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El Litoral
Lunes 14.05.2018
8:42

Pedro Saborido

Un universo personal

El ex guionista de Tato Bores y colaborador de Diego Capusotto en sus aventuras televisivas pasó por Santa Fe para presentar “Una historia de fútbol”, su último libro de cuentos. De paso, charló con El Litoral sobre las bases de su humor.

“Es más probable que lo que se cuenta del Conurbano tenga un aire a interior del país. Siento con el centro lo mismo que con River o Boca, o el Barcelona: es algo ajeno, es Bruce Willis. El Porvenir es donde transitás”. Foto: Luis Cetraro




Pedro Saborido Un universo personal El ex guionista de Tato Bores y colaborador de Diego Capusotto en sus aventuras televisivas pasó por Santa Fe para presentar “Una historia de fútbol”, su último libro de cuentos. De paso, charló con El Litoral sobre las bases de su humor. El ex guionista de Tato Bores y colaborador de Diego Capusotto en sus aventuras televisivas pasó por Santa Fe para presentar “Una historia de fútbol”, su último libro de cuentos. De paso, charló con El Litoral sobre las bases de su humor.

 

Ignacio Andrés Amarillo

iamarillo@ellitoral.com

 

Días atrás pasó por Santa Fe Pedro Saborido, escritor y guionista reconocido por su trabajo con Diego Capusotto en “Peter Capusotto y sus videos”, continuación de un trabajo compartido en “Delicatessen” y “Todo x 2 pesos” (aunque sus primeros programas de éxitos fueron los últimos ciclos de Tato Bores). La excusa que lo trajo fue presentar el libro “Una historia del fútbol en 43 cuentos, 18 testimonios, 99 personajes inciertos, 12 circunstancias discutibles, 5 episodios inverosímiles jamás contados, 4 heridos, 2 de muzzarella, 3 de fainá, 6 cortados mitad y mitad, 1 almendrado” (“Una historia de fútbol”, para todo el mundo).

 

Con ese punto de partida, El Litoral dialogó con él sobre fútbol, conurbano, humor, peronismo, y todo su peculiar universo.

 

Fútbol territorial

 

—¿Por qué el fútbol como disparador para la escritura?

 

—Fue una casualidad, los cuentos fueron escritos para una revista llamada Un Caño, dirigida por Mariano Hamilton. Él armó una colección de libros para Planeta y ofreció la idea de que yo haga uno. Se recopilaron cuentos de ahí y se escribieron más para llenar (risas). No había una intención de escribir sobre fútbol: la revista era de deportes y quería colaborar; si hubiera sido de agricultura hubiese escrito de eso.

 

—Tenés más vínculos con el fútbol, por ese universo del conurbano...

 

—En realidad, es todo una relación más territorial. Es como venir a Santa Fe y están Colón y Unión, más allá de cuánto te guste el fútbol. Soy un consumidor pasivo de fútbol; soy hincha de Racing y me interesa cómo esté en la tabla, pero no soy un tipo que sepa mucho. Sé más de estadísticas que del juego.

 

—El equipo de Gerli era El Porvenir.

 

—Sí. Esa parte del Conurbano está muy cargada de clubes: está la de Independiente al lado de la de Racing; a 15 cuadras la de Arsenal; a 15 para el otro lado la de El Porvenir; diez más y está la de Lanús. Están la de Banfield, Temperley, Los Andes, Talleres de Remedios de Escalada, Victoriano Arenas. Es una zona de mucha densidad futbolística.

 

—Gerli para nosotros es la pizzería Los Hijos de Puta, la esquina existe.

 

—Con un nombre parecido: camino General Belgrano y Donovan. Chamizzo era un candidato de la Nueva Fuerza, una Ucede del ’73.

 

Conurbano

 

—Siempre hay una apelación a la conurbanidad.

 

—Primero que lo conozco, es un territorio propio. Tiene la gracia de comparar lo más sublime con el lugar donde vivís: ahí aparece algo de humor siempre. Una cosa es Bruce Willis tomándose un café en Londres o en Hollywood, y otra cosa es tomándoselo en el Costa Litoral, en Burzaco o en Coronda. Las aventuras de Bruce Willis en Hollywood son de una manera, en Sauce Viejo suena de otra. Es la gracia de mezclar aquello aspiracional, prestigioso, con lo que hacemos todos los días.

