 a 12 personas. Se trabajará conjuntamente con el gremio Amsafe, pero con la pretensión de extenderlo hacia todos los gremios docentes, hasta el universitario. También se harán folletos de difusión.

El Peis comenzará a implementarse desde el segundo semestre, después del receso escolar de julio. Se arrancará con un grupo de supervisores: ése será el primer estrato laboral a abordar. “Nosotros queremos que participe activamente cada trabajador docente”, insistió Pimpinella.

 

Además, se va a realizar una esquema de encuesta dirigida que permitirá medir el estado de salud psíquica de los docentes, e indirectamente las políticas públicas en salud vigentes.


 

Estadísticas que alarman

 

Desde 1996 está vigente la Ley Nacional de Riesgo de Trabajo, tomada del modelo español. “Es una norma excelente, pero lamentablemente, nosotros la hemos ‘argentinizado’. Esto quiere decir que no siempre se cumple”, consideró Pimpinella.

 

En las estadísticas de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo de la Nación (www.srt.gob.ar), aparece un dato preocupante: en promedio mueren en la Argentina mil trabajadores registrados (de la actividad privada) por condiciones desfavorables en el trabajo. En 2013, fallecieron 838 trabajadores, y en 2012, 976. Hay unos 10 millones de trabajadores registrados.

 

Pero lo realmente alarmante es la proyección: “Fuera de los trabajadores registrados quedan los estatales, los autónomos, los independientes y los trabajadores informales o en negro. Si se hace una proyección teórico-metodológica, en realidad por año mueren unos 5.000 trabajadores por año, que no están dentro de los parámetros medidos”, advirtió Pimpinella.


“Dentro de la población no medible, hablamos de otros 10 millones de trabajadores. Es decir, el 50 % de la población laboral (no registrada) en el país está expuesta, en riesgo. Hay que atender urgente este problema”, cerró el especialista.


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