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El Litoral
Domingo 22.04.2018 - Última actualización - 18:13
18:07

El orgullo santafesino está en casa

Rézola mete "palo" en el lago del gran Pedro

Entrena todos los días y muchas veces se exige con jornadas de triple turno: agua, tierra, gimnasio. Como si fuera poco, estudia para tener un título: quiere ser kinesiólogo.

El palista de El Quillá. La historia deportiva de Santa Fe tiene uno de sus mojones principales ese 16 de marzo de 1946, cuando don Pedro Candioti llegó hasta la altura de la cancha de River, en Núñez, después de recorrer 318 kilómetros en 75 horas 18 minutos para unir las dos ciudades. El conocido “Tiburón de El Quillá” había sido socio fundador del club y hoy es leyenda. En ese mismo lago, a puro palo, Rubén Rézola acepta el desafío de una vara que quedó muy alta. Crédito: Pablo AguirreEl palista de El Quillá. La historia deportiva de Santa Fe tiene uno de sus mojones principales ese 16 de marzo de 1946, cuando don Pedro Candioti llegó hasta la altura de la cancha de River, en Núñez, después de recorrer 318 kilómetros en 75 horas 18 minutos para unir las dos ciudades. El conocido “Tiburón de El Quillá” había sido socio fundador del club y hoy es leyenda. En ese mismo lago, a puro palo, Rubén Rézola acepta el desafío de una vara que quedó muy alta.
Crédito: Pablo Aguirre

El palista de El Quillá. La historia deportiva de Santa Fe tiene uno de sus mojones principales ese 16 de marzo de 1946, cuando don Pedro Candioti llegó hasta la altura de la cancha de River, en Núñez, después de recorrer 318 kilómetros en 75 horas 18 minutos para unir las dos ciudades. El conocido “Tiburón de El Quillá” había sido socio fundador del club y hoy es leyenda. En ese mismo lago, a puro palo, Rubén Rézola acepta el desafío de una vara que quedó muy alta. Crédito: Pablo Aguirre



El orgullo santafesino está en casa Rézola mete "palo" en el lago del gran Pedro Entrena todos los días y muchas veces se exige con jornadas de triple turno: agua, tierra, gimnasio. Como si fuera poco, estudia para tener un título: quiere ser kinesiólogo. Entrena todos los días y muchas veces se exige con jornadas de triple turno: agua, tierra, gimnasio. Como si fuera poco, estudia para tener un título: quiere ser kinesiólogo.

Darío Pignata

dpignata@ellitoral.com

 

“Poné el cuerpo así”...“Nene, agarrá el palo del otro lado, al revés...” son frases que se escuchan todos los días en el lago del club El Quillá, único espejo de agua en el medio del cemento en la ciudad de Garay. Desde el 2000 que comenzó la actividad —aproximadamente— cuando estaba Jorge Torres en sus inicios o ahora que el profe Gaby Cipollatti, es impresionante el desarrollo de una actividad que crece a puro palo.

 

No sorprende escuchar esas indicaciones a cualquiera de los casi 40 chicos y grandes que le ponen el cuerpo al canotaje. Lo que no es habitual es que quien le de consejos o recomendaciones a los “alumnos” sea un pibe de acá que ya tiene diploma histórico en los Juegos Olímpicos de Londres, medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Toronto (Canadá), medalla de plata en los Juegos Deportivos de Guadalajara (México) y tantas otras cientos de batallas en las aguas.

 

Rubén Rézola está de vuelta en casa...en su casa...en su club...en su lago...en su ciudad. “Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio. ¿Cuándo?... ¿Cuándo?... si siempre estoy llegando”, escribió alguna vez Aníbal “Pichuco” Troilo mientras estaba internado. Con Rézola en El Quillá pasa lo mismo: nunca se fue, siempre está llegando.

 

Con los sueños intactos y la esperanza renovada, le mete triple turno varios días, sabiendo el calendario que se le viene encima en la segunda mitad del 2018.

 

“Ahora tenemos en el club un gimnasio que está muy bueno”, cuentan con orgullo, inflando el pecho. La verdad que la postal de El Quillá, cuando cae el sol, es envidiable: las chicas del hockey en ese “chiche” que es un sueño convertido realidad, los locos bajitos corriendo por una pelota en la cancha de fútbol y Rubén Rézola metiéndole palo —junto a otros 35 chicos y grandes que hacen canotaje— en el lago. ¿La verdad?: todos los condimentos dados para alquilar un drone y mirar todo desde el aire. Pero con los pies sobre la tierra.

 

Se pone como “loco” Rézola, en el mano a mano con El Litoral al lado del agua, cuando tiran basura al lago. “El otro día me agarré una bronca de aquéllas, pero la culpa no la tienen los chicos que pasan del otro lado. Es cuestión de educación, es cosa de grandes”, dice.

 

Está más que claro que si apareciera la lámpara de Aladino, el mismo Rézola, el profe Cipollatti y los palistas pedirían un solo deseo: “renovar un poco las aguas del lago, darle calidad”. Al toque, un memorioso recuerda que hace algunos años hubo un proyecto, pero se quedó sólo en éso: “Están los caños, estaban las bombas, pero...”.

 

La disciplina del Canotaje se desarrolla en tres especialidades definidas: K1, K2 y K4. “No hacemos remo, hacemos kayak”, grita uno al pasar y se acepta el asterisco al momento de comenzar la charla.

 

— ¿De vuelta en casa?

 

—Sí, feliz siempre. Acá, el esfuerzo es doble porque no tengo el rol de un entrenador que me acompañe, por eso la semana de máxima carga me voy a Buenos Aires. Estoy preparando la máquina para la segunda fecha de las copas del mundo de este año. De todos modos hay algo claro...yo quería estar acá.