 

—Esas apelaciones funcionan para nosotros en el interior: así como el porteño llega hasta Burzaco, para nosotros Burzaco es algo indefinido.

 

—Es más probable que lo que se cuenta del conurbano tenga un aire a interior del país, más pueblerino, que una cuestión tan metropolitana y lejana como Buenos Aires con su impersonalidad, su no-territorio. Siento con el centro lo mismo que con River o Boca, o el Barcelona: es algo ajeno, es Bruce Willis. El Porvenir es donde transitás.

 

Ahí me hace acordar a cierta cuestión adolescente. La adolescencia (y este libro tiene mucho de eso, de la calle donde viví, de los clubes, de la forma de humor que hago) es ese momento de la vida donde uno es una especie de protagonista de su vida. Todo lo que ocurre es tan nuevo y tan fuerte que sentís que estás viviendo la película más importante del universo. El día en que a los 16 se fueron de ese asado caminando hasta el río, y amanecieron, sentiste que estabas en el centro del universo: y era cierto. Uno está haciendo su poética, su épica y su política. No está puesta en otro continente.

 

Intuición

 

—Una clave de tu humor sería el desfasaje, poner un elemento en otro contexto. ¿Cuáles serían otras?

 

—Hay cosas que tienen que ver con cierto costumbrismo que es lo más sencillo y lo más inexplicable: ¿por qué es graciosa una forma de hablar, o por qué tal tipo o mina pueden ser graciosos, y emularlos en la escritura? No sé por qué Violencia Rivas es graciosa (en las partes que lo son). Sé que Pomelo es gracioso porque es un estúpido que se cree más de lo que es, viviendo en un contexto que es menor a lo que cree él.

 

Lo más explicable es lo del desfasaje, de lo ridículo. Lo que se sale de la lógica puede ser gracioso, no siempre. Una caída, que alguien se lleve puesto un vidrio o se le caiga un gato en la cabeza es gracioso por insólito. Pero puede pasar que no sea gracioso por las consecuencias: si te mató no es gracioso. Y si te reís con alguien que se murió entramos en territorio de la imbecilidad.

 

—¿Cómo es la dinámica de trabajo con Diego?

 

—Los que escribimos tratamos de pensar primero y escribir como la ejecución de la idea; y muchas veces siento que necesito ponerme a escribir para que la idea me aparezca. Sentarse con Diego es ver qué aparece. Es divino cuando uno viene y le cuenta al otro una idea que está redonda y listo, el otro la mejora o la retoca. Lo lindo es también cuando el otro trae una idea y no la tiene clara. Y cuando vos la empezás a desarrollar te sentís no que sos el salvador, sino el continuador.

 

Ahí empieza un motor que avanza, una pedaleada cada uno. A veces, llega a buen puerto y a veces no.

 

Gestación

 

—¿Cuánto feedback tenés cuando se presentan los personajes?

 

—Hay dos jurados: uno es el público y otro somos nosotros prolongados en el equipo. Podemos hacer cosas que nos gusten y a la gente no; si Diego y yo estamos seguro lo hacemos. Y puede pasar que a la gente le guste y a nosotros no se nos ocurra cómo seguirlo. Por ahí, se te agotó en una vez o dos, era eso. Lo hacemos sin especular, y después vemos, no hay fórmula.

 

—Kosher Waters quizás salió del nombre, después hay que hacer los temas.

 

—Y un día te aburrís, y un día puede volver. La creatividad tiene mucho que ver con el tiempo, porque necesitás tiempo para que se te ocurran las cosas. Te da la cantidad donde hallás la calidad: el otro día uno decía que si Yugoslavia existiera, con estos jugadores de Serbia, con estos de Croacia, más estos de Montenegro sería un equipazo.

 

De Kosher Waters me salen un montón de ideas, pero no me acuerdo si primero salieron las canciones y después el nombre. Violencia Rivas terminó de adquirir coherencia cuando apareció el nombre: era un juego de palabras sobre Violeta Rivas. Pero Micky Vainilla no está definido por su nombre, igual que Pomelo.

 

Bombita Rodríguez es un nombre que sale después que el personaje. Salió en cuatro minutos: estábamos en la casa de Diego tomando mate, y de pronto dice: “¿Qué pasa si un tipo canta ‘armas para el pueblo’ con música tonta?”. Es la interpolación de la que hablábamos recién. De Palito Ortega sale Bombita Rodríguez. Después salió la idea de que sea montonero, lo que abrió un espectro con toda la saga del peronismo: si hubiera sido del ERP, era más chiquito.

 

Nacional y popular

 

—Ahí entran las contradicciones del peronismo, sumadas a la contemporaneidad del Club del Clan.

 

—Es como mezclar lo que mirábamos cuando éramos chicos.

 

—Era comprensible que buena parte del público de ustedes entrara en los chistes sobre rock. Pero cuando se metieron con el peronismo, las actualizaciones doctrinarias, la forma de escribir los comunicados de Montoneros, por ahí no sabían si se iba a entender.

 

—Eso tiene que ver con el humor adolescente, con códigos cerrados. Prevaleció la idea de no especular: “Hagámoslo, a nosotros nos divierte”. Tampoco a un chiste con John William Cooke no lo entenderá todo el mundo. Uno se entera de cosas a través del humor, el chiste llega antes que la noticia; hay gente que conoció a Borges porque lo imitaba Mario Sapag. “Papá, cómo era esto de los Montoneros?”. “Preguntale a tu tío que sabe más”. Y otro no lo entiende y sigue de largo, y está bien también. Ahora estoy escribiendo un libro sobre el peronismo.

 

—Es una fuente inagotable el peronismo.

 

—Es agotable pero muy grande. Y es un quilombo a cielo abierto.

 

—¿Cuándo sale el libro?

 

—En octubre. Por nada en especial.

 

En el medio

 

—Antes de “Todo x 2 pesos” hiciste “Delicatessen”. Para algunos era demasiado serio, menos zarpado (Diego venía haciendo cosas border con Alfredo Casero). O era un humor que en ese momento no se entendía.

 

—Demasiado bien hecho me dijeron. Hay programas, canciones, grupos de rock, libros, comidas y hasta personas, que les falta algo para que terminen de cuadrar. Entonces no sabés si era el momento o algo de más o de menos. Un penal es una diferencia de 20 centímetros.

 

Te deja en un lugar donde no termina de ser un fracaso y no termina de ser un éxito, es lo más difícil de definir. No sabés qué pasó. Me dijeron muchas veces que era demasiado frío, lo cual para el humor y la comicidad le va en contra. Hay que saber hacer algo bien calculado, como Les Luthiers, que es una maquinaria, e igual necesita que respire espontaneidad. Si Olmedo hacía lo de Les Luthiers por ahí funcionaba y por ahí no.

 

Voz propia

 

—Escuchando tu voz en la radio BitBox, parece que te convertiste en el Alejandro Nagy de esa radio...

 

—Porque estoy con “Raviolandia”, y escribo cortes. Daniel Morano (que produce “Peter Capussotto y sus videos” y armó esta radio) tomó un desafío: cómo hacer una radio donde la palabra y la música se entiendan de otra manera distinta a lo habitual. ¿Cómo hacer un equilibrio donde la palabra y la música se complementen, no sea una cosa y la otra; y que no implique que sea dar información sobre la canción. Entonces salió algo que también ocurre con la música, que por momentos te pueda llevar a otro lugar estando acá.

 

—¿No tuviste propuestas publicitarias con tu voz? Acá Cervecería Santa Fe hizo su campaña con Pedemonti.

 

—Muy de vez en cuando, no me han llamado tanto. También hago muchas cosas gratis, para radios: tenés un programa y me pedís unos separadores y los hago: nos divertimos todo un rato.

 

Lo que sí me pasa es que me reconocen cuando hablo en un lugar. La gente que conoce el programa, que no es todo el mundo, pero es intensa. Es como traer a Keith Jarrett a la peatonal de Santa Fe: no lo van a parar, pero tres jazzeros van a ir corriendo.


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