 

—¿Te manejan a control remoto...entonces?

 

—Algo sí...(se ríe). El entrenador del equipo nacional es Diego Cánepa y ahora se sumó desde el año pasado Miguel García como asesor técnico: es un español que ganó cuatro medallas olímpicas. Y acá, siempre Gaby me da una mano.

 

—Hay días, los de triple turno, que deben ser interminables

 

—Menos mal que acá tengo mi casa, los afectos, la comodidad y hasta mirá lo que te digo: es mejor acá que allá cuando hay lesiones. Eso sí, cuando llega la etapa específica de la preparación, debo viajar.

 

—¿Cómo sería un “Día Rézola” en Santa Fe?

 

—Me levanto a las 6 para cocinarme, me lleva media hora preparar el desayuno y dejarme listo el almuerzo. A las 7.45 hago la entrada en calor y a las 8 estoy en el agua: es una hora y media en total con 20 minutos de descanso. Hago un alto para comer. Después son 30 minutos de trote para aflojar y otra media hora en bicicleta fija. Saco a mi perro “Domby” y me voy a estudiar a la Facultad. Y ahora, termino de completar la tercera sesión en lago: trabajo de 150 metros con frenos, acelerando con todo al final de cada bloque o pasada.

 

—¡Y además de todo éso te quedan ganas de cursar y estudiar!

 

—Desde antes de remar me gustaba la medicina. Opté por kinesiología, porque siempre preguntaba cada vez que me trataban. Voy por el lado de la mecánica corporal.

 

—Volvamos al agua: ¿cuál es el objetivo para lo que viene?

 

—No me quiero apresurar, quiero estar lo mejor posible. Lo básico: tres tiradas, eliminatorias, semifinal y final. Busco medallas en copa del mundo y campeonato del mundo. Lo de Río fue muy duro para mí. Necesito llegar bien a Tokio...falta poco pero en lo sicológico es mucho tiempo.

 

—Hablamos del cuerpo (entrenamiento), del corazón (nombra a su novia María José como fiel compañera), de la cabeza (tiene su coaching)...¿Cómo andamos de plata en el bolsillo?

 

—¡Qué pregunta! El plan Objetivo Tokio, que es la continuidad de esa idea de Diego Degano, nos dio un aporte de empresas de Santa Fe muy importante: hizo visualizar este deporte y un ingreso económico. Para que tengas una idea, es casi igual a una beca del Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). En cuanto al aporte provincial, en Santa Fe es anual; en otras provincias lo hacen mes a mes: de todos modos, no es un mal apoyo.

 

—¿Sería más “conveniente” desde el bolsillo quedarte en Buenos Aires?

 

—Mirá, a nivel país va muy bien el apoyo al equipo nacional de Kayak, te dan la casa, los viáticos y todas esas cosas. Ya está, yo decidí quedarme en Santa Fe, mi ciudad. Me pago la alimentación y la suplementación para estar en un máximo nivel.

 

—¿Estás dejando un mensaje para los chicos al entrenar, cursar y estudiar para recibirte?

 

—En realidad, estoy pagando una deuda interna, como arreglando una macana. No tendría que haber dejado nunca los estudios. Y en cuanto a hacer las dos cosas, entrenar y estudiar, está claro que se puede.

 

35 Palistas

 

Son los que hoy desarrollan la actividad en el Club Náutico El Quilla, de la mano de Gabriel Cipollatti. Su hijo, Pablo, es quien está encargado de la iniciación a la disciplina. Hay unas 45 embarcaciones, entre las propias del club y las de los particulares.

 

En crecimiento

 

El lago y canotaje suponen actividad de verano. Antes, muchos palistas “se borraban” en el invierno, pero ahora el plantel no se mueve de 35 deportistas fijos. “Acá hay chicos con muy nivel: en estos años salieron de acá 15 campeones sudamericanos”, dice el entrenador Gaby Cipollatti. Y destaca, varias veces, una frase: “El apoyo de los padres es el combustible”.

 

“Que vuelva Rubén es un gran aporte a los chicos, es que el apellido Rézola es referente. Es muy importante para la institución, porque se involucra, más allá de entrenar. Les explica la posición del cuerpo cuándo reman y muchas veces los acompaña en el recorrido”.

 

Gabriel Cipollatti

Coordinador del Canotaje en El Quillá

 

Sus agradecimientos

 

“Tengo que arrancar por el club, por mi club: El Quillá me pone todo a disposición, el gimnasio, el lago, lo que quiera”, arranca Rubén Rézola a la hora de agradecer.

 

Gran parte de su rutina se desarrolla en el “Gimnasio Masai” y ahora es la cara institucional de “Arriba Indumentaria”, empresa que lo viste y que acaba de lanzar la llamada “Línea Rubén Rézola”.

 

En el final agradece al ENARD, al Objetivo Tokio 2020 y al Instituto Universitario Gran Rosario (IUGR) donde está cursando la carrera de kinesiología.

 

Primero Alemania, después Portugal

 

¿Qué marca la agenda de Rubén Rézola para este 2018?: la verdad, de todo. En los próximos días se irá a las concentraciones del equipo nacional en Buenos Aires. Antes de las competencias mundiales, estará de pretemporada en Diusburgo, Alemania, desde el 13 de mayo.

 

Esa primera Copa del Mundo se realizará los días 24, 25, 26 y 27 de mayo en Alemania. Luego, en agosto, llegará el Mundial de Portugal, los días 23, 24, 25 y 26 de ese mes.

 

Finalmente, después del campeonato del mundo en Portugal, está el Panamericano de Canadá, clasificatorio para el 2019: sería a mediados del mes de septiembre.





